<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313</id><updated>2011-11-23T04:04:17.698-08:00</updated><category term='Relatos'/><category term='Varios'/><category term='(Proyectos) Aderth'/><category term='Últimas Compras'/><category term='Lecturas'/><category term='(Proyectos) El Dolor de la Tierra'/><title type='text'>El Dolor de la Tierra</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>16</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-4683443153051657838</id><published>2010-04-10T07:37:00.000-07:00</published><updated>2010-04-14T11:45:56.195-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Varios'/><title type='text'>El Ladrón de las Sombras</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S8YNMERHR7I/AAAAAAAAAN4/EwMrvOUK3Ig/s1600/ladronsombras.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 202px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S8YNMERHR7I/AAAAAAAAAN4/EwMrvOUK3Ig/s320/ladronsombras.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460066099188418482" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hace un par de días acabé la lectura de este libro, el Ladrón de las Sombras del escritor Alexey Pehov, primer volumen de sus Crónicas de Siala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia comienza con Harold, uno de los ladrones de Avendoom mas famosos -aunque para muchos el mejor sin duda- y cuyas habilidades pronto se ven requeridas por personajes que el propio Harold jamás se habría imaginado encontrarse en su vida... por que a nuestro querido ladrón lo recluta ni mas ni menos el propio rey de Valiostr.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero para que tipo de trabajo puede quererlo alguien como el rey? Pues, está claro, para robar pero no robar un objeto cualquiera, sino una antigua reliquia del reino que ha contenido las fuerzas oscuras del Sin Nombre y evitado la invasión y destrucción del reino. Por supuesto, la cosa se complica mas ya que a mencionada reliquia se encuentra ni mas ni menos que en Hrad Spein, El Palacio de los Huesos, el ancestral hogar creado por los ogros en tiempos preteritos y que durante siglos y siglos fue usado como mausoleo primero por las razas primigenias de los Orcos y los Elfos, y posteriormente por la raza de los hombres.... Además deberá recuperar el objeto cuanto antes ya que el Sin Nombre no permanece ocioso y está removiendo todas las Tierras Desoladas mientras forma un ejército nunca visto de ogros, orcos, gigantes y demas criaturas viles se unen a su estandarte.&lt;br /&gt;Asi pues, el pobre Harold pronto se ve zambullido en una aventura de corte monumental con la que jamás habría soñado y desde luego nunca ha deseado...por suerte no irá sólo, sino acompañado por la princesa elfa Miralissa y sus escoltas ,y la compañía mas dura entre los temidos Corazones Salvajes.&lt;br /&gt;Pero eso no es todo. Aparte de todo este percal hay alguien conocido como el "Amo", un ser que por lo poco que se ha desvelado de él parece que deja al Sin Nombre a la altura de betún en cuanto a poder, moviendo sus propias fichas en esta partida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que para ser un planteamiento de argumento bastante "típico" el autor cumple bastante bien con la historia y la forma de narrarla. Este primero tomo es bastante introductorio pero en ningún momento llega a hacerse pesado o pierde ritmo. Totalmente recomendable y ahora a esperar al siguiente tomo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, un pulgar arriba al gran sentido del humor que tiene Alexey Pehov, algunas escenas descritas son impagables :D&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-4683443153051657838?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/4683443153051657838/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=4683443153051657838&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/4683443153051657838'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/4683443153051657838'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2010/04/el-ladron-de-las-sombras.html' title='El Ladrón de las Sombras'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S8YNMERHR7I/AAAAAAAAAN4/EwMrvOUK3Ig/s72-c/ladronsombras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-6220748105777034389</id><published>2010-03-27T06:41:00.000-07:00</published><updated>2010-03-27T08:27:57.308-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Últimas Compras'/><title type='text'>Corsarios y Crónicas del Multiverso</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64Mbn5wWWI/AAAAAAAAANQ/hcaIh5ew3Zg/s1600/corsario.gif"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 145px; height: 209px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64Mbn5wWWI/AAAAAAAAANQ/hcaIh5ew3Zg/s320/corsario.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5453309867499477346" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;Corsario&lt;/span&gt; es el segundo volumen de la trilogía de Reinos Olvidados  Espadas del Mar de la Luna, que dió comienzo con El Mago de la Espada, del autor Richar Baker&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kamoth Kastelmar, Señor de la Luna Negra, era un joven lord, de sádicas  inclinaciones, que hizo valer sus encantos para casarse con la hermana  del harmach de Hulburg antes de ser enviado al exilio por conspirar  contra su nuevo cuñado. Ahora es capitán del Reina Kraken y Capitán  Supremo de los Corsarios de la Luna Negra, una despiadada flota pirata  que asola el Mar de la Luna, y siembra la destrucción y el pillaje por  dondequiera que pasa.&lt;br /&gt;Estaba dispuesto a olvidar el pasado, pero cuando el harmach de Hulburg  arma un buque de guerra para acabar con sus actos de piratería, emprende  una campaña personal contra él.&lt;br /&gt;Es hora de enseñarle respeto al harmach.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64Rj0L3mvI/AAAAAAAAANY/YHlMiBYmGF4/s1600/cronicasmulti.gif"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 145px; height: 226px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64Rj0L3mvI/AAAAAAAAANY/YHlMiBYmGF4/s320/cronicasmulti.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5453315505793768178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Premio Minotauro 2010, de Víctor Conde&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra en un universo repleto de extrañas criaturas y peligrosos enigmas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Variedad: una isla de soles rodeada por un inmenso vacío cósmico. Las  quince especies inteligentes que habitan en ella están atrapadas, sin  posibilidad de escapar aunque siguen tratando de desarrollar sus  civilizaciones.&lt;br /&gt;Lina Kolbrand es una corsaria estelar, capitana de la nave Eurídice. En  un audaz golpe de mano, roba una valiosísima mercancía a los urtianos,  misteriosos seres inteligentes que funcionan como un ente colectivo y  que son la especie más desarrollada de la Variedad. La desmesurada  reacción de los urtianos parece anunciar una guerra total contra las  restantes especies inteligentes. Pero los urtianos tienen un objetivo muy distinto. Antes que nadie, han  comprendido que el universo que habitan se está muriendo. Los soles se  apagan y los límites de la Variedad se colapsan. Todo el cosmos parece  desintegrarse. ¿Podrán los habitantes de la Variedad escapar a su  prisión, al universo burbuja que los alberga? ¿Podrán salvar su cultura y  sus logros intelectuales? ¿Y qué hay más allá de los límites de ese  universo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crónicas del Multiverso es un regreso al auténtico espíritu de la  ciencia ficción, una novela en la que no hay límites para la  imaginación, pero cuyos personajes viven situaciones y se enfrentan a  dilemas que resultarán tremendamente cercanos al lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64jzegfLBI/AAAAAAAAANg/zqSR-_JfZ7s/s1600/lamento.gif"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 145px; height: 229px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64jzegfLBI/AAAAAAAAANg/zqSR-_JfZ7s/s320/lamento.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5453335566061874194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lamento de Ken Scholes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Ojalá mi primera novela hubiera sido tan buena.» Orson Scott Card,  autor de El juego de Ender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una antigua y mortífera arma ha destruido por completo la ciudad de  Windwir, sede de la orden androfracense. A muchas millas de distancia,  el señor de las Casas de Bosque Nuevepliegues ve alzarse una enorme  columna de humo. Sabe que la guerra ha llegado a las Tierras Conocidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más cerca de la Desolación, un joven aprendiz resulta ser el único  superviviente de la ciudad. Nebios, que esperaba a su padre fuera de las  murallas, verá su vida entera transformada ante el hecho de ver morir  en un instante a todos aquellos que conocía. En el sur, Petronus, el  papa oculto de la orden androfracense, también ve la columna de humo de  la destrucción, y sabe que no puede seguir dándole la espalda a su  orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a corta distancia de Windwir se encuentra Sethbert, el señor de las  ciudades estado entrolusianas, regocijándose en lo que cree que es el  triunfo de su plan para conseguir la supremacía en las Tierras  Conocidas. Junto a Sethbert está la dama Jin Li Tam, un peón en manos de  su padre que la usa en el gran juego de la política, y que está  destinada a convertirse en reina en ese tablero de juego. Muy pronto,  todos los reinos de las Tierras Conocidas se enzarzarán en múltiples  conflictos, a medida que se rompan las alianzas y se revelen las  conspiraciones de los distintos poderes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Lamento aúna el desarrollo de los personajes y las maniobras políticas  de George R. R. Martin, con la emoción y la belleza de Guy Gavriel Kay».  JUSTIN GAINES - LECTOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Lamento es inusual y entretenido. Debemos estar agradecidos a Ken  Scholes por su notable contribución a la fantasía y la ciencia ficción  actuales». ROBERT JOHNSTON - LECTOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«La fascinante primera novela de Scholes [...] lo lanza a la  estratosfera de la fantasía épica contemporánea. Los lectores se  sentirán intrigados por el sutil mundo construido a partir de un elenco  de brillantes personajes, pero es la pura habilidad narrativa lo que  convierte esta historia de devastación y castigo en una obra  inolvidable». PUBLISHERS WEEKLY&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Ken Scholes es una nueva voz a tener en cuenta, en la frontera entre la  ciencia ficción y la fantasía. Scholes tiene un ojo afilado para la  acción y un oído agudo para los sonidos del corazón humano». HARRY  TURTLEDOVE, BESTSELLING AUTHOR DE EN PRESENCIA DE MIS ENEMIGOS&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-6220748105777034389?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/6220748105777034389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=6220748105777034389&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/6220748105777034389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/6220748105777034389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2010/03/corsarios-y-cronicas-del-multiverso.html' title='Corsarios y Crónicas del Multiverso'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/S64Mbn5wWWI/AAAAAAAAANQ/hcaIh5ew3Zg/s72-c/corsario.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-7923410982139182181</id><published>2010-03-27T06:32:00.001-07:00</published><updated>2010-03-27T06:34:56.516-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Varios'/><title type='text'>Volvemos por aqui</title><content type='html'>Tras un tiempo sin colgar entradas volvemos a la (espero) carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Para empezar y aunque retrasado....¡feliz año! jajajaja Lo siguiente es indicar de que trataran los siguientes post: mas sobre el mundo de Lòrenn, mas libros léidos y libros en la pila ademas de las últimas adquisiciones, y breves comentariso de esas otras ideas para historias que bullen en mi loca cabeza....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludos!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-7923410982139182181?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/7923410982139182181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=7923410982139182181&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/7923410982139182181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/7923410982139182181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2010/03/volvemos-por-aqui.html' title='Volvemos por aqui'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-746482437093293814</id><published>2009-05-30T06:30:00.000-07:00</published><updated>2009-05-30T07:03:25.882-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>Mas libros a la pila...</title><content type='html'>Aqui os pongo mis últimas adquisiciones para la pila de novelas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;Urnas de Jade&lt;/span&gt; tomo 2, &lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;Mentiras&lt;/span&gt; de David Prieto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE2jAiVaEI/AAAAAAAAALY/ETHunV9vAdI/s1600-h/Mentiras.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 221px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE2jAiVaEI/AAAAAAAAALY/ETHunV9vAdI/s320/Mentiras.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341610608105449538" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Codan Gulath ha muerto y Qüestor Elendhal, Delinard Santhor y sus compañeros de aventuras regresan a Puerto Agreste una vez más. Pero no lo hacen sintiéndose felices por tan buena noticia. Las sospechas que arrastran con ellos les hacen temer que peligros aún mayores que aquéllos con los que se han enfrentado les aguardan. En la ciudad agrestense, en lo alto de su torre, Taith, el Anciano, aguarda impaciente su llegada. Profecías reveladas largo tiempo antes deben cumplirse por poco que le gusten y hay secretos que no pueden permanecer durante más tiempo en las sombras. Porque sus enemigos están disponiendo el retorno de un antiguo mal y las Urnas de Jade son el centro de todas y cada una de sus mentiras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Mago de la Espada&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, libro primero de&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt; Espadas del Mar de la Luna&lt;/span&gt;, de Richard Baker&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE3QA3GpFI/AAAAAAAAALg/o14EqudpwHo/s1600-h/magoespada.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 201px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE3QA3GpFI/AAAAAAAAALg/o14EqudpwHo/s320/magoespada.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341611381286675538" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una nueva epopeya para un tiempo nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperus, el rey de Cobre era un temible nigromante que gobernó en esta parte del Mar de la Luna hace siglos, que sobrevivió como un lich no muerto y que tiene como esclavos a los muertos de los túmulos. Demasiadas cosas que deberían permanecer muertas y enterradas bajo la piedra se levantan y recorren los Altos Páramos una vez profanadas sus tumbas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie debe abrir una tumba en una tierra reclamada por Hulburg, y se considera alta traición apoderarse de cualquier cosa de valor hallada en un túmulo. Es una de las pocas leyes que los harmach aplican a raja tabla. Pero alguien les está robando.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;El Pozo de la Ascensión&lt;/span&gt;, libro segundo de los &lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;Nacidos de la Bruma&lt;/span&gt; de Brandon Sanderson&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE4LkNCpXI/AAAAAAAAALo/CgODJYiCybc/s1600-h/pozoascension.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 208px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE4LkNCpXI/AAAAAAAAALo/CgODJYiCybc/s320/pozoascension.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341612404386211186" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;Durante los últimos mil años, han caído las cenizas y nada ﬂorece. Durante mil años, los skaa han sido esclavizados y han vivido sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años, el Lord Legislador ha reinado con un poder absoluto gracias al terror y a su divina invencibilidad por la poderosa magia de la «alomancia».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero vencer y matar al Lord Legislador fue la parte sencilla. El verdadero desafío lo constituirá sobrevivir a las consecuencias de su caída. Tomar el poder tal vez resultó fácil, pero ¿qué ocurre después?, ¿cómo se usa el poder? Una amena reﬂ exión sobre estrategia política y religiosa en el marco de una aventura épica con luchas estilo kung fu gracias a los siempre misteriosos poderes de la alomancia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La trilogía Nacidos de la Bruma [Mistborn] es una excepcional muestra de una nueva fantasía épica con magia, leyenda y todo tipo de misterios.&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;El Nombre del Viento&lt;/span&gt;, libro primero de la &lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;Crónica del Asesino de Reyes&lt;/span&gt; de Patrick Rothfuss&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE5kndBXWI/AAAAAAAAALw/af2KNFinUSY/s1600-h/el-nombre-del-viento.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 216px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE5kndBXWI/AAAAAAAAALw/af2KNFinUSY/s320/el-nombre-del-viento.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341613934266899810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Kvothe es un personaje legendario, el héroe y el villano de miles de historias que corren entre la gente. Todos le dan por muerto, cuando en realidad vive con un nombre falso en una posada apartada y humilde, de la que es propietario. Nadie sabe ahora quién es. Hasta que una noche un viajero, llamado el Cronista, le reconoce y le suplica que le revele su historia, la verdadera, a lo que finalmente Kvothe accede. Pero habrá mucho que contar, le llevará tres días. Este es el primero… Kvothe (que podría pronunciarse ´Kuouz´) es el hijo del director de una compañía itinerante de artistas -actores, músicos, magos, juglares y acróbatas- cuya llegada a los pueblos y ciudades siempre es un motivo de alegría. En ese ambiente Kvothe, un niño prodigio muy alegre y servicial, aprende distintas artes. Para él, la magia no existe; sabe que son trucos. Hasta que un día se tropieza con Abenthy, un viejo mago que ha dominado los arcanos del saber, y le ve llamar al viento. Desde ese momento Kvothe solo anhela aprender la gran magia de conocer el nombre auténtico de las cosas. Pero ese es un conocimiento peligroso y Abenthy, que intuye en el niño un gran don, le enseña con cautela mientras lo prepara para que un día pueda ingresar en la Universidad y convertirse en un maestro de magos. Una tarde en que su padre ha estado ensayando el tema de una nueva canción sobre unos demonios legendarios, los Chandrian, Kvothe se va a pasear al bosque. Cuando regresa ya anochecido, descubre los carromatos incendiados y que todos, también sus padres, han sido asesinados. Unos desconocidos están sentados alrededor de la hoguera, pero luego desaparecen. Durante meses Kvothe vaga atemorizado por el bosque con su laúd por única compañía y cuando llega el invierno se dirige a la gran ciudad...&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt; Del primero no puedo decir nada ya que se trata del segundo libro y el primero de esa saga no lo he leído aún. El Mago de las Espadas es otra novela mas dentro del vastísimo universo de Reinos Olvidados, que al ser una franquicia será mas de lo mismo; ahi queda que resulté un libro entretenido y bien llevado, o una gran pesadez.&lt;br /&gt; El Pozo de la Ascensión, en cambio, es un libro que llevaba ya un tiempo esperando y que por fin está en mis manos. En esta entrada (&lt;a href="http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/10/el-imperio-final-de-brandon-sanderson.html"&gt;link&lt;/a&gt;) comenté de forma breve el primer tomo, y como dije alli la historia promete. Veremos que tal este segundo tomo, pero según algunos comentarios en inglés que leí el nivel se mantiene.&lt;br /&gt;  Del último, El Nombre del Viento, poco puedo decir salvo que fuera de España ha tenido muy buenas críticas y que de momento llevo 114 páginas leídas y la cosa va interesantilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De momento esto es todo :D&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-746482437093293814?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/746482437093293814/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=746482437093293814&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/746482437093293814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/746482437093293814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2009/05/mas-libros-la-pila.html' title='Mas libros a la pila...'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SiE2jAiVaEI/AAAAAAAAALY/ETHunV9vAdI/s72-c/Mentiras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-449968071515124994</id><published>2009-05-30T05:36:00.000-07:00</published><updated>2009-05-30T06:20:25.924-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Varios'/><title type='text'>Novedades</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Desde luego, nunca sabes como tus intenciones van a cambiar en apenas unos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que llevaba tres días en los que había retomado la lenta escritura, y anoche tras una cena con mi novia y unos amigos, al final mientras hablábamos sobre el tema de la novela y mis otras ideas, me hicieron reflexionar y dejar mi tozudez a un lado.&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; En esta &lt;a href="http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/09/inauguracin.html"&gt;entrada&lt;/a&gt; podéis recordar algo de la situación con la que tras retomar la escritura de &lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;El Dolor de la Tierra&lt;/span&gt; me encontraba. Puede ser que con todo el lío de boda, mudanzas, paro me haya influido a la desgana de continuarla pero creo sinceramente que aquella relectura de lo escrito me hizo mas mal que bien... avanzo con paso de tortuga y cada dos por tres en mi mente surge la idea de "reescribirlo" todo, y sin embargo, dije "no César, esto termínalo y cuando lo acabes te pondrás con esas otras historias que quieres contar y que te motivan mas"... asi que anoche ya mi novia me dijo "Mira, déjala tal cual y escribe las otras, que estas atascado y al final te amargarás"&lt;br /&gt; Y la verdad es que tiene razón, pues &lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Dolor de la Tierra&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; estaba amenazando con convertirse en un dolor real. Asi pues, dejaremos aparcada la historia, y me pondré con las otras historias; en concreto dos, como mencionaba en la entrada anterior, dos historias que ocuparían un único volumen cada una, y que llevo tiempo queriéndome poner con ellas. En cuanto al &lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;Dolor&lt;/span&gt; la dejaremos en el baúl, para en un futuro y con mas tranquilidad volverla a poner sobre la mesa....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De las otras historias, ya abriré otra entrada en questión :D&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-449968071515124994?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/449968071515124994/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=449968071515124994&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/449968071515124994'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/449968071515124994'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2009/05/novedades.html' title='Novedades'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-1942718421878439434</id><published>2009-05-28T18:34:00.000-07:00</published><updated>2009-05-28T19:26:51.056-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Varios'/><title type='text'>Señales de vida...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; ...Quizás los pocos que seguís este blog hayáis pensado que había muerto.. La verdad es que parado ha estado, y de modo preocupante pero en ningún momento mi intención ha sido la de dejarlo morir y caer en el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La verdad es que entre la mudanza, casa nueva, las cosas para la boda, dibujar de vez en cuando y leer, y demas obligaciones, las semanas se han pasado volando y al final aqui estamos, en Junio casi casi.  No me enrollo.  Con todo ese trajín pues mi "inspiración" la verdad estaba algo dormida asi que poco he avanzado en la histora, con lo que basicamente me sigue quedando lo mismo que antes de fin de año para su termino: 5 capítulos y poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Asi que ahora que todo el tema de la boda ya se esta acabando (me caso el próximo 13 de junio, vamos dentro de nada), estoy planteándome marcarme un horario en condiciones para escribir. Y no sólo acabar esta novela, sino comenzar a adentrarme en un par de historias mas que llevan ya tiempo rondándome en la cabeza, con lo que si el plan y la organización prosperan tendría &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El Dolor de la Tierra&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; acabada para mediados-finales de julio, y avanzadas las otras dos...existe otra novela, también autoconclusva, que harían 3 las que mi mente ha concebido, pero esta es mas reciente queda mucho mucho por concebir e hilvanar de su trama y sus personajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Seguramente pensaréis que que hago mentiéndome en tanto lío.... pues eso digo yo, pero mi mente suele funcionar asi, pensando en varias historias al tiempo, y no me suele resultar ni lioso ni problemático. Imagino que la costumbre de leer varios libros al tiempo y no mezclar nada de ellos ayuda en ese aspecto.....  De esos dos nuevos proyectos de novela ya comentaré algo en próximas entradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pues nada, a ver si vamos devolviéndole la vidilla a este ^^&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Buenas noches!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-1942718421878439434?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/1942718421878439434/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=1942718421878439434&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/1942718421878439434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/1942718421878439434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2009/05/senales-de-vida.html' title='Señales de vida...'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-6081596444878311694</id><published>2008-12-12T13:15:00.000-08:00</published><updated>2008-12-12T15:55:22.421-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='(Proyectos) Aderth'/><title type='text'>Vadramlar versión 1</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; Originalmente este relato lo bauticé como "La Bruja Roja", y fue publicado en parte en www.espejosdelarueda.org y en su totalidad en ociojoven bajo mi nick Arandil de Dol Amroth... al cabo del tiempo y conformé a elaboraba un poco mas el mundo en el que se desarrolla la historia he ido barajando la posibilidad de modificarlo... corrección, nuevos datos, etc etc&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora al texto lo llamo simplemente "Vadramlar", que es la ciudad-estado donde se desarrolla la historia. El mundo de Vadramlar (llamado Aderth) es un mundo mas influido por la Fantasía Heróica que la Alta Fantasía (para aquellos que no estén al tanto de tales "etiquetas" pondré de ejemplo Fafrhd y el Ratonero Gris de Fritz Leiber, las novelas de David Gemmell o la Compañía Negra de Glen Cook para la Fantasía Heróica y el Señor de los Anillos para la Alta Fantasía)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vadramlar, como relato, nació para ser una especie de prólogo al mundo y a una historia algo mas compleja que actualmente llamo "El Mesías Oscuro". De ella ya hablaré en otro momento :D&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asi que pasemos al relato en si... aviso que es largo largo largo :D&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CLegate%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} p.contarticulo, li.contarticulo, div.contarticulo 	{mso-style-name:contarticulo; 	mso-margin-top-alt:auto; 	margin-right:0cm; 	mso-margin-bottom-alt:auto; 	margin-left:0cm; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:7.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	color:black; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman";} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;VADRAMLAR&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;CAPITULO 1&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La niebla, ese ente espeso y silencioso –y tantas veces caprichoso-, había ido avanzando y cubriendo con su impenetrable manto el silvestre paisaje en tan solo unos pocos minutos. Un avance vertiginoso e inexorable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero también sobrenatural y amedrentador. Aquella no era una niebla natural sino de origen mágico pues el día había sido soleado y sin nubes, y nada en el cielo hacía pensar que pudiera surgir niebla al caer la tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Desde lo alto de la muralla, los soldados que hacían en aquel momento su ronda por el adarve observaban, con ojos abiertos y relucientes de miedo, a la niebla y su avance. Estaban en pleno otoño, y en aquel lugar donde las lluvias en tal fecha eran una nota constante y el aire frío el pan de cada día, las gentes vestían gruesas prendas de lana y lino, y fuertes y resistente pieles de animales como capas; pero no hubo ninguno de aquellos soldados que no sintiera un frío terriblemente intenso azotando su cuerpo, como si estuvieran desnudos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Gwyllun era uno de estos soldados y aquella era su primera tarea como tal tras salir de la Academia de la Guerra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;—La Diosa nos guarde. –rezó una voz a su derecha. En su fuero interno, el joven también pidió a Mellanna, Señora de la Vida y Madre de la Humanidad, que les protegiera en aquella hora de lo que estuviera por venir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;A continuación miró a Fiobun, su compañero. Fiobun era un veterano soldado que había servido al Rey durante más de veinte años y las cicatrices de su rostro eran las credenciales de una vida de guerra, tan común en aquella parte del reino de Daia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;—¿Crees que atacaran ahora que sus movimientos están ocultos a nuestras miradas?&lt;br /&gt;—Yo no apostaría un dhank de oro a lo contrario, muchacho. –rezongó Fiobun, sin apartar sus ojos de la niebla.&lt;br /&gt;Gwyllun observó de nuevo la niebla y su gesto se agrió, como su hubiese masticado una pieza de fruta en mal estado.&lt;br /&gt;—Huele a hechicería. –masculló. Por toda respuesta, Fiobun gruñó con disgusto.&lt;br /&gt;En Daia, la Hechicería estaba proscrita, considerada un acto maléfico; si un hombre o una mujer era descubierto practicándola era apresado, juzgado y ejecutado en el acto. La Hechicería era fruto del Mal, un poder caótico e incontrolable que ponía en peligro todo lo bueno y hermoso que existía en el mundo, y aquellos que se dejaban corromper por ella perdían sus almas, dejaban de ser humanos para convertirse en emisarios de un mal abominable, por lo que era necesario terminar con sus vidas antes de que comenzasen a extender su perversión.&lt;br /&gt;El joven soldado se llevó su mano libre al centro del pecho y trazo un doble círculo y una onda en el extremo inferior del mismo, el Símbolo de Mellanna, rezando en silencio a la benévola Diosa que le protegiera de aquella maldad.&lt;br /&gt;Por el rabillo de su ojo izquierdo captó un relampagueante movimiento. Miró en esa dirección, estrechando los ojos y horadando con su mirada la espesa niebla a la captura de algún enemigo moviéndose. Las formas oscuras de los árboles, con sus ramas zigzagueantes y desprovistas de hojas, y sus troncos alargados y delgados parecían lúgubres espantapájaros que presagiaban terribles acontecimientos. Por segunda vez captó un movimiento repentino, esta vez por su ojo derecho. Cuando dirigió sus ojos hacia ahí, la boca se le desencajó de golpe, en un grito ahogado de horror.&lt;br /&gt;Un jinete y su montura surgieron de la niebla, dos inmensas figuras que parecían formar una sola. Enormes, tenebrosas y terroríficas. El jinete estaba embutido en una maciza y grotesca armadura que le cubría de pies a cabeza, de colores negro y carmesí sanguinolento. El caballo, negro como un pozo sin fondo y grande como ningún caballo que Gwyllun hubiera visto antes, también iba protegido por una pesada loriga, también carmesí y negra.&lt;br /&gt;Con paso altivo e insolente, el siniestro guerrero condujo a su montura hasta una docena de metros de la entrada principal. Pese a que se encontraba a una excelente distancia ninguno de los arqueros disparó su mortal flecha.&lt;br /&gt;Jinete y caballo se detuvieron. El animal resopló, el vaho se condensó nada más salir por las fosas nasales. Agitó su testa con brusquedad y pateó varias veces el arenoso suelo, como si se sintiera contrariado. Gwyllun se estremeció observándole; aquel caballo parecía casi tan peligroso como su amo.&lt;br /&gt;Sólo casi.&lt;br /&gt;Entonces el guerrero se descubrió el rostro, sus manos se alzaron y retiraron aquel yelmo coronado con la forma de un dragón, y los negros cabellos le revolotearon libres tras el rostro de duras facciones del hombre más temido y odiado en los Reinos del Sur.&lt;br /&gt;Los ojos de Tarmuin Tanagrin, el Rey-Brujo de Vanhur, se clavaron en los muros de la ciudad con tal intensidad que al joven Gwyllun le pareció que aquella muralla –que había resistido ataques durante siglos— se volvía débil e insuficiente, y que el doble rastrillo de resistente acero que cubría el portalón sólo sería un ligero inconveniente en el camino de aquel hombre demoníaco y corrompido por la Hechicería.&lt;br /&gt;Por primera vez desde que comenzó el asedio del ejército vanhurian, Gwyllun sintió verdadero miedo. Mientras observaba medio hechizado al Rey-Brujo sintió por primera vez lo que era la desesperanza.&lt;br /&gt;Ahora, solamente Mellanna podría impedir que la resplandeciente ciudad de Vadramlar y sus habitantes fuesen destruidos y borrados de la faz de la tierra.&lt;br /&gt;Fervorosamente, el joven rezó a la Señora de la Vida y de la Humanidad para que les auxiliara con prontitud.&lt;br /&gt;En ese momento, un inmenso mar de cuerpos cubiertos de armaduras y armas comenzó a surgir de la niebla, caminando lentamente pero imparablemente –cómo la niebla— hacia Tarmuin Tanagrin.&lt;br /&gt;La muerte, inexorable, se aproximaba a Vadramlar.&lt;br /&gt;¡Mellanna, auxilianos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos azules, profundos y penetrantes, recorrieron la muralla oeste de la ciudad de Vadramlar de un extremo a otro.&lt;br /&gt;En sus labios se dibujo una sonrisa sesgada. Aquella protección no resistiría el poder de su ejército. La ciudad milenaria caería por fin, y él, Tarmuin Tanagrin rey-brujo de Vanhur conseguiría un nuevo paso hacia su ambicioso objetivo.&lt;br /&gt;A su espalda se alzó el murmullo de un masivo movimiento, el lento avance de centenares de guerreros protegidos con pesadas armaduras que emitían aquel sonido sordo y monótono tan característico.&lt;br /&gt;—Vuestros guerreros aguardan la orden, Majestad. –la voz rasposa de Yrkan Almuran, General Supremo de los Drahkkoran, quebró el silencio de la noche.&lt;br /&gt;—¿Gharrak y Alhenda han tomado posiciones?. –inquirió el monarca vanhurian refiriéndose a los dos hechiceros más poderosos de Vanhur. No se giró, pues si la voz del militar era desagradable, su rostro era cien veces peor, con aquellas cicatrices mal curadas y diversas manchas oscuras que afeaban su piel.&lt;br /&gt;Yrkan emitió un gruñido que podía significar cualquier cosa.&lt;br /&gt;—Lord Gharrak y los suyos así lo han hecho, Mi Señor. –hizo una pausa.— La Señora Alhenda… ha rogado que se la permita acompañaros.&lt;br /&gt;Aquello hizo que Tarmuin girara la cabeza y mirase directamente al General.&lt;br /&gt;—¿Acompañarme? –repitió él. Durante un breve instante permaneció callado, para finalmente esbozar una sonrisa.— ¿Porqué no? Comunicadle a la Alta Hechicera de Urvoda que será un placer tenerla a mi lado.&lt;br /&gt;—Como ordenéis, Majestad.&lt;br /&gt;Yrkan se cuadró y giró a su poderoso ruano para reunirse con el resto de oficiales. La sonrisa que pugnaba por aparecer en su rostro no le pasó desapercibida al Rey de Vanhur, pero al brutal guerrero apenas le importaba aquello. Tarmuin desconocía el motivo, pero lo cierto era que Yrkan odiaba con toda su alma a la ambiciosa Hechicera y nada le gustaría más que verla humillada, o ejecutada, ante todo Vanhur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hechicera no se hizo esperar. Llegó montada sobre su yegua blanca, altiva, hermosa y tan fría como un carámbano de hielo.&lt;br /&gt;—Majestad. –inclinó su cabeza mientras colocaba su montura al lado de la de Tarmuin. Llevaba su oscuro pelo recogido con una redecilla fabricada con diamantes, plata e Hilo de Karr, pero un par de mechones se descolocaron de la sujeción y le cayeron sobre el rostro. Un efecto realmente seductor, y que seguramente la mujer había tenido preparado.&lt;br /&gt;“Permitidme que exprese mi agradecimiento por este honor.&lt;br /&gt;Tarmuin agitó una mano, displicente y volvió su mirada hacia los muros de Vadramlar.&lt;br /&gt;—Espero que no haya cometido una equivocación. –manifestó él, con tono frío.— Quiero un agujero en esa muralla, Alhenda. Utilizad vuestro mejor conjuro.&lt;br /&gt;—Si, Majestad. –replicó la mujer, con un deje decepcionado en su voz. Tal vez a partir de ahora dejara de intentar despertar su interés, se dijo el monarca.&lt;br /&gt;Poco a poco el aire comenzó a templarse mientras la salmodia de la hechicera cobraba intensidad y volumen. Las esbeltas manos de Alhenda se movieron con voluntad propia, trazando los tantas veces practicados símbolos cabalísticos que daban forma y poder al hechizo.&lt;br /&gt;—¡Rh’el dahe sahk’nati! –gritó y extendiendo las manos hacia delante lanzó el hechizo. –¡krae’th eo’ras! ¡Phaet’ulh!&lt;br /&gt;Con un rugido, la gran lengua de fuego negro se abalanzó sobre el murallón de la ciudad. Su crepitar anunciando la destrucción.&lt;br /&gt;Tarmuin Tanagrin esbozó una sonrisa, fría y hambrienta.&lt;br /&gt;Hambre de poder. Sed de sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;table class="MsoNormalTable" style="width: 95%; text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="95%"&gt;  &lt;tbody&gt;&lt;tr style=""&gt;   &lt;td style="padding: 0cm;"&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-size:130%;color:black;"   lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;   &lt;td style="padding: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-size:130%;color:black;"   lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;/td&gt;  &lt;/tr&gt; &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;table class="MsoNormalTable" style="width: 95%; text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="95%"&gt;  &lt;tbody&gt;&lt;tr style=""&gt;   &lt;td style="padding: 0cm;"&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-size:130%;color:black;"   lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;   &lt;td style="padding: 0cm;"&gt;   &lt;table class="MsoNormalTable" style="width: 100%;" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%"&gt;    &lt;tbody&gt;&lt;tr style=""&gt;     &lt;td style="padding: 0cm;"&gt;     &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde lo alto de su fiero ruano negro, Tarmuin Tanagrin observó bajo su     draconiano yelmo cómo la bestia que acababan de soltar sus hechiceros     desplegaba sus enormes y correosas alas semejantes a un murciélago, y se     elevaba en el aire.&lt;br /&gt;—Ve, criatura mía. Toma la ciudad en mi nombre. –ordenó la profunda voz del     monarca, terminando con una sonora carcajada.&lt;br /&gt;—Su Majestad, ¿Creéis que ha sido acertada la decisión?&lt;br /&gt;El Rey Brujo bajo su mirada y la clavó en la figura de quien había hablado,     un hombre joven de cabellos negros y ojos oscuros, ataviado con amplios     ropajes carmesíes situado a pie al lado derecho de su caballo.&lt;br /&gt;—¿Pensáis, Lord Gharrak, que no he actuado correctamente? –inquirió, con un     timbre peligrosamente suave. Sin embargo, el joven hermano de Alhenda de     Urvoda no pareció advertirlo… o simplemente le resultó indiferente.&lt;br /&gt;—No pretendía decir eso, mi señor. Sólo que…&lt;br /&gt;Tarmuin sonrió bajo el yelmo. Realmente el joven Hechicero de Urvoda poseía     coraje; por eso aún vivía. Agitó uno de sus puños guarecidos con     guanteletes negros y dorados, en un gesto displicente.&lt;br /&gt;—Observad, Lord Gharrak. –manifestó el Rey, he indicó al joven noble y     Hechicero que mirase hacia el cielo.— Observad como el khal’rardh concluirá     con nuestra conquista.&lt;br /&gt;El joven noble nada dijo ante aquella rotunda afirmación de su Señor, pese     a que en su interior albergase serias dudas al respecto. Los Demonios     Negros de la montaña D’ga eran unos seres demasiado inteligentes, y por     ende peligrosos, para confiar en ellos como soldados. Dijese lo que dijese     su Rey, el joven Gharrak jamás confiaría en el Demonio Negro.&lt;br /&gt;Rápidamente, comenzó a buscar entre los conjuros que conocía uno capaz de     acabar con aquel ser.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;—¡Date prisa muchacho!&lt;br /&gt;A Gwyllum no le habría hecho falta que le arengase su compañero de más     edad. Ambos soldados bajaron a todo correr las escaleras y abandonaron la     posada sin casi disminuir la velocidad. Al llegar al exterior, Fiobun no se     sorprendió al ver la calle llena de gente que gritaba despavorida y huída     ciudad adentro, hacia la Ciudadela.&lt;br /&gt;Se escuchó un segundo alarido del Demonio Negro. Ambos comenzaron a correr     hacia las murallas, las espadas listas en sus manos.&lt;br /&gt;Cuando alcanzaron su destino, veterano y joven frenaron en seco su carrera.     A tan solo unos metros de ellos se desarrollaba una escena dantesca, salida     de la mente de un loco. Un mar de soldados se movía alrededor del ser más     horrible y amedrentador que el joven Gwyllun había visto en su vida.&lt;br /&gt;Tenía la altura de tres hombres y la anchura de casi dos osos, y unas alas     membranosas plegadas a su espalda. Sus dos largos y musculosos brazos se     movían velozmente de un lado a otro mientras sus afiladas garras     despedazaban una y otra vez la carne de aquellos infortunados soldados que     se encontrasen en su camino. La cabeza y la parte superior de un tronco     salieron despedidas en dirección de ambos compañeros, dejando tras de sí un     rastro de vísceras sanguinolentas. El despojo paso por encima de ellos,     rociándoles con una lluvia de sangre. Alzando el brazo para protegerse la     cara, al joven Gwyllun se le revolvió el estómago.&lt;br /&gt;—¡Malditos estúpidos. Apartaros! –la voz de Fiobun se elevó por encima de     la algarabía general, los gritos, los gruñidos de la bestia, y los gemidos     de dolor. Los soldados que aun estaban vivos se apresuraron a obedecer la     orden el veterano Fiobun. En pocos segundos se formó un círculo, en cuyo     centro quedó el Demonio Negro. Los ambarinos ojos del monstruo les observó     inescrutablemente. Gwyllun conocía las historias que hablaban sobre     aquellos seres alados de la Montaña D’ga, historias en las que se hablaba     sobre su astucia tanto como sobre su salvajismo. Quizás aquellos ojos     amarillos y lenticulares no dejasen ver expresión alguna, pero el joven     tuvo la certeza de que el khal’rardh estaba analizando la nueva situación.     La idea de enfrentarse a un bicho de aquel tamaño, tan peligroso y horrible     como era, y que además poseyese inteligencia provocó que Gwyllun se     estremeciese de pies a cabeza.&lt;br /&gt;Los cuerpos de dos docenas de soldados yacían mutilados, formando un     montón, a los pies de la bestia. ¿Cuántos más perecerían antes de que ésta     fuera destruida?.&lt;br /&gt;El Demonio Negro soltó un bramido que sacudió el suelo e hirió los tímpanos     de los soldados. Al joven le heló la sangre al oír el rugido.&lt;br /&gt;Demasiados.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deteniéndose en el umbral de la puerta abierta, Yllianna observó con gesto     preocupado el mar de gente que pasaba corriendo frente a ella por la calle.     Los gritos de hombres y mujeres referentes a algún tipo de monstruo no     hicieron más que confirmar las terribles sospechas que bullían en el     interior de la elfa desde que minutos antes escuchase perpleja un grito que     nada tenía de humano.&lt;br /&gt;Soltando un hondo suspiro, y ciñéndose la gruesa capa de terciopelo     azabache que la cubría, comenzó a andar a paso vivo. Dirigiéndose hacia el     sur, hacia la Puerta Meridional.&lt;br /&gt;Allí, se enfrentaría a uno de los enemigos ancestrales de los elfos.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Silencio!&lt;br /&gt;Aquella era la cuarta vez que la voz autoritaria de Tharial Kholannir     Albor, el Portavoz del Consejo, se elevaba para imponer silencio entre los     reunidos, pero igualmente por cuarta vez, nadie le hizo caso. La irritación     que sentía el hombre dio paso a la cólera. Se levantó bruscamente y     estrelló el Martillo de Argaellorn contra la pulida superficie de la mesa     de roble. Un sonoro crujido sacudió la Sala del Consejo y finísimas     astillas volaron en todas direcciones.&lt;br /&gt;Con su desproporcionada acción consiguió lo deseado. Todas las     conversaciones cesaron de inmediato y tres docenas de cabezas se volvieron     para mirarle con los ojos bien abiertos por la sorpresa.&lt;br /&gt;—Gracias. –manifestó con sequedad, y sarcasmo. Muchas de las expresiones     sorprendidas se tornaron ceñudas.&lt;br /&gt;—Lord Tharial, vuestra... –una mujer rubia y que ya había visto pasadas más     de cuatro décadas pese a su aspecto un tanto juvenil, y elegantemente     vestida de seda y terciopelo azul, se levantó de su asiento. Sus palabras     fueron cortadas por el Portavoz del Consejo.&lt;br /&gt;—No he pedido vuestra opinión, mi señora Kalandra. –el rostro de Kalandra     enrojeció por la humillación, y sus ojos echaron chispas, llamas de puro     odio. Pero no dijo nada y Tharial volvió sus ojos hacia el resto de los     rostros que le contemplaban.— Amigos. Amigas. Creo que ha llegado el     momento de tomar una solución. De momento nuestra muralla nos protege del     Rey Brujo de Vanhur y su ejército. Pero ahora debemos enfrentarnos también     a un Demonio Negro. Mi propuesta es que… –en ese momento miró fijamente     cada uno de los rostros.— enviemos un heraldo a Tarmuin Tanagrin en el que     le comuniquemos nuestra rendición.&lt;br /&gt;Durante un breve instante, reinó el silencio. Luego estalló el caos.&lt;br /&gt;—¡Nunca!&lt;br /&gt;Gritos semejantes reverberaron en la Sala.&lt;br /&gt;Tharial Kholannir Albor se recostó en el respaldo de su confortable sillón.     Imperturbable a los numerosos rostros que lo contemplaban llenos de rabia,     que bramaban y le criticaban como un traidor. Que clamaban que Vadramlar     jamás se había rendido, y que jamás lo haría.&lt;br /&gt;Aquello casi quebró su impasibilidad. ¡Cómo habría querido reírse!. Pero no     lo hizo, ya habría tiempo para reírse.&lt;br /&gt;Si debía rendir la ciudad ante el ejército invasor vanhurian para conseguir     sus ambiciones, lo haría. Costará lo que costase. Y a quien costase.&lt;br /&gt;Bien sabían los dioses, que él no moriría antes de haber cumplido su sueño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;/td&gt;    &lt;/tr&gt;   &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-size:130%;color:black;"   lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;/td&gt;  &lt;/tr&gt; &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sagrada Zaldhya”, pensó Yllianna, deteniéndose de golpe y mirando con los ojos desorbitados por el horror la carnicería a la que había llegado tras doblar una esquina.&lt;br /&gt;El khal’rardh se alzaba entre ella y la Puerta Meridional, a unos seis o siete metros. Sus ojos ambarinos relucían del ansia de matar. Angustiada, la elfa contempló paralizada como aquel monstruo destrozaba con sus garras a los guardias que se acercaban demasiado. Yllianna sacudió la cabeza, sintiendo deseos de llorar. Así nunca acabarían con el Demonio Negro. Que la joven elfa supiera, sólo habían existido tres guerreros que se enfrentaron solos a un khal’rardh y se alzaron con la victoria. L’ankarir Fenrr, el actual Rey de los Elfos, quien perdió la mano izquierda. Druim Drachdragonar, Señor de los Picos Tempestuosos, quedó tuerto tras su combate. Y Varacin Kaladiandar, el Consorte de la Batalla, el Elegido de Cyanna.&lt;br /&gt;Pero ninguno de aquellos hombres era uno de ellos, por muy buenos guerreros que pudieran ser. Sólo la magia causaba un daño serio a aquellas criaturas infernales.&lt;br /&gt;Pese a conocer las estrictas leyes daianas sobre la magia que no fuera clerical, Yllianna tomó una decisión. Sin magia, aquellos hombres morirían, y aún más caerían bajo las horribles garras del Demonio Negro en su ansia asesina.&lt;br /&gt;Tras aspirar con fuerza, la elfa tomó con ambas manos el bastón y lo giró hasta que quedo paralelo al suelo. Se abrió a la Matriz, la fuente natural de la magia de los elfos, y el torrente de energía que la colmó de pura vitalidad le hizo latir el corazón más deprisa.&lt;br /&gt;Sus labios comenzaron a entonar el cántico mágico, mientras en su interior rezó a Zaldhya, la Diosa Madre del Pueblo Élfico, que le transmitiera el poder suficiente para acabar con el khal’rardh.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Medio musitando plegarias y medio gruñendo maldiciones, Gwyllun sacó a rastras a Fiobun de debajo del cadáver mutilado que le había caído encima. El guardia veterano sólo mascullaba maldiciones e imprecaciones que habría hecho que el joven guerrero se sonrojase de haber sido una situación distinta. El choque le había roto una pierna, pero el hombre luchaba por levantarse y volver a la lucha contra el Demonio Negro.&lt;br /&gt;Al igual que él, Fiobun tenía profundos cortes en los brazos, causado por las afiladas garras de la bestia. A Gwyllun todavía le maravillaba el haber salido relativamente indemne del enfrentamiento.&lt;br /&gt;—Suéltame, muchacho. –espetó Fiobun, iracundo.– Ese maldito hijo de un murciélago va a lamentar esto.&lt;br /&gt;Gwyllun se mantuvo en silencio –añadir que el que se hubiera roto la pierna le había salvado la vida, no parecía algo oportuno—, sino que continuó arrastrando al veterano guerrero hasta la garita del guardia que custodiaba la Puerta Meridional. Dejando a su compañero con la espalda apoyada en el muro de la garita, el joven entró en ésta y se puso a buscar dos listones de madera y un trozo de cuerda.&lt;br /&gt;Tras una breve búsqueda halló lo que necesitaba y salió rápidamente a reunirse con Fiobun. Con la misma presteza se arrodilló al lado del herido y tras arrancar la tela del pantalón a la altura de la rodilla izquierda, comenzó a entablillar la pierna rota. Mientras sus manos se movían con celeridad, el joven observó el estado de la extremidad. De la cara exterior de la pierna le sobresalía un protuberante bulto, que ya comenzaba a tornarse negro. El joven apretó los labios, preocupado. Necesitaba un Sanador, y pronto.&lt;br /&gt;—¡Por las barbas de Huam! –el gritó de Fiobun hizo levantar la cabeza a su joven compañero. El rostro del veterano translucía una expresión sorprendida. Pero antes de que pudiese preguntar nada, exclamó— Mira, muchacho. ¡Mira a tu espalda!&lt;br /&gt;Gwyllun obedeció, y cuando vio lo que había sobresaltado a su compañero, su propio rostro reflejó una expresión similar.&lt;br /&gt;Sus compañeros guardias se habían retirado, al igual que Fiobun y él, a la sombra de los edificios, y al igual que ellos, contemplaban con una mezcla de maravilla y temor al khal’rardh y a su único adversario, una hermosa elfa de llameantes cabellos rojizos que empuñando un largo bastón carmesí, lanzaba una y otra vez flechas de pura luz al monstruo.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Tarmuin Tanagrin se había sentido plenamente exultante cuando el Demonio Negro descendió y desapareció al otro lado de las altas e imponentes murallas de Vadramlar. Un torrente de regocijo había recorrido sus venas, enardeciendo su corazón, vigorizando su espíritu.&lt;br /&gt;Ahora, sin embargo, la duda comenzaba a emerger dentro de él, a roerle. A aquellas alturas, el khal’rardh debería haber abierto ya el portón de entrada, permitiendo así la entrada de su ejército en la ciudad.&lt;br /&gt;El soberano de Vanhur soltó un gruñido de irritación. Su mente rememoró las dudas que le había manifestado momentos antes el joven Lord Gharrak acerca del Demonio Negro. ¿Acaso había fallado en sus cálculos? ¿Sería posible que aquella bestia se hubiera liberado, hubiera roto los hechizos que la ponían bajo su control y ahora sembrara el caos y la muerte, dando rienda suelta a su ansia de matar interminable?. Quizás había sido así.&lt;br /&gt;En su interior, el hombre sintió crecer la cólera mientras su mirada se clavaba con intensidad en las blancas y altas murallas de la ciudad, cómo si pretendiera abrir un agujero en ellas sólo gracias a sus ojos. ¡Nada se interpondría en su camino! ¡Nada impediría que viera cumplido su destino!&lt;br /&gt;¡Sería el dueño del mundo!&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Tharial Kholannir y veintitrés de los treinta y seis miembros del Consejo, salieron de la Ciudadela montados a caballo, y rodeados por una escolta se encaminaron hacia la muralla sur. Cabalgando en primer lugar, Tharial se permitió esbozar una sonrisa satisfecha; realmente, se sentía orgulloso de si mismo. Había logrado convencer a más de la mitad de sus iguales de que rendirse al rey vanhurian era la opción más acertada. Tras su comprensible y brusca reacción inicial, Tharial había comenzado a enumerar las razones que le impulsaban a proponer tal medida. La muralla había resistido de manera admirable el primer embate mágico, tal y cómo las leyendas que todos conocían aseguraban, cierto; pero ¿quién podía asegurar firmemente que la magia de la muralla resistiría los siguientes ataques mágicos?. Unos cuántos, Lady Kalandra Novarr Ausundra había sido la más vehemente, habían manifestado sus desacuerdos. ¿Acaso los K’a’hani no cumplían con el Rito de Renovación cada mañana, y así desde hacía un milenio, cumpliendo con la Tradición?. Tharial había asentido, le había dado un punto de razón a su más directa y peligrosa rival. Sin embargo, había contraatacado inmediatamente. Tal vez estarían poniendo demasiada fe en los Preservadores y en la magia que alimentaba la muralla; tal vez, los K’a’hani –los Preservadores—, no supieran realmente por qué hacían lo que hacían. Después de todo, quinientos años atrás habían renunciado a la Hechicería a favor de los Poderes clericales. ¿Quién sabía la manera en que aquel cambio había influido en la muralla? Él, había argumentado con humildad, desde luego que no, y tampoco estaba dispuesto a arriesgar la vida de tantos inocentes sólo por una creencia que podría ser tan verdadera como falsa. Su golpe definitivo llegó con el argumento de que si Su Majestad Tarmuin de Vanhur había logrado esclavizar a un khal’rardh, entonces era más que probable que consiguiera alzarse con la victoria en aquella empresa.&lt;br /&gt;Después de aquello, la mayoría votó por la rendición. Tharial Kholannir Albor había vencido, y Lady Kalandra Novarr Ausundra había abandonado la Sala del Consejo a paso vivo y furibunda, seguida de sus partidarios. Tharial se había sentido complacido al verla vencida.&lt;br /&gt;—No creo que esa mujer se quede de brazos cruzados, Lord Kholannir. –manifestó de pronto la profunda voz de Brenos Rhanmu, el Comandante Superior la Ciudadela, a su lado izquierdo.&lt;br /&gt;Tharial le miró y esbozó una sonrisa.&lt;br /&gt;—Yo tampoco, Brenos. Yo tampoco.&lt;br /&gt;La mirada del soldado se fijo en la suya, unos ojos duros, grisáceos. Era la mirada de un guerrero.&lt;br /&gt;—Puedo enviar a varios hombres a que la arresten. –Tharial sonrió ante el ofrecimiento del Comandante. Brenos no era un hombre demasiado brillante, nunca comprendería las sutilezas del juego político, sin embargo, si era excelente en su puesto. Y si Tharial Kholannir era el Portavoz del Consejo, su deber era protegerlo de cualquier posible amenaza.&lt;br /&gt;—No os preocupéis de Lady Novarr, Brenos. –fue cuanto dijo él. ¿Para qué revelar que ya había dispuesto medidas respecto a la mujer? Tharial confiaba en el guerrero... pero no hasta ese punto.&lt;br /&gt;Brenos no dijo nada, sino que se limitó a lanzarle una inexpresiva mirada. Después, asintió y se retrasó para reunirse con sus hombres.&lt;br /&gt;Justo en ese momento, la tierra se sacudió con violencia bajo ellos.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;El khal’rardh estaba mal herido. Una de sus alas membranosas y negruzcas había sido arrancada de cuajo, y ahora un muñón manaba sangre de un color rojo oscuro, casi negro, cómo si de una fuente se tratase, sin contar los numerosos corte profundos y sangrantes que ya decoraban su enorme cuerpo. Si, se dijo Gwyllun, el Demonio Negro estaba malherido... y muy furioso.&lt;br /&gt;La lucha entre el monstruo y la elfa no se había detenido en ningún momento. De hecho, se había intensificado y recrudecido. El último conjuro de la elfa, una enorme bola de fuego, había inclinado en opinión del joven soldado el combate en su favor. La bola había derribado al khal’rardh cuando éste, tras haberse elevado en el aire a unos buenos veinte metros, se había arrojado sobre la hechicera mientras le lanzaba ráfagas de aire denso y oscuro. La bola ígnea le había impactado y desviado en su vertiginoso descenso en picado; el Demonio Negro había chocado contra el suelo con tanta fuerza que la tierra había temblado bajo los pies de Gwyllun, quien contemplaba todo con ojos abiertos de par en par.&lt;br /&gt;La mirada del joven se posó en la elfa. Ella no había salido tampoco indemne del enfrentamiento. Las negras ráfagas de aire habían causado heridas en la piel de la elfa, aunque por suerte estas habían sido pocas. A los ojos de Gwyllun las más graves eran las que había sufrido en el hombro izquierdo y en la mano del mismo lado. Pese a que el joven se encontraba a algo más de doce metros, podía ver con más o menos claridad los delgados zarcillos de humo cerúleo que ascendían de la piel en ambas zonas heridas, ahora tornadas éstas en un color verduzco y amarillento bilioso. Sorprendentemente, Gwyllun sintió inquietud por el estado de aquella desconocida.&lt;br /&gt;De pronto el khal’rardh abrió su horrible boca dentada y rugió, atrayendo nuevamente la atención del joven soldado. El silencio que lo siguió fue tan absoluto, tan marcado en comparación que pareció prolongarse durante unos interminables minutos en lugar de unos segundos. Demonio y elfa, ambos se contemplaron con fijeza, con odio. Pero el del primero era una ardiente mirada preñada de sed de sangre, mientras que la segunda era una mirada fría, que reflejaba venganza.&lt;br /&gt;Gwyllun supo entonces que el combate no se prolongaría mucho más.&lt;br /&gt;Al otro lado de la plaza, la elfa alzó su bastón y la luz azulada que nació en su extremo superior comenzó a envolverla. La hechicera iba a efectuar el ataque final.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El halcón, de brillantes plumas doradas y rojizas, se posó en uno de los torreones de la Puerta Meridional. Sus garras rasparon sobre la piedra del alféizar de la ventana de la estructura y el ave lanzó un graznido mientras agitaba majestuoso sus alas y su emplumada cabeza. Al segundo siguiente, el halcón desapareció en el interior de la torre almenada.&lt;br /&gt;Si alguien hubiese mirado hacía arriba, seguramente se habría sorprendido al contemplar que tras la desaparición de la rapaz, de la ventana surgió un relampagueante resplandor dorado, y cómo un hombre joven ataviado con una túnica carmesí se asomaba a la ventana del torreón de vigilancia.&lt;br /&gt;Apoyando sobre el alféizar, Gharrak a’Kalemra de Urvoda fijó sus ojos en el Demonio Negro mientras éste despedazaba a los soldados que se arrojaban sobre él. Su rostro se mantuvo impasible mientras observaba la carnicería, y realmente aquello no le afectaba. Para cualquier vanhurian la vida era lo suficiente salvaje y violenta como para que aquello le pudiera resultar conocido.&lt;br /&gt;El sonoro chirrido de los goznes de una puerta al abrirse, llegó en algún punto a su espalda. Inconscientemente, Gharrak giró sobre sus talones, extendió las manos hacia el frente y pronunció el primer conjuro que acudió a su mente.&lt;br /&gt;El arquero daiano que en ese momento entraba en la atalaya no tuvo tiempo de manifestar sorpresa al verle, ni siquiera pudo gritar antes de que la onda de denso aire, tan cortante como una cuchilla, conjurada por el Hechicero le partiese por la mitad.&lt;br /&gt;Con un ruido sordo, la parte superior del cuerpo cayó sobre el enlosado, vertiendo sangre en su caída, y tras ella. Un espeso charco de sangre se formó en pocos segundos. Poniendo cuidado para no pisarlo, Gharrak se asomó presuroso por el hueco de la puerta. Ésta daba a una escalera de caracol, contando un rellano previo aunque demasiado pequeño para llamarlo así. A una distancia de metro y medio, las antorchas que colgaban del muro externo iluminaban las oscuras piedras de la escalera. No se oían ni voces ni el ruido de botas ascendiendo por ella. Con cuidado, Gharrak se introdujo de nuevo en el interior de la atalaya y cerró suavemente la puerta. Los goznes chirriaron quedamente, e igual de quedo fue el chasquido de la cerradura cuando la puerta encajó en su sitio.&lt;br /&gt;De repente, se quedo quieto, completamente inmóvil. Casi dejó de respirar. El aire había adquirido algo distinto, pero a la vez tan familiar en la vida de un hechicero. Los pelos de la nuca y de sus brazos se le habían puesto de punta, el corazón le latía más deprisa. De repente su cuerpo se había puesto alerta. Gharrak sabía la razón. Alguien estaba utilizando la Magia... aunque de una manera extraña.&lt;br /&gt;A paso vivo, el joven vanhurian caminó hasta la ventana y se asomó. Lo que vio le hizo arrugar el entrecejo, pensativo y levemente preocupado. El Demonio Negro sólo tenía por oponente ahora a una mujer de cabellos rojizos, quien con cuyo bastón le atacaba una y otra vez con bolas de fuego y rayos ¿Podría ser que uno de los Clérigos de Melanna hubiese acudido a enfrentarse al khal’rardh? No, eso era algo del todo imposible. O como poco, improbable.&lt;br /&gt;No, aquella manera de emplear la Magia no se parecía en nada a la que se enseñaba en Vanhur –y en el resto de Escuelas de las Artes Arcanas, según recordaba de los tiempos en que fue aprendiz—. Era Magia, de eso no cabía duda; pero nada en su sensación, en su percepción, indicaba que fuera semejante a los conjuros utilizados por los clérigos y los sacerdotes. Era Magia, pero... Gharrak gruñó, sintiéndose invadido por la frustración al no poder comprender con exactitud lo que sentía.&lt;br /&gt;Musitando cuatro palabras de poder, su cuerpo volvió a sufrir un cambio. De nuevo, un halcón de plumas doradas y rojizas alzó el vuelo y abandonó la atalaya.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Decir que el rey estaba furioso habría sido quedarse corto en la apreciación. Con un brusco tirón, Tarmuin Tanagrin retiró la hoja de su espada del cuerpo que acababa de ensartar. El destrozado cadáver del hechicero que había sido Azuer a’Jhogan cayó pesadamente sobre el suelo terroso, empapándolo con un torrente de sangre y vísceras.&lt;br /&gt;Nadie se movía a su alrededor, ni siquiera osaban respirar sonoramente.&lt;br /&gt;—Alhanda. Yrkan. Quiero ver derribada esa muralla. –la voz profunda del Rey fue tornándose más y más gélida a medida que hablaba— Quiero ver ejecutados a la mitad de sus habitantes. Quiero las cabezas del Consejo y sus familiares. Y lo quiero antes de que termine el día.&lt;br /&gt;El monarca clavó las espuelas en los flancos de su montura y haciéndola cabriolar, se alejó cabalgando ladera abajo, hacía la enorme carpa que constituía su tienda.&lt;br /&gt;Con la faz vacía de color, Alhanda a’Kalemra contempló como su señor se alejaba. ¡Por todos los Dioses! ¡Podría haber sido ella en vez de Azuer!&lt;br /&gt;—Despertad. –la mujer giró rápidamente la cabeza, su miedo reemplazado por la cólera. Cuales dagas, sus ojos miraron fijamente a Yrkan Almuran.&lt;br /&gt;—Ya habéis oído, mi Señora. Nuestro Rey quiere la ciudad y la quiere ahora. –sin dedicarle por más tiempo su atención, el adusto General Supremo de los Drahkkoran se volvió hacia sus igualmente oficiales de rostros pétreos. Cinco de los Doce Comandantes habían acudido con el ejército junto a sus correspondientes guerreros; en total sumaban poco más de ochocientos de aquellos salvajes entre los salvajes, fanáticos entre los fanáticos, guerreros sin cerebro que vivían y morían cuando y donde su Rey apuntase.&lt;br /&gt;Con gesto envarado, la altiva hechicera hizo girar a su grácil yegua y se alejó hacia el apartado grupo de hombres y mujeres ataviados con largas túnicas de oscuros carmesíes, apagados dorados y plateados y sombríos azules.&lt;br /&gt;—Debo hablar con mi hermano de inmediato, Thaora...&lt;br /&gt;—Lord Gharrak no se encuentra aquí, Alta Dama. –repuso la morena mujer, una hechicera de esbeltas caderas y rostro afilado, lo suficientemente llamativo para despertar ciertos celos en Alhanda; la Hechicera de Urvoda nunca había soportado a ninguna mujer que despertase el interés de los hombres... salvo que esa mujer fuese ella misma.&lt;br /&gt;Alhanda se limitó a contemplarla inexpresivamente. La muerte de Azuer llameó en su mente como un recordatorio.&lt;br /&gt;—Entonces, Thaora, buscadle. U os prometo por todos los dioses que antes de enfrentarme a la ira de nuestro Rey vos moriréis primero.&lt;br /&gt;En la delgada cara de la mujer de esfumó el color. Thaora era una de las pocas vanhurian cuya piel era casi tan nívea como la nieve, pero tras palidecer parecía más bien una estatua. Tras una profunda genuflexión, la hechicera se marchó apresuradamente a cumplir las órdenes.&lt;br /&gt;Poco más tarde, mientras Alhenda se encontraba en su tienda, recostada sobre su cómoda butaca y saboreando el dulce néctar de miel servido por su sirviente, Thaora entró. Por la palidez de su rostro, Alhenda pudo imaginarse lo que le iba a comunicar.&lt;br /&gt;—Alta Dama, yo... –las palabras murieron en su garganta, se convirtieron en un inarticulado gorgoteo.&lt;br /&gt;Las piernas de la subalterna le fallaron y la mujer se vino abajo pesadamente, derrumbándose como un fardo. Alhenda no se inmutó, ni se movió. Permaneció tranquilamente sentada en su acolchonada butaca, observando impávida como Thaora se agitaba frenéticamente y se agarraba con ambas manos la garganta intentando respirar.&lt;br /&gt;La hechicera de Urvoda agitó un par de veces los dedos de la mano derecha mientras sus labios pronunciaban quedamente palabras susurrantes y extrañas. Cuando terminó, las sacudidas de la otra mujer se volvieron más violentas, el rostro adquirió rápidamente una tonalidad purpúrea. Viendo como agonizaba, los labios de Alhenda, sensuales, se curvaron en una sonrisa cruel, satisfecha.&lt;br /&gt;—Basta, Alhenda.&lt;br /&gt;Sorprendida, la mujer alzó bruscamente la cabeza hacia la entrada de su tienda. Mientras contemplaba como su hermano entraba en el habitáculo, fue ligeramente consciente de cómo su hechizo se rompía. Thaora, tendida entre ambos hermanos, había dejado de debatirse y ahora respiraba entrecortada y sonoramente.&lt;br /&gt;Sin embargo, la suerte de la hechicera menor había dejado de interesar a Alhenda. Su expresión de sorpresa desapareció, sustituida por el severo ceño que también conocía su hermano menor.&lt;br /&gt;—¿En el nombre de Ehluras, se puede saber donde has estado, Gharrak?&lt;br /&gt;Por toda respuesta el joven de oscuros cabellos esbozó una sonrisa. Luego avanzó unos pasos y se agachó junto a Thaora, a quien ayudó a levantarse. El rostro de la mujer estaba pálido, pero se notaba que estaba recuperando el color a medida que su respiración se iba normalizando. Cuando los ojos de Thaora se posaron en Alhenda, se le abrieron como platos, comenzó a llorar y a temblar. El Alto Hechicero le susurró algo al oído, lo que pareció tranquilizar a la mujer. Salió con ella de la tienda.&lt;br /&gt;A su regreso, Alhenda se encontraba todavía sentada. Le miró intensamente, intentando dilucidar el extraño comportamiento de su hermano. Gharrak nunca había sido un alma caritativa, ni altruista. Ni un defensor en contra de las injusticias. Como ella, era en todos los sentidos un vanhurian. Despiadado. Ambicioso. Puede que algo menos que ella, pero siempre había sabido lo que pensaba Gharrak casi tan bien como si pudiese leerle la mente. Ahora en cambio...&lt;br /&gt;Gharrak se caminó hacia ella y tomó asiento en la otra butaca que su hermana tenía para recibir visitas. Aquella sonrisa intrigante apareció de nuevo, lo que irritó a la mujer.&lt;br /&gt;—¿Me contarás ahora lo que sucede, hermano?&lt;br /&gt;La sonrisa de Gharrak se ensanchó.&lt;br /&gt;—El khal’rardh está muerto. –anunció y soltó una queda risotada. A Alhenda se le encogió el corazón. Se inclinó hacia delante, con los ojos entrecerrados echando chispas.&lt;br /&gt;—¡Estúpido! –siseó— ¡Si el Rey descubre que has matado a su mascota…..!&lt;br /&gt;—Tranquilízate, hermana. Yo no fui… pese a que entre en la ciudad con esa intención, bien lo sabe Ehluras. –Gharrak se recostó en el alto respaldo de su asiento, agitó una mano y al instante apareció una copa llena de oscuro y rojo vino en ella. Tras sorber un trago, prosiguió:&lt;br /&gt;—Lo hizo una hechicera elfa.&lt;br /&gt;Alhenda volvió a recostarse, mientras soltaba un sonoro suspiro lleno de alivio y perplejidad. Aliviada por que su hermano no se hubiera puesto en posición desfavorable a los ojos del Rey Brujo, aliviada también al saber que el Demonio negro había dejado de representar un peligro en potencia. Sin embargo, el asunto de la hechicera elfa…&lt;br /&gt;—Cuéntame todo lo que hayas visto. Tal vez podamos utilizar este imprevisto en nuestro beneficio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yllianna se dejó caer sobre el taburete de amplio asiento y recostó la espalda sobre el frío muro de piedra de la sala parroquial de la posada en la que se alojaba. Extenuada hasta cotas imposibles de imaginar, la elfa cerró los ojos. Debía descansar lo que pudiese.&lt;br /&gt;No tardó en concentrarse, sumiéndose en un estado de meditación que solamente el Pueblo élfico, y los magos, podrían llegar a conseguir. Su organismo comenzó el trabajo de reponer las energías gastadas, mientras ella se relajaba más y más. Con todo, una parte de su consciente siguió prestando oídos a la conversación que se desarrollaba a unos metros de ella. Aquel grupo de humanos hablaba en tono quedo, pensando así que ella no podría escucharles. Qué poco sabían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay que encerrarla. –dijo, categóricamente, Tharial Kholannir. –Sabéis, como yo, que la magia está prohibida en cualquiera de las ciudades-estado de Daia.&lt;br /&gt;—Ha salvado a la ciudad, Portavoz Albor. Mató a un khal’rardh. –añadió la Consejera Ausundra, con énfasis. Entre los otros miembros del Consejo se alzó un murmullo de asentimiento. Como bien sabía todos, sólo tres personas habían vencido a uno de ellos en combate singular; los tres, poderosos guerreros por méritos propios.&lt;br /&gt;—Eso sólo, es motivo suficiente para exculparla de cualquier delito. –terció la voz de una mujer joven, Lady Jhealna Labbyn Uhrrdias, miembro del Consejo desde hacia unos meses –tras la trágica muerte de su padre— y simpatizante de Lady Kalandra Novarr Ausundra.&lt;br /&gt;Tharial se sentía cada vez más irritado. Ambas mujeres llevaban cerca de diez minutos protestando una y otra vez, acosándole sin tregua. Ha decir verdad, Mellanna era testigo, se sentía bastante tentado de ordenar a Rhanmu que se ocupase de ambas Consejeras.&lt;br /&gt;Pero de momento podía esperar. Se volvió y llamó con la mano a un soldado.&lt;br /&gt;—Comunica al resto de miembros del Consejo que se celebrará una reunión extraordinaria en media hora. Que acudan a este establecimiento con la máxima diligencia.&lt;br /&gt;Una vez dadas las órdenes, el soldado saludo marcialmente y abandonó a la carrera la posada. Tharial volvió su atención a las dos mujeres.&lt;br /&gt;—El Consejo decidirá el destino de la elfa. —ambas mujeres asintieron, como si hubieran ganado con sus argumentos. El Consejero Albor reprimió una involuntaria sonrisa al pensar que el Consejo decidiría lo que él indicase.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Habían transcurrido ya cerca de cuatro horas desde que el ejército vanhurian plantó cerco a la ciudad y comenzó a asediarla con catapultas, flechas incendiarias, y todo tipo de conjuros de ataque que un mago podía desplegar, mientras en el interior de Vadramlar el Consejo se había reunido para deliberar el destino de la hechicera elfa que había acabado con el khal’rardh y salvado muchas vidas. Incluso su dirigente en la batalla, el mismísimo Rey Brujo Tarmuin Tanagrin, había soltado a su mascota, un khal’rardh, para que le abriese las puertas de la ciudad y en el proceso acabase con cuantos más defensores mejor... Y hasta aquel momento, todo había sido inútil.&lt;br /&gt;El combate se desarrollaba ahora cuerpo a cuerpo, cosa que para el veterano General Supremo Almuran era algo incomprensible. La fiereza con que los vanhurian combaten es legendaria, y se remonta a tiempos anteriores a la unificación de Vanhur como reino cuando ellos no eran más que un conglomerado de tribus guerreras y salvajes. Eso, sin añadir que los drahkkoran eran doblemente temidos.&lt;br /&gt;Sencillamente por ello no dejaba de sorprenderle la valentía demostrada por los vadramlanos. Hacía apenas unos minutos que la puerta principal de la ciudad se había abierto y por ella había surgido un contingente de soldados que rondaba algo más del millar de espadas, que había diezmado casi en un suspiro a las tropas regulares de Vanhur. Entonces él había bramado el grito de guerra vanhurian, un grito que los niños de su tierra aprendían casi al tiempo que a andar, y había llevado a sus hombres al mismo corazón de la batalla.&lt;br /&gt;Y los vadramlanos les habían recibido con igual firmeza. Ya habían caído dos de los Cinco Comandantes drahkkoran. Gorbak Yrrasor, descuartizado como a un cerdo por una Sacerdotisa Guerrera de Cyanna a la cuál había herido de muerte previamente. Phaluan Quemar, empalado por dos lanceros. No obstante, Yrkan no estaba ni remotamente preocupado. Gorbak y Phaluan habían sido excelentes guerreros, pero de los Cinco, habían sido los menos importantes. A unos metros a su derecha podía ver el avance imparable de Elorn Bhakkir, cuya descomunal figura enlatada en la armadura oscura drahkkoran resaltaba como una inmensa montaña entre romas cordilleras. Elorn empuñaba con ambas manos una enorme hacha de doble hoja —sus hombres la llamaban Huirnarngh, Hacedora de Viudas— que segaba las vidas de sus enemigos con un solo golpe.&lt;br /&gt;No muy lejos del gigante vanhurian estaba su esposa, Issara Bhakkir. La mujer era una de las pocas hembras drahkkoran que existían, pero Yrkan sabía que valía tanto o más que su esposo. Issara era pequeña, marcado contraste con su descomunal cónyuge, pero en el campo de batalla se desenvolvía como una serpiente y allí donde pasaba ella un guerrero daiano caía muerto.&lt;br /&gt;Tuvo que volver a concentrar su atención en su propia persona cuando un fornido guerrero salto frente a él. La usada cota de malla, y las pieles que le cubrían así como sus rubios cabellos y sus ojos profundamente azules, proclamaban su sangre aesaín. El hacha que enarbolaba descendió sobre Yrkan en un tajo oblicuo, directo al costado izquierdo. El espadón del drahkkoran ascendió relampagueante e interceptó el golpe, entonces con un brusco giro de muñecas, Yrkan trabó su acero con la hoja curvada del hacha enemiga y tiró hacia el lado contrario. El fornido aesaín se quedó perplejo al ver como su hacha salía despedida. Yrkan, sin detenerse, trazó un arco descendente de derecha a izquierda y su oponente cayó al suelo muerto, manando sangre por la terrible herida que le acababa de abrir en canal. El General Supremo Almuran alzó la cabeza, buscando un nuevo enemigo. Aquel combate le había enardecido la sangre y deseaba un nuevo enfrentamiento.&lt;br /&gt;En el momento que miró a su costado derecho, vio como un guerrero vadramlano cubierto de sangre surgía del caótico corazón de la batalla y corría directo hacia él. Pero Issara Bhakkir se interpuso entre ambos. La mortífera mujer sonreía bajo el yelmo alado y sus ojos oscuros lanzaron destellos asesinos mientras descargaba un golpe directo al corazón del recién llegado… y que éste detuvo con un fluido movimiento de una de sus dos espadas cortas. Un recuerdo de una batalla largo tiempo pasada sacudió la mente del General Drahkkoran, y los ojos se le abrieron de golpe.&lt;br /&gt;—¡No, Issara! –gritó, mientras observaba impotente como la fiera mujer se lanzaba al ataque contra su oponente.— ¡Huye!¡ Ese es el Elegido de Cyanna!&lt;br /&gt;Sin embargo, poseída por el furor de la batalla, Issara Bhakkir no le oyó. Yrkan intentó lo único que podía; salió corriendo con la esperanza de alcanzarla antes de que ocurriera la tragedia. El tiempo pareció ralentizarse, las piernas parecían pesarle más de un quintal.&lt;br /&gt;Pero Ehluras había reclamado el alma de la guerrera vanhurian, y cuando aquel dios oscuro reclama algo siempre lo obtiene. Justo cuando el General estaba a menos de dos pasos, las dos hojas cortas del Consorte de la Batalla tajaron en un golpe cruzado que sorteó las defensas de Issara. Y le cortaron la cabeza. Un chorro de sangre salpicó el yelmo de Yrkan, mientras éste observaba con la boca abierta en un grito silencioso como el cuerpo decapitado se derrumbaba entre borbotones obscenos.&lt;br /&gt;Un bramido casi inhumano resonó en el campo de batalla, un sonido estruendoso que sacó al General vanhurian de su inmovilidad. Sabía quién había gritado, pues aquel grito expresaba su mismo sentir.&lt;br /&gt;Apenas tuvo tiempo de apartarse cuando Elorn Bhakkir llegó hasta ellos y atacó salvajemente al asesino de su esposa con aquella terrible hacha suya. Su oponente alzó una de sus espadas cortas, bloqueando el descenso de Huirnarngh con una resistencia inusitada. El enorme drahkkoran abrió los ojos sorprendido. ¡Aquella débil y corta hoja debería haberse quebrado en mil pedazos bajo el golpe de Huirnarngh! Yrkan abrió la boca para avisar a su enorme compatriota, pero la volvió a cerrar. Nada de lo que dijera tranquilizaría a Elorn.&lt;br /&gt;Girando sobre sus talones, el General Drahkkoran se alejó corriendo abandonando al mejor de sus Doce Comandantes a su suerte. El ansia de venganza asesina de Elorn sólo cesaría con su muerte, pues ese era el destino que le aguardaba enfrentándose contra Varacin Kaladiandar, el Consorte de la Batalla. Mientras corría las lágrimas se derramaron por sus mejillas, las primeras lágrimas en su vida; e ignoró el dolor que causaba su sal al entrar en contacto con las heridas incurables que decoraban su rostro. El dolor que sentía en su pecho era mil veces más punzante que aquello. Era como si le hubieran arrancado la mitad del corazón.&lt;br /&gt;¿Pero acaso no es así cuando un padre ve morir a su hija?&lt;br /&gt;Dieciséis años atrás Yrkan Almuran se había sentido inmensamente orgulloso cuando su única hija, Issara, comenzó su entrenamiento como drahkkoran. Ahora, mientras dejaba atrás cada vez más lejos el cadáver decapitado de su hija, Yrkan maldijo aquel momento y se maldijo a sí mismo. Varacin Kaladiandar podía haber descargado el golpe mortal sobre Issara pero él se sentía como el verdadero verdugo.&lt;br /&gt;Apenas fue consciente de que en algún instante de su huída dejaron de oírse los bramidos de rabia de Elorn, sustituidos sólo por un silencio mortal. A su lado huían también muchos soldados supervivientes así como algo menos de la mitad de la élite drahkkoran.&lt;br /&gt;Por primera vez en su historia, los Drahkkoran habían sido obligados a retirarse. Y, para mayor, vergüenza, Rhanen Kaadi, el último de sus Cinco Comandantes que había traído, había sido cegado, convertido en un inútil hasta el fin de sus días.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Tharial Kholannir Albor reprimió el exabrupto que iba a soltar, al mirar como la puerta de la cámara privada que el posadero les había facilitado se abría y dos ancianos, un hombre y una mujer de aspecto majestuoso, entraban en ella. Su mirada se posó rápidamente en el rostro de Lady Kalandra, su rival más poderosa, pero la expresión de pura sorpresa que se reflejaba en el rostro de la Consejera le indicó que ella no había metido mano en aquel asunto. Devolvió sus ojos al frente y esbozó rápidamente una sonrisa de bienvenida a los recién llegados.&lt;br /&gt;—Nos sentimos honrados por su presencia, Eminencias. –hizo una ligera reverencia primero a la mujer y luego al hombre. Éstos le devolvieron el saludo con una ligera inclinación de sus cabezas, aunque ninguno le devolvió la sonrisa.&lt;br /&gt;—La Luminiscente Mellanna te otorgue su bendición, Portavoz Kholannir. –manifestó la anciana. Pese a los años que aquella mujer había vivido ya, Lorelai Tural Jaidranè, Cabeza de los Preservadores, los K’a’hani, seguía siendo tan musical y seductora como la de una doncella.&lt;br /&gt;El anciano, vestido con identica túnica azul celeste aunque con mayores adornos, se limitó a mirarle ceñudamente. Tharial reprimió el miedo que comenzaba a surgir en su interior. Por alguna razón, siempre había sentido miedo cuando se encontraba frente al Supremo Sacerdote de Mellanna, Gaeron Khofal Thaemar.&lt;br /&gt;—Me gustaría saber, Portavoz –dijo el anciano tras el corto pero tenso silencio que siguió a las palabras de su compañera.— en el nombre de Mellanna, quien os a dado la potestad para juzgar a alguien por practicar la Hechicería.&lt;br /&gt;¡Por todos los dioses de la Luz, del Equilibrio y de la Oscuridad! Blasfemó en su mente Tharial. ¿Cómo se habían enterado con tanta rapidez en el Templo?&lt;br /&gt;—Tenéis razón, Eminencia. –repuso con voz tranquila, pese a que en su interior bullía de ira y frustración, buscando alguna vía de escape que tomar en aquel asunto. E, inclinando la cabeza, añadió:&lt;br /&gt;—Perdonad mi presunción, sólo pensé que dada la situación de emergencia debíamos actuar con la mayor rapidez en este asunto. Mi único propósito era el aplicar y hacer cumplir la antigua ley daiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gaeron le miró con los ojos entrecerrados ligeramente, y al Portavoz del Consejo se atragantó de nuevo. Aquellos ojos grises eran tan fieros como los de un halcón y estaban tan firmemente clavados en él como si deseasen horadar su frente y rebuscar en su mente. Por Laata La De Las Dos Caras, que la mayoría de las veces un llegaba a creer que realmente, el Supremo Sacerdote podía leer los pensamientos.&lt;br /&gt;Entonces el anciano dejó de mirarle a él y dirigió sus ojos a la figura recostada sobre una de las paredes de la estancia. La elfa tenía los ojos cerrados y su pecho –bastante notable sea dicho— subía y bajaba con una cadencia lenta y rítmica, por lo que cualquiera llegaría a la conclusión de que dormía. Sin embargo, Gaeron sabía que no era así, al menos no exactamente.&lt;br /&gt;El anciano se dio la vuelta y se dirigió al primer asiento que encontró libre. Uno a decir verdad, y que momentos antes había sido del Portavoz Kholannir. Por supuesto, éste no osó protestar o decir palabra alguna. Podría considerársele cualquier apelativo, pero estúpido no desde luego.&lt;br /&gt;—Aguardaremos a que la elfa despierte. –fue tan sólo lo que dijo Gaeron. Todos los miembros del Consejo asintieron. La joven Lady Jhealna dejó libre su asiento y se lo ofreció a la Preservadora. Lorelai le dedicó una amplia sonrisa a la joven y mientras ocupaba el asiento alabó lo estupendamente que le sentaba aquel traje verde suyo.&lt;br /&gt;En el otro extremo de la estancia, Tharial, de pie, se apoyó contra el costado de un armario, e interiormente se preguntaba si la Fortuna le había vuelto la espalda ahora, cuando le había mostrado tanto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Nadie más salvo el temido Rey Brujo de Vanhur se encontraba en la Tienda de Mando. Nadie poseía los suficientes redaños para ello, ni siquiera el General Supremo de los Drahkkoran Yrkan Almuran había permanecido en su interior tras informar de la derrota sufrida aquel nefasto día.&lt;br /&gt;Sin el grotesco yelmo coronado por un dragón alado de oro y negro, Tarmuin Tanagrin poseía un rostro de fuerte construcción, cuadradas mandíbulas y rasuradas, oscuros cabellos y unos ojos grises tan gélidos como los lugares más recónditos de la Tierra de Hielo, situada a miles de kilómetros de allí al norte, una vez se traspasaban los escarpados picos del Muro Helado. Desde luego, ninguna mujer habría negado que Tarmuin era un hombre más que apuesto, y sin embargo, al rey vanhurian poco o nada le interesaba aquello. No le interesaban las mujeres, salvo para satisfacer su necesidad sexual cuando ésta le acuciaba, cosa que las mujeres de su harén cumplían a la perfección. Y el matrimonio le interesaba muy poco. Un vez que le llegara la hora, su puesto lo heredaría cualquiera de las dos docenas de bastardos que tenía; el mejor, el más capacitado para el gobierno y la guerra.&lt;br /&gt;Sin embargo, ahora su atractivo se veía ensombrecido por la cólera que reflejaba su semblante. ¿Cómo osaba el Elegido de Cyanna entremeterse en sus asuntos? Tarmuin habría deseado levantarse, salir de su tienda y acudir al encuentro del Consorte de la Batalla... pero no lo hizo. Varacin Kaladiandar había acabado con la vida de muchos reyes tan poderosos como él, incluso más. Y ellos habían sido los enemigos más débiles con cuántos se había enfrentado en su centenaria vida. No, si luchase contra Varacin no habría duda alguna de cuál sería el vencedor.&lt;br /&gt;Movido por un impulso inconsciente, el monarca se introdujo una mano por el resquicio que mediaba entre el interior de su coraza y su musculazo pecho. Y cuando la retiró entre sus dedos asomaba un colgante de rojiza cadena, de la que pendía un símbolo extraño, indescriptible, caótico, y concebido con el mismo material de color sangriento que la cadena.&lt;br /&gt;Tarmuin contempló durante largo tiempo aquel extraño medallón, su rostro indescifrable, vacíos sus ojos de cualquier sentimiento. Pero no tardó demasiado en llegar a una resolución, ni tampoco resultó está inesperada. Aquel medallón maldito era el precio de su ambición, pero también el símbolo de la obtención de lo que ansiaba. Un círculo vicioso aquel en el que se introdujo por propia voluntad... y ahora no había marcha atrás.&lt;br /&gt;Cerrando los ojos, apretó con fuerza el objeto, y cualquier otro se habría quebrado bajo la presión de su increíble fuerza, salvo aquello; pues no había sido creado por manos mortales. De inmediato se concentró, tomó poder del Crisol, de los Vientos de la Vida y de la Muerte –como los humanos designaban al lugar de donde tomaban la energía para crear sus conjuros—, y recitó una letanía, palabras en un idioma largo tiempo olvidado, conocido sólo por unos pocos, viles o santos, y cuya sonoridad erizaba los pelos y encogía el estómago.&lt;br /&gt;“Mi Dios y Señor”, musitó mentalmente Tarmuin. E inmediatamente le invadió un sentimiento de abrumador vacío, de insoportable algidez y comenzó a temblar. Odiaba temblar, él nunca había temblado ante nada, ni siquiera siendo un niño. Muchos opinarían que resultaba comprensible que lo hiciera, dada la situación, pero... Odiaba tener miedo.&lt;br /&gt;Entonces el vacío desapareció de golpe, sustituido por la avasalladora proximidad de un ente de terrible poder.&lt;br /&gt;“Aquí estoy, mi Heraldo.” Anunció una profunda y abrumadora voz en su mente, la voz de Ehluras, Dios de la Destrucción.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Entiendes, Yllianna de Jheera, las acusaciones que pesan sobre tu persona?&lt;br /&gt;De pie, rodeada por todos los miembros del Consejo, y una docena de guardias, la elfa mantenía una expresión resuelta pese a todo. Desde luego, nadie viéndola de tal guisa pensaría que la estaban juzgando.&lt;br /&gt;—Si, Eminencia. –respondió con su clara y cristalina voz la elfa.&lt;br /&gt;—¿Y el castigo que ello conlleva? –volvió a hablar Ghaeron Khofal Themar, el Supremo Sacerdote de Mellana, Diosa de la Vida.&lt;br /&gt;—Sólo hice lo que en ese momento fue adecuado, Eminencia. Lo hice, pese a saber de antemano las leyes que rigen Daia. –Yllianna permaneció en silencio durante un breve instante, y luego, firmemente, agregó:&lt;br /&gt;“Aceptaré la muerte, si así lo decretáis.&lt;br /&gt;Entonces la hechicera elfa tomó asiento y calló definitivamente. Entre los Consejeros que presenciaban el juicio se elevó un murmullo, pero que a los agudos oídos de la elfa resultaban claramente audibles. Eran muestras de respeto y también de desconcierto, pues había aceptado de tan buena fe que su destino dependía de lo que allí se decidiera.&lt;br /&gt;Frente a ella, los rostros del Supremo Sacerdote de Mellanna, de la Primera Preservadora, y del Portavoz del Consejo permanecían juntos, mientras conferenciaban en bajo voz. Poseería un fino sentido auditivo, pero aquella conversación se escapaba de su escucha. Uno de los dos ancianos clérigos debía haber establecido un conjuro de silencio sobre sus palabras. Así pues, serían ellos quienes decidieran su destino.&lt;br /&gt;Al menos, el khal’rardh estaba muerto, pensó satisfecha la elfa. En su interior se sentía tan tremendamente exultante que de haber sido otra la situación, y quizás junto a rostros más conocidos que aquellos que la rodeaban, habría bailado y reído con verdaderas ganas. ¡Por todo lo que era sagrado y bueno! ¡Había matado a un khal’rardh! Y había salido con vida; con muchas heridas, pero con vida. Y ni había perdido un ojo como Druim de los Picos Tempestuosos ni una mano como su rey, L’ankarir Fenrr. Aquel súbito pensamiento hizo que el suave y delicado ceño de Yllianna se frunciera en un gesto que resultó encantador. ¿En qué la convertía su hazaña? ¿una heroína?&lt;br /&gt;—¡Me opongo! –la elfa retornó bruscamente a la realidad, y miró al emisor de aquellas airadas palabras. El Portavoz del Consejo estaba ahora de pie, con el rostro rojo de furia, mientras contemplaba fijamente a los dos clérigos. Éstos permanecían aún sentados y miraban al hombre más joven con rostro placido.&lt;br /&gt;—Es nuestra decisión, Portavoz Kholannir. –manifestó Lorelai, la Preservadora.&lt;br /&gt;—Yo soy el Portavoz, el dirigente de esta ciudad y...&lt;br /&gt;—Desiste, Tharial. No harás que cambiemos de idea.&lt;br /&gt;—¡La Ley debe obedecerse! ¡La elfa debe morir! –gritó Tharial, su rostro congestionado. Sus manos crispándose...&lt;br /&gt;—Y yo digo, que si osas tocar a la elfa, Portavoz, me encargaré personalmente de mandarte vivo al profundo infierno donde Ehluras reina. –manifestó una gélida pero suave voz, desde el otro extremo de la estancia. Estaban en la sala parroquial de la misma posada a la que habían llevado a Yllianna, la misma en la que tenía alquilada una habitación en la segunda planta. Temeroso de tener a tan distinguidos visitantes, el posadero no había mostrado oposición alguna cuando se le comunicó que necesitarían aquella sala para su repentina reunión. En menos de media hora, el delgado posadero había echado de la sala parroquial hasta el último hombre y había dado el resto del día libre a todas las camareras.&lt;br /&gt;Y, era al principio de aquella sala, hacia donde todas las cabezas se volvieron para contemplar a un hombre alto, de piernas esbeltas y anchos hombros, vestido de pies a cabeza de cuero negro. Sus cabellos, tan rubios que casi parecían blancos, eran largos pero los llevaba recocidos hacia atrás en una cola de caballo, lo que dejaba despejado su rostro, de facciones más que atractivas. A ambos lados de sus caderas pendían dos espadas cortas.&lt;br /&gt;—¡Brenos! –vociferó Tharial, tras un corto silencio en el que había observado al extraño. Por la puerta entró el fornido y adusto comandante de la guardia de Vadramlar. Tenía una expresión extraña. Kholannir prosiguió, mascullando cada palabra como si estuviera mascando un trozo de cuero— Se te ordenó que nadie debía entrar aquí. Nadie.&lt;br /&gt;—Si, Portavoz. Pero lord Kaladiandar no es nadie.&lt;br /&gt;—Entonces… —Tharial se detuvo en seco, y abrió los ojos hasta que asemejaron platos. Entre los reunidos ya se extendía un leve rumor. Sus ojos miraron de nuevo al extraño— Lord Kaladiandar…?&lt;br /&gt;—Eso es, Portavoz, aunque tal vez “Lord” sea un título demasiado teatral para nombrarme. Y en cuanto a la elfa… Simplemente seguirá como hasta ahora. Viva.&lt;br /&gt;Demasiado perplejo por la persona que tenía delante, las palabras del Portavoz fueron tranquilas esta vez&lt;br /&gt;—Pero… Elegido, ha roto la Ley de Daia al utilizar la hechicería. Y la Ley dice…&lt;br /&gt;Le interrumpió Varacin, con una sonrisa en su rostro.&lt;br /&gt;—Responded a mi pregunta, entonces. ¿Os arriesgaríais a provocar la ira del Pueblo de los Elfos, y sabiendo que la trasgresión de Yllianna fue un beneficio para vuestra salvaguardia? ¿Qué salvó numerosas vidas?&lt;br /&gt;Tharial frunció el entrecejo.&lt;br /&gt;—¿Una guerra con los Elfos? ¿Por ajusticiar a un miembro de su pueblo?&lt;br /&gt;Las carcajadas de Varacin resonaron en la sala.&lt;br /&gt;—Una guerra, si. Y no acabaría hasta que el último vadramlano fuera muerto. Los Elfos no suelen tener clemencia de aquellos que derraman la sangre de sus reyes. –El Elegido de Cyanna se acercó entonces hasta donde la elfa permanecía sentada, y con la cabeza gacha. Le puso una mano sobre el hombro derecho. – Levántate, Yllianna Fenrr, princesa de Jheera, sobrina del Rey de los Elfos.&lt;br /&gt;Yllianna alzó el rostro, y lentamente se incorporó. Miró uno a uno cada uno de los rostros que la observaban anonadados. Era como si ahora la vieran por primera vez y con otros ojos. Y sabía que incluso su postura había cambiado. Ya no era sumisa o resignada, sino altiva, llena de majestuosidad y gracia regia. Había dejado de ser una hechicera elfa anónima, y ahora era la princesa Yllianna Fenrr.&lt;br /&gt;El shock llegó de repente. Una oleada de tal vileza, de tanta maldad, que la elfa se dobló sobre sí misma mientras gritaba de dolor. Un millar de finísimas e invisibles agujas horadaron su cuerpo, laceraron su carne y sus nervios. Se desplomó sobre el suelo, gimiendo.&lt;br /&gt;Aquella sensación era la misma esencia de la maldad, o parte de ella. Y para Yllianna, miembro del pueblo que encarnaba la magnanimidad más absoluta, fue una experiencia agónica, y de haber continuidad, mortal.&lt;br /&gt;Notó como alguien se agachaba a su lado, pese a las punzadas que la sacudían con espasmos.&lt;br /&gt;—¡Yllianna! ¿qué ocurre? –era la voz de Varacin.&lt;br /&gt;Los labios de la elfa se movieron lentamente, y pronunció el nombre del ser cuya sola presencia y no sus garras iba a acabar con su vida.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El enorme dragón avanzaba lentamente, su alargada testa girando hacia uno u otro lado, observando como los guerreros vanhurian se apartaban presurosos de su camino, atemorizados por su aterradora presencia. El dragón se sentía complacido, aunque deseaba matar a unos cuantos de aquellos insectos por el simple placer de hacerlo. Pero la poderosa voluntad de aquel que le montaba se lo impedía.&lt;br /&gt;—¡Ishnaah! ¡Fehl urh ishnaah! ¡Thaun s’rna, ulkaran! ¡Thaun ishnaah! –Tarmuin Tanagrin poseía una voz bronca e impactante en condiciones normales, pero en aquel momento era incluso más terrible, más grave, más dominante. Y prueba irrefutable de su inconmensurable poder era que el ulkaran, el Dragón de las Tinieblas que montaba, obedeció su mandato arcano.&lt;br /&gt;Situada en una posición segura pero a la vez adecuada para observar, Alhenda a’Kalemra, Señora de Urvoda, contemplaba maravillada a su señor y a la terrible pero fascinante nueva bestia. Su interior se lleno de tremendo gozo y anhelo. ¡Qué terrible y dulce poder maneja su Rey! Si, ahora ya no tenía duda alguna. Ehluras, Dios de la Destrucción, favorecía claramente al Rey Brujo de Vanhur. ¡Serían los dueños del mundo! Pues, por supuesto, ella sería la reina de Tarmuin.&lt;br /&gt;Cuando el Dragón de las Tinieblas alcanzó la alta y blanca muralla de la ciudad, se detuvo. Alhenda, cómo todos aquellos que la rodeaban, contuvo repentinamente el aliento. Aún recordaba como horas antes ella misma había lanzado su más mortífero hechizo sobre la muralla, con la intención de derrumbar un buen segmento de la misma, pero que sin embargo, apenas había llegado a resquebrajar.&lt;br /&gt;Ante la cercanía del ulkaran, ni que decir tiene que la muralla reaccionó al segundo. O mejor dicho, reaccionó la poderosa y antigua magia que la inundaba. Creada por los K’a’hani hacia muchos siglos, tantos años que la gente ya consideraba entrados en la leyenda, la muralla que protegía a Vadramlar era una de las más poderosas jamás concebidas.&lt;br /&gt;Con un silbante zumbido, un aura de tonalidades azuladas y doradas rodeó la muralla. De vez en cuando unos delgados zarcillos luminosos se extendían hasta casi tocar al inmenso Dragón, pero siempre se quedaban a escasos metros. Tan solo eran señales admonitorias. Con un rugido, el ulkaran agachó su largo, serpentino y nebuloso cuello. Abrió sus poderosas mandíbulas. Durante un breve espacio de tiempo, pareció como si éste se hubiera detenido. El calor –el poco que había en el ambiente— se desvaneció de golpe, así como parte del propio calor corporal de Alhenda. Lo sustituyó un frío terrible. La hechicera cayó sobre sus rodillas, resollando. Cerca de ella, varios guerreros se desplomaron sobre el suelo, tras exhalar un quedo gemido. Muertos, con los rostros vacíos de sangre. Costosamente, y entre temblores, la mujer alzó su rostro y contempló que muchos otros cuerpos yacían inertes a lo largo del campamento y en las proximidades de la muralla.&lt;br /&gt;Entonces, de la boca del Dragón de las Tinieblas, surgió un chorro de llamas negras, violetas y rojas, que se precipitaron sobre el parapeto como una ola furiosa, rugiente, destructora.&lt;br /&gt;Se produjo un violento resplandor, que cegó los ojos de Alhenda, seguido de una explosión que saturó sus oídos hasta el punto de resultar doloroso. A la hechicera volvieron a fallarle las fuerzas, y se derrumbó sin sentido, antes de que pudiese conjurar algún hechizo protector.&lt;br /&gt;Las tinieblas de la inconsciencia la recibieron con los brazos abiertos.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gharrak tuvo más suerte que su hermana. Rodeado por un apagado nimbo carmesí, que lo aislaba del ruido y de la luz lacerante, fue el único testigo de lo que aconteció. El único, sin contar al propio Rey Brujo.&lt;br /&gt;¡Las llamas oscuras del Dragón habían arrasado casi treinta metros de la muralla! Aquello le dejó sin habla, perplejo hasta lo más profundo de su ser. Sin embargo, aquel estado no duró mucho, su razón acabó retomando el control. El joven hechicero echó a correr hasta donde su hermana yacía y la tomó en brazos. Tenía la piel pálida, no tanto como la que se apreciaba en los cadáveres que les rodeaban, pero si lo suficientemente macilenta para resultar preocupante. Alhenda, como la mayoría de los vanhurian incluido el mismo, poseía una piel ligeramente tostada. Y ahora, salvo por sus cabellos oscuros, se parecía a una de las mujeres de los aesaín, los bárbaros y salvajes guerreros del norte.&lt;br /&gt;Con su hermana en brazos corrió hacia el campamento, justo en dirección contraria a la ciudad y el ulkaran que en ese momento penetraba en ella. No fue a su tienda a la que s encaminó, sino que se introdujo en la primera que se encontró. Y por poco no se cae al suelo, si no llega a evitar el cuerpo tendido de un hombre fornido, con el torso desnudo cubierto por un mandil de cuero oscuro y desgastado. No le hizo falta echar una rápida mirada para saber que se había metido en la herrería. A su mano derecha, más allá de un grupo de toneles repletos de lanzas y espadas, mayales y cimitarras, alabardas y hachas, vio un pequeño montó de paja. Se acercó y depositó allí su carga. El aire dentro de la tienda resultaba un tanto punzante. En el fogón aún crepitaban las llamas y el olor del carbón al ser quemado lo dominaba todo. Seguramente, cuando el ulkaran absorbió la vitalidad de todos los seres que le rodeaban, el herrero se disponía a forjar nuevas armas o arneses. Pero su concentración volvió a Alhenda.&lt;br /&gt;Le puso los dedos en el cuello, entre la nuez y el primer músculo y el más importante. El pulso de Alhenda era débil, pero todavía estaba. Gharrak no perdió el tiempo y musitó una palabras mágicas. De sus extendidas manos emanó un leve fulgor rojizo que fue extendiéndose, primero por el pecho y la cabeza, y luego por el resto del cuerpo de Alhenda.&lt;br /&gt;Gharrak no era un hechicero demasiado competente en el campo de la curación –ciertamente, pocos lo eran— pero por suerte el estado de su hermana no era demasiado grave. En pocos segundos, el habitual tono atezado retornó a su piel tersa, y el pecho comenzó a subir y bajar con mayor frecuencia y notoriedad.&lt;br /&gt;El joven hechicero se incorporó. Abrió la boca con la intención de despertar a su hermana, pero la volvió a cerrar. Sería mejor que estuviera dormida. De lo contrario podría interponerse en su firme propósito. Ser reina era lo que más ambicionaba Alhenda en el mundo, y desde luego, si él mataba a Tarmuin, no podría serlo.&lt;br /&gt;Y él no cambiaría de opinión. Ya no. La ambición y el poder podían muy bien ser atributos de los vanhurian, pero no a aquel coste. Un ulkaran no era algo nimio, de hecho, el khal’rardh había sido un mal menor al lado suyo. El Demonio Negro, por muy terrible y maligno que fuera, era un ser de este mundo. El Dragón de las Tinieblas no lo era. Procedía de los oscuros abismos del vacío. Y su existencia se estribaba en el robo de... almas.&lt;br /&gt;Tras asegurarse de que Alhenda estaba perfectamente, abandonó la tienda, musitó un hechizo y su forma cambió hasta convertirse en la de un hermoso halcón de plumas brillantes, rojizas y doradas, que se elevó con un graznido y se alejó volando hacia Vadramlar.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Olvidaos del Dragón!&lt;br /&gt;Los soldados volvieron hacia él sus rostros sudorosos y lívidos de terror, pero le hicieron caso, permanecieron quietos en sus puestos. Muchos, incluidos los de mayor edad, le miraban expectantes. “Maldito seas, Fiobun”, pensó amargamente Gwyllun. En los últimos diez minutos era la quinta vez que lo pensaba. Ese era el tiempo que hacía que su veterano compañero había muerto, defendiendo la entrada de los guerreros vanhurian a Vadramlar por la brecha provocada por el Dragón. El joven guardia sacudió levemente la cabeza. Aquel viejo loco se había lanzado como un poseso contra los invasores y había acabado con una decena de ellos antes de que un grupo de jinetes lo arrollase. Y ahora los soldados le consideraban a él como su líder. Sobretodo, después de haberse enterado que era el hijo menor de una de las Consejeras más influyentes de la ciudad.&lt;br /&gt;El joven suspiró, resignado. Madre seguramente estaría muy orgullosa si le viera. Decía que de todos sus hijos –y había tenido cinco— él era el que más se parecía a su abuelo. Badnor Novarr Etamin, el Caballero Blanco de Vadramlar. Y ahora aquellos hombres que habían sido sus compañeros le contemplaban como si el fuera un héroe. O como si fuera el propio Badnor encarnado.&lt;br /&gt;A unos metros de ellos, un nuevo grupo de guerreros vanhurian, infantería y algunos de aquellos siniestros drahkkoran, con sus negras y escamosas armaduras, atravesaron la brecha y entraron en la ciudad. Gwyllun hizo un rápido gesto, y de inmediato de los edificios cercanos surgieron decenas de figuras armadas con arcos. La primera andanada acabó con la mitad de los soldados corrientes, y una tercera parte de los drahkkoran. Todavía pillados por sorpresa, la segunda lluvia de proyectiles abatió a un buen número de ellos, aunque esta vez los drahkkoran fueron víctimas escasas, habiendo buscado parapeto seguro.&lt;br /&gt;Gwyllun maldijo en voz baja. Debería haber contado con la rapidez de aquellos guerreros. Al resguardo, se aproximaron con sus armaduras escamosas, sus serpentinas espadas bastardas desnudas, sus gritos de guerra ásperos. El joven desenvainó su propia hoja, una espada de aspecto simple pero que en realidad era muy antigua. La hoja tenía dos filos continuos, más ancha en su nacimiento que en la punta, y ningún tipo de adorno o grabado había en ella. Como único adorno podía considerarse la redonda y brillantes esmeralda engarzada en el pomo, justo al final de la empuñadura. Su madre le había dado el arma una hora antes, cuando abandonó la posada a la que llevó a la hechicera elfa.&lt;br /&gt;—Éste es el tesoro más preciado de la Casa Novarr. Dale el uso que merece, y honra la memoria de tu abuelo.&lt;br /&gt;A ambos lados, los guardias empuñaron sus armas respectivas y salieron al encuentro del enemigo. Las bastardas de los drahkkoran chocaron contra mazas, espadas anchas y hachas de doble hoja y mango largo. El escudo de Gwyllun desvió una estocada hacia el lado interno de su atacante, y aprovechando aquella posición ventajosa el joven descargó un tajo descendente que penetró por el hombro del guerrero vanhurian hasta bien adentro. La hoja cortó el metal de las hombreras y la cota de malla como si de manteca se tratase. Perplejo, hubo de necesitar de dos fuertes tirones para retirar su espada.&lt;br /&gt;Después, otros tres enemigos cayeron bajo su filo...&lt;br /&gt;—Un arma excelente, muchacho.&lt;br /&gt;La voz le llegó de su espalda, con aquel característico acento vanhurian, áspera, desagradable, y demasiado cerca. Giró sobre sus talones al tiempo que se impulsaba hacia delante, y terminaba en una posición defensiva y con la espada en alto. Maldijo por dos veces, mientras contemplaba al drahkkoran que se erguía frente a él. Su negra armadura escamada era distinta a la de los demás, más elaborada y con un símbolo grabado en oro y plata en el centro de la coraza: un sol llameante asomando por el horizonte, y tres estrellas de ocho rayos por encima de éste. Un símbolo heráldico que Gwyllun no sabía que podía significar, pero si reconoció el rostro del portador de aquella armadura. Sin un cabello que adornase su cabeza y una multitud de manchas oscuras y heridas de aspecto mal curado decorando su faz, el comandante supremo de los drahkkoran resultaba claramente reconocible.&lt;br /&gt;Tenía la espada, una hoja de largo acero oscuro y sinuoso, con diversas runas grabadas en la zona próxima a la empuñadura, empuñada con ambas manos, y clavada la punta en el suelo entre sus pies firmemente apoyados.&lt;br /&gt;Los delgados labios del vanhurian se curvaron en una sonrisa. Había advertido su intenso escrutinio, y el objeto del mismo. El joven daiano tragó saliva. Fue entonces cuando la sonrisa de su oponente se desvaneció y en su horrible rostro apareció una expresión de asombro. El joven tardó apenas un segundo en darse cuenta que miraba la espada que empuñaba con su diestra. Aquellos labios se movieron, perplejos, formando una única palabra. Una palabra que el joven entendió.&lt;br /&gt;Badnor.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchedumbre que ascendía por la gran avenida del Amanecer –vía que comunicaba directamente la Puerta Meridional y principal con la Ciudadela de los Reyes (cuando había reyes en Vadramlar, de lo que hacía casi ochocientos años)— estaba dominada por la histeria, por el pánico. Gritaban tanto los hombres como las mujeres, los ancianos se detenían de vez en cuando y elevaban los rostros al cielo mientras exclamaban plegarias a Mellanna y otros dioses de la Luz, y los niños corrían asustados junto a sus padres, con sus redondos e inocentes rostros perlados de lágrimas. No entendían muy bien que sucedía, pero el ambiente que les rodeaba les influía tremendamente, y su acusada sensibilidad se cobraba su precio por ello.&lt;br /&gt;Por suerte habían decidido obviar los caballos, pensó Yllianna. Al menos la mayoría. La princesa elfa dirigió una agria mirada el Portavoz del Consejo, quien cabalgaba en actitud altiva sobre un lustroso caballo bayo. Aquel hombre tan irritante había resultado un incordio desde el primer momento. Primero había protestado enérgicamente por que la dejaban con vida, luego por qué el Consejo había decidido de manera unánime combatir al Rey Brujo y a su ejército hasta expulsarlos de Vadramlar y de Daia... ella pensaba que en realidad el hombre se sentía herido por que de algún modo le habían arrebatado su papel como cabeza dirigente de la ciudad. Y ahora le tenían allí, montando en su caballo como si fuese un rey partiendo hacia el campo de batalla, vistiendo una cota de malla de eslabones dorados oscuros, un yelmo alado y un martillo de aspecto antiguo y valioso colgando del costado izquierdo de su montura. Kholannir había insistido en que se le trajeran todo aquello desde su mansión, mientras la elfa y el resto partían hacia la Puerta Meridional. Poco después, los caballos del Portavoz y de Brenos Rhanmu, Comandante de la guardia, les daban alcance. Al verle, muchos Consejeros habían soltado resoplidos exasperados.&lt;br /&gt;Yllianna volvió la vista al frente, y pensó que muy posiblemente a Tharial Kholannir Albor le quedaba poco tiempo antes de que lo retirasen de su cargo.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando la calle quedó repentinamente vacía.&lt;br /&gt;Situado a unos metros más adelante, el Elegido de Cyanna se detuvo y levantó su mano derecha ordenándoles detenerse. La elfa lo hizo, aunque frunció el entrecejo. Con un fluido movimiento, Varacin desnudó sus dos espadas cortas, su cabello recogido en aquella cola de caballo larga se meció suavemente con cada movimiento.&lt;br /&gt;—¿Por qué se ha detenido? –resonó la petulante voz del Portavoz a su espalda.— ¿Se puede saber que...?&lt;br /&gt;Su pregunta se cortó a la mitad cuando una flecha se clavó en el ancho cuello de su montura. El caballo relinchó y corcoveó con violencia, arrojando de su grupa a Tharial. Un consejero y dos soldados acudieron rápidamente a ayudar al Portavoz, mientras el resto gritaba y corría a buscar refugio. Más flechas cayeron sobre ellos.&lt;br /&gt;Yllianna se concentró y estableció contacto con la Matriz, la fuente natural de la magia élfica. Tomó de la Matriz una gran cantidad de poder. Una pequeña parte la utilizó para un hechizo de localización que sus dedos, adiestrados durante largo tiempo, conjuraron somáticamente mientras de sus labios surgía la breve oración que lo activaba. Los arqueros eran seis, y todos apostados en los tejados de los dos edificios más próximos.&lt;br /&gt;No muy lejos se escuchó una fuerte explosión. Y el rugir de una bestia. La elfa dirigió una rápida mirada a la avenida ahora desierta, salvo por los cuatro cadáveres que yacían sobre el empedrado, de cuyos cuerpos sobresalían los astiles carmesíes y emplumados blancos que utilizaban los vanhurian. Uno era un soldado, los otros eran Consejeros. Elevó una plegaria por sus almas.&lt;br /&gt;De nuevo resonó aquel rugido. El Dragón de las Tinieblas se aproximaba.&lt;br /&gt;Yllianna actuó con rapidez. De nuevo sus manos gesticularon, trazando signos somáticos que dotarían de consistencia al conjuro, y sus labios pronunciaron las palabras que le proporcionarían el acceso a la energía mágica que le quedaba. En cuestión de segundos el hechizo quedó sellado. Se escucharon varios gritos de sorpresa, luego trocados en pánico y seis cuerpos cayeron sobre el empedrado. Se escuchó el asqueroso quebrar de huesos. La mayoría quedaron tendidos, inertes, con los cuellos rotos y las cajas torácicas quebradas. Un par hizo ademán de incorporarse pero al punto Brenos y otro soldado se encontraban allí, clavando sus espadas en los pechos de los vanhurian.&lt;br /&gt;El ulkaran rugió nuevamente, cada vez más cerca. Y su maligna presencia resultaba cada vez una sensación más intensa, más inquietante y sobrecogedora.&lt;br /&gt;De nuevo, Yllianna y sus acompañantes humanos se encontraron avanzando por la avenida, esta vez con más cautela. Encontraron varios cuerpos tendidos, víctimas de los arqueros con los que se habían topado, tirados en extrañas posturas sobre el empedrado, todos muertos antes de tocar el suelo. Metros mas adelante la amplia avenida giraba hacia la derecha, y desde aquel punto comenzó a escucharse el lento pero firme entrechocar de placas metálicas.&lt;br /&gt;—Preparaos –fue cuanto dijo el Consorte de la Batalla, sin mirarles si quiera. Nuevamente, la hechicera elfa se concentró, tomó contacto con la Matriz y absorbió toda la magia de la que su cuerpo era capaz de contener sin hacer peligrar su vida. Los demás obedecieron en el acto a Varacin, los Consejeros aferrando fuertemente las espadas cedidas por sus guardaespaldas, los guardias tomando posiciones bastante más marciales. Varacin sin embargo, se mantuvo allí, adelantado, totalmente erguido y con sus espadas gemelas bajas, en una actitud demasiado relajada.&lt;br /&gt;Un numeroso contingente de guerreros vanhurian, de drahkkoran y, de una mujer y un hombre vestidos con amplias y negras túnicas, de bordes, repulgos y bocamangas ribeteados de plata y carmesí, que formaba runas arcanas. Yllianna contrajo las mandíbulas prietamente nada más verlos. Hechiceros Oscuros, servidores abyectos de los aún peores Dioses Oscuros.&lt;br /&gt;Y el Dragón se iba aproximando. A lo lejos, en la dirección de la que habían llegado los vanhurian, algo estalló, y una enorme lengua ardiente asomó por encima de las techumbres, mientras poco a poco, sinuoso, un delgado hilo de humo ascendía hacia el cielo.&lt;br /&gt;La tropa regular fue la primera en llegar hasta donde Varacin se encontraba... y fue la primera en caer. Como una serpiente, el Elegido de Cyanna danzó entre ellos, sus espadas moviéndose velozmente, trazando esquemas preconcebidos, estudiados, y letales. Muy letales. En apenas diez latidos de corazón, seis hombres perdieron la vida. Al ver como sus compatriotas caían, los drahkkoran aminoraron su carga y tomaron posturas cautelosas. Aquello fue lo último de lo que la elfa fue consciente. Los dos hechiceros atacaron entonces, arrojando sobre ellos una lluvia de fuego en forma de alargados proyectiles como virotes de ballesta. Un Consejero cayó al suelo. Le siguió un guardia. Y luego otros dos más.&lt;br /&gt;Sin más demora, la elfa agitó sus estilizadas manos, trazando los arcanos símbolos del nuevo conjuro.&lt;br /&gt;Y dos simples palabras abandonaron sus labios.&lt;br /&gt;—Lath’ei S’ehac.&lt;br /&gt;Inmediatamente la lluvia de fuego mágico arrojada por el enemigo se detuvo de forma abrupta. Al otro lado de la avenida, los dos hechiceros vanhurian se desplomaron, y comenzaron a patalear en el suelo, revolcándose como bestias, sus manos crispadas, aferrándose sus gargantas con espasmódicos gestos, mientras intentaban aspirar un poco de aire. En vano fue, sin embargo, pues aquel hechizo pertenecía a la Alta Jerarquía, estamento al que sólo los magos de mayor poder y longevidad podían aspirar a alcanzar, pues requerían muchos años de estudio y dedicación. Y si con algo contaban los Elfos, era con una vida larga. Mientras que los dos vanhurian apenas habían rebasado a buen seguro sus treinta años.&lt;br /&gt;Muertos los hechiceros, los compañeros de Yllianna no tuvieron dificultad alguna en acabar con el resto. Varacin fue su mejor baza, sus espadas las que más vidas segaron cual guadaña cortando hierbas. Brenos Rhanmu luchó con ferocidad, montado siempre en su caballo, asestando tajos a diestra y siniestra con su pesada cimitarra. Su estilo no era ni mucho menos tan bello como la danza intrincada ejecutada por el Elegido, pero allí donde su hoja golpeaba nadie volví a levantarse. La sorpresa, no obstante, la experimentó al observar al Portavoz Kholannir. Aquel martillo de guerra de plata y runas que empuñaba a dos manos describía arcos, descendía y ascendía, casi sin pausa entre un movimiento y el siguiente. Articulaciones descoyuntadas, pechos hundidos y cráneos destrozados como sandías, todo acompañado por un grito. Una palabra. Argaellorn. Por Zaldhya, se dijo, que Tharial parecía otra persona distinta.&lt;br /&gt;—¡Cuidado!&lt;br /&gt;El aviso sacó a Yllianna de sus pensamientos de forma abrupta. Cuando se volvió a mirar hacia el Consorte de la Batalla, una lengua de fuego negro se abalanzó sobre ella, rugiendo. Entonces, de repente, fue consciente de algo que habiendo estado sumida en sus estúpidos pensamientos había pasado por alto.&lt;br /&gt;La malignidad del ulkaran era ahora tan intensa y próxima que el corazón se le aceleró, y se le retorció el estómago, provocándole terribles nauseas.&lt;br /&gt;“Estúpida”, pensó con acritud, mientras pugnaba por sobreponerse a aquella sensación. “Ahora moriré”&lt;br /&gt;Las lenguas de fuego, negras como la noche, parecieron crepitar con mayor fuerza, como si se regocijasen de antemano en la próxima vida que iban a arrebatar. La Elfa, en un intento desesperado, alzó su Vara, sus dedos dibujaron ágilmente tres signos y canalizando el poder tomado de la Matriz que aun residía dentro de ella musitó el encantamiento.&lt;br /&gt;La Vara brilló, los signos trazados somáticamente titilaron brevemente antes de desvanecerse...&lt;br /&gt;Victorioso, terminante, terrible. El fuego oscuro la alcanzó y la envolvió en su mortal e infernal abrazo.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡¡SIIIIIIIIIIIII!!”&lt;br /&gt;El triunfal grito del Rey Brujo reverberó en el aire, aumentado, como el tronante rugido de una bestia. A través del vínculo que le unía al ulkaran, Tarmuin sintió la inconmensurable oleada de placer que recorría al ser del inframundo. Para una criatura de la Oscuridad como él, acabar con la existencia de alguien de este plano era casi como si principal propósito, pero si ese alguien era un miembro del pueblo élfico, ¡ah, que enorme satisfacción! Pues los Elfos eran criaturas de los Dioses de la Luz, y a un infernal nada le daba mayor delectación que matar a su atávico enemigo.&lt;br /&gt;Y el gozo del Dragón de las Tinieblas era el gozo del Rey Brujo de Vanhur. Además, ella había matado a su mascota, el khal’rardh.&lt;br /&gt;Ojo por ojo.&lt;br /&gt;Bruscamente, sintió como el ulkaran se agitaba bajo él. Su ensoñación satisfecha rota por la inmediata realidad.&lt;br /&gt;—Pero, qué... –comenzó diciendo el Rey Brujo, pero sus palabras murieron cuando, por segunda vez, el Dragón de las Tinieblas se estremeció, y está vez, el dolor se canalizó a través del vínculo espiritual que los unía.&lt;br /&gt;Con un brillo airado, los ojos claros de Tarmuin rastrearon el pavimento de la calle. Ennegrecida ya en muchos lugares, y con algunas losas del empedrado echando humo, ésta estaba casi desierta, incluso los cadáveres habían desaparecido, volatilizados bajo el terrible fuego negro del Dragón. Casi desierta, si, salvo por la única figura que aún se erguía en ella, con actitud desafiante.&lt;br /&gt;—Tú.&lt;br /&gt;No hubo necesidad de hablar más. Aquella única palabra, expresada con todo el desprecio que uno podría imaginar, resultaba más que explícita. Desde su posición, Varacin Kaladiandar observó al Rey Brujo de Vanhur con una sonrisa sesgada en sus finos labios.&lt;br /&gt;—Hacía mucho tiempo, Tarmuin.&lt;br /&gt;—No el suficiente.&lt;br /&gt;El Elegido soltó una risotada, aunque sonó más bien amarga.&lt;br /&gt;—Siempre tan beligerante... como cuando eras un niño. Y mucho más cuando tenías miedo. ¿Tienes miedo ahora, Tarmuin?&lt;br /&gt;Silencio. Varacin volvió a hablar:&lt;br /&gt;—Calla, si lo deseas. Te conozco desde que eras un retoño que mamaba aún del pezón de su madre, y...&lt;br /&gt;—Tú no sabes nada, Maestro. –siseó el Rey Brujo, haciendo un ademán de ir a empuñar su espada, un mandoble de aspecto temible. Pero contuvo la mano. El Consorte de la Batalla era un espadachín muchísimo más ducho, amén de ser una acción totalmente estúpida estando montado en el ulkaran como estaba. En cambio, la mano si subió hacia el cuello, y tras introducirse un instante bajo la coraza negra y dorada, salió de nuevo aferrando el medallón que allí guardaba.&lt;br /&gt;EL cuello sinuoso del ulkaran se agitó y alargó hasta que la poderosa testa de la bestia impía se detuvo a un par de metros del sacerdote guerrero.&lt;br /&gt;“Contempla y estremécete, Elegido. Éste s mi Maestro ahora.&lt;br /&gt;Al fijar su mirada en aquel colgante, Varacin retrocedió involuntariamente un paso, mientras en su rostro aparecía una expresión de absoluta estupefacción.&lt;br /&gt;—Ehluras... –las facciones de Varacin se endurecieron bruscamente, y sus ojos relucieron duros.— Nunca pensé que fueses tan estúpido, Tarmuin, como para venderle tu alma al mismísimo Amo de la Oscuridad. Nunca te gustó estar encadenado a nada, y ahora eres un Esclavo.&lt;br /&gt;—Ah, no. –dijo el monarca, riendo con malicia. Bajo él, la cabeza — No soy su esclavo...&lt;br /&gt;“¡Soy su Heraldo!... Khos’radhj ulkaran! Nefa dru Khos’radhj! –las últimas palabras, pronunciadas en la lengua Arcana, el Antiguo Harnata, las gritó repentinamente, sin hacer una pausa entre sus anteriores palabras y las nuevas.&lt;br /&gt;Relampagueante, obedeciendo a la orden del Rey Brujo, la testa del Dragón de las Tinieblas restalló hacia delante, sus poderosas mandíbulas abiertas, y un olor nauseabundo exudando de aquellas terribles fauces golpeó el rostro de Varacin.&lt;br /&gt;El Consorte de la Batalla reaccionó tarde, aunque la fortuna le sonrió y salvó la vida pese a todo.&lt;br /&gt;Largos como hojas de espadas, igual de afilados y curvos como cimitarras, los colmillos del ulkaran sólo llegaron a rasgar la cara exterior de sus antebrazos. La sangre manó profusa y en pocos segundos tiñó de oscuro carmesí los desnudos brazos del sacerdote guerrero. Gritó de dolor, y cuando la saliva pestilente de la bestia cayó sobre las heridas lo hizo con más fuerza.&lt;br /&gt;Por segunda vez, el ulkaran proyectó hacia delante su cabeza, intentado apresar entre sus mandíbulas a Varacin y partirlo por la mitad. Éste lo esquivó esta vez, sin embargo. Extendiendo los brazos y dirigiendo las palmas hacia la bestia, Varacin invocó el poder de su Diosa. Una esfera azulada surgió de la nada y salió impelida hacia el pecho del Dragón de las Tinieblas.&lt;br /&gt;El ulkaran bramó de dolor.&lt;br /&gt;El estallido que se produjo segundos después provocó un cegador fogonazo y una ola de energía que cayó sobre el sacerdote guerrero y lo arrojó varios metros por el aire, hasta que chocó contra una pared y se derrumbó en el suelo.&lt;br /&gt;Y allí permaneció, inmóvil.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Imprevista, la consciencia le regresó de golpe. Sin poderlo evitar, Yllianna gimió. No creía que hubiera una parte de su cuerpo libre de dolor, y sin embargo, se sintió alegre pues eso significaba que estaba viva. Se agitó, pugnando por incorporándose.&lt;br /&gt;—Estate quieta, Elfa.&lt;br /&gt;Unas manos la tomaron por los hombros y la inmovilizaron. La voz, masculina, resultaba desconocida, suave pero imperativa, pero no así su acento. Su misterioso salvador era un vanhurian. Sintió algo duro y fresco rozando sus labios, y el sabor del cuero en ellos. Un instante después el agua entraba en su boca. En aquel momento, con el frescor del agua colmando su garganta, tragó el bendito líquido con avidez, lo que le provocó que se atragantase varias veces.&lt;br /&gt;—Bebé hasta saciarte, pero ten cuidado de no ahogarte.&lt;br /&gt;Ella le hizo caso, y bebió con más lentitud. Al cabo de un momento la elfa apuró hasta la última gota de agua. A medida que bebía, fue sintiéndose cada vez mejor, más revitalizada y ganando segundo a segundo más fuerzas en su exhausto cuerpo. La vista le había retornado poco a poco, y soltando un hondo suspiro, apartó de sí el odre con una mano, y contempló a su salvador. Era joven, de negros cabellos que le caían a modo de cascada sobre su rostro, tostado y atractivo. Sus ojos negros, penetrantes, capturaron irresistiblemente los suyos. Eran seductores, misteriosos.&lt;br /&gt;Les rodeaban edificios en ruinas, escombros humeantes, y algunos cadáveres horriblemente quemados. En lo que había sido un muro, a unos tres metros de ella, vio su Bastón apoyado en él.&lt;br /&gt;—¿Quién... –empezó a inquirir la princesa elfa, pero se detuvo cuando sus ojos se posaron en los atavíos del vanhurian. Eran carmesíes, de una tonalidad intensa, como la sangre oxigenada, y bordados en plata y oro que representaban runas y demás símbolos cabalísticos adornaban las bocamangas y el repulgo de la larga túnica. Un hechicero.&lt;br /&gt;—No temas. –dijo él, al ver como se le tensaba el cuerpo y un brillo animoso aparecía en su mirada.— Si quisiera dañarte, elfa, puedo asegurarte que no me habría molestado en salvarte de las oscuras llamas del ulkaran. Nunca cometo ese tipo de estupideces.&lt;br /&gt;Yllianna observó, en silencio, como se incorporaba.&lt;br /&gt;—¿Quién eres?&lt;br /&gt;—¿Nombres? –La contemplo con aquellos penetrantes ojos, y en sus labios bailoteó una divertida sonrisa. Durante unos segundos estuvo así, riéndose quedamente. Luego, de improviso, hizo una pronunciada reverencia.– Gharrak a’Kalemra, es mi nombre, Señor de Urvoda y Alto Hechicero de la Segunda Casa. Y vos, mi encantadora e inquisitiva elfa, ¿sois...?&lt;br /&gt;—Yllianna Fenrr, –sin poderlo evitar, la elfa habló con una sonrisa en sus finos labios. Por mucho que le pesase, empezaba a caerle bien aquel vanhurian. Ella prosiguió, sin pausa— Princesa de Jheera, sobrina del Rey Supremo L’ankarir Fenrr.&lt;br /&gt;—Y una hechicera más que poderosa, según he podido observar. Más modesta que yo, puesto que no dice su rango. –agregó Gharrak, sonriente. Yllianna se ruborizó pero se mantuvo en silencio.— No os preocupéis, Alteza. No preguntaré más.&lt;br /&gt;A una distancia bastante cercana se escuchó el bramido de cólera y dolor del Dragón de las Tinieblas.&lt;br /&gt;—El ulkaran... –comenzó a decir la elfa, e hizo un ademán de ir a levantarse. Pero él la atajó rápidamente.&lt;br /&gt;—El Elegido de Cyanna se encarga de él.&lt;br /&gt;Nuevamente resonó el rugido de dolor la bestia de Ehluras.&lt;br /&gt;—Varacin... –musitó Yllianna, y volvió a intentar incorporarse. Esta vez Gharrak no sé limitó a detenerla de palabra. Los agudos oídos de la elfa escucharon una salmodia en una lengua ya hacía siglos desaparecida. Antigua Harnata, la lengua mágica de los Señor de los Magia del perdido Imperio de Harnai. La Elfa se levantó si, pero levitando, agarrada por unas manos invisibles que la inmovilizaron manos y piernas.&lt;br /&gt;Con expresión severa, Gharrak se colocó junto a ella.&lt;br /&gt;—No seas estúpida, Elfa. En tu estado no puedes ni plantarme cara a mi, cuanto menos a un ulkaran. Debemos marcharnos antes de que esa bestia vuelva a sentir tu presencia, y...&lt;br /&gt;Gharrak no llegó a acabar la frase. Repentinamente, una sombra surgió de uno de los edificios medio en ruinas. Una sombra que se acercó en silencio hasta colocarse tras la espalda del vanhurian y que Yllianna no atisbó a tiempo. Por eso su aviso llegó tarde. El martillo golpeó al joven hechicero en el costado derecho. El crujir de los huesos se escuchó tan claro que a Yllianna se le revolvió el estómago.&lt;br /&gt;El terrible impacto envió a un par de metros al cuerpo de Gharrak, donde permaneció inmóvil. En ese mismo instante, el conjuro que hacía levitar a la elfa y la inmovilizaba se desvaneció y sus huesos fueron a chocar dolorosamente con el suelo.&lt;br /&gt;—Ahora es tu turno, sucia bruja. –Tharial Kholannir se cernió sobre ella, cual ave rapaz sobre la presa a la que va a dar caza y muerte. Reluciente, aunque con la cabeza manchada de sangre, su plateado martillo resultaba incluso más imponente que antes. Sobre todo cuando el Portavoz le apuntó con él.&lt;br /&gt;Con una risotada y una expresión desencajada y casi demente, el Portavoz alzó el Martillo, dispuesto a cumplir su palabra, a descargar sobre ella el golpe mortal. Yllianna apenas había recuperado las fuerzas, pero intentó arrastrarse, mientras buscaba con algo de desesperación su contacto con la Matriz.&lt;br /&gt;Pero esta la rehuía, y no sólo por que se sentía extenuada. Sin su Bastón, la absorción de Poder de la Matriz era bastante dificultosa.&lt;br /&gt;El Martillo comenzó a bajar. Y, un segundo después, donde antes hubo un brazo empuñando un martillo ahora sólo había aire. Aire, y una lluvia de hueso pulverizado y sangre que roció las piernas de la elfa. A unos pasos de ella rebotó el Martillo, intacto y ya inofensivo, mientras Tharial lanzaba un grito, no sólo de profunda sorpresa, sino también de hondo terror, y caía al suelo para debatirse en convulsiones.&lt;br /&gt;Un magullado Gharrak, con el rostro demacrado y pálido, apareció junto a Yllianna y se agachó junto a ella. Se sujetaba el costado derecho con una mano, la tela carmesí había adquirido una tonalidad más oscura allí donde el Martillo le había golpeado, y dos delgados regueros de sangre resbalaban por las comisuras de sus labios. Cuando sus miradas se trabaron, la elfa pudo ver en sus ojos el tremendo dolor que el joven hechicero padecía.&lt;br /&gt;No lo pensó. Volvió a abrirse a la Matriz y esta vez el poder la colmó. Sus manos trazaron hábilmente unos símbolos a escasos centímetros sobre el costado del vanhurian, mientras musitaba el hechizo de Curación. En cuanto la magia curativa entró en contacto con el joven hechicero, lanzó un gélido grito. Yllianna sabía que el motivo era por su condición de hechicero oscuro, que el cuerpo experimentaba una reacción contra la magia de la luz. Pero aquello era algo bueno para él, y pronto la reacción desapareció, y Gharrak cayó al suelo. Había perdido el conocimiento, pero la sangre había dejado de manar de las comisuras de sus labios, y su rostro había recuperado el color. La elfa sacó la daga que llevaba oculta en una de sus botas y rasgó la tela de la túnica del costado derecho del humano. Seguía manchada de sangre, pero la carne que había bajo ella estaba ahora intacta. Yllianna se incorporó, pero antes de marcharse contempló intensamente a aquel joven, aquel enemigo convertido por ocultas razones en su salvador.&lt;br /&gt;Sacudiendo la cabeza, sin saber que pensar o creer, la princesa giró sobre sus talones y abandonó el refugió que habían proporcionado aquellas ruinas.&lt;br /&gt;Por supuesto, antes recuperó su apreciado Bastón.&lt;br /&gt;Tras rodear varios edificios reducidos a vigas rotas y piedras desmenuzadas, salió a la avenida en la que ella y los demás se habían enfrentado al Dragón de las Tinieblas. La infernal bestia había desaparecido, pero los cadáveres de Consejeros, hechiceros oscuros, guardias y soldados vanhurian seguían adornando la vía. Algunos habían sido despedazados. Un estremecimientos sacudió el cuerpo de la elfa, cuando sus ojos se posaron en lo que quedaba de Brenos Rhanmu, el humano de rostro pétreo que dirigía la Guardia de la Ciudadela. Resultaba increíble que pese a la sorpresa plasmada en su rostro, aún reflejara una dureza que hacia endeble el propio acero.&lt;br /&gt;Entonces sintió una presencia abrumadora, una energía tan poderosa que Yllianna sintió como su Bastón, y ella misma, vibraban en consonancia. Eran un poder benigno, puro, pero a la vez inquebrantable.&lt;br /&gt;Alzó la cabeza, y miró en derredor, mientras sin saber por qué un temor reverencial se extendía por su cuerpo.&lt;br /&gt;Una mujer caminaba por la amplia calle en su dirección. Era alta para ser mujer, y su largo cabello ensortijado y de la misma tonalidad del sol cuando comienza a ocultarse en el horizonte, se agitaba a su espalda como una capa. Vestida con un jubón de cuero y unas calzas del mismo material, ambos de color gris oscuro, la extraña habría podido pasar por una aventurera cualquiera... de no haber sido por las llamas azuladas, doradas, y rojizas que la envolvían a medida que avanzaba. Una hechicera, fue lo primero que pensó Yllianna al contemplarla. Pero cuando con su aguda visión élfica pudo captar sin dificultad su rostro, esa suposición se desvaneció como ceniza arrastrada por el viento. La belleza de aquel rostro era tan abrumadora que Yllianna –considerada bastante hermosa— se sintió vulgar. Pero era una belleza inhumana, y los ojos de la extraña lo confirmaron. Sin globo ocular, sin pupila ni iris, eran totalmente plateados. Era el avatar de una deidad.&lt;br /&gt;Inconscientemente, la hechicera elfa se arrodilló mientras se llevaba ambas manos al corazón y luego a la frente, en señal de respeto. La diosa no se detuvo cuando llegó a su altura, pero volvió el rostro en su dirección y le dedicó una sonrisa que transmitía serenidad, ternura y, quizás, algo de conocimiento. Observó como iba alejando, hasta que reparó en que sus pasos se encaminaban hacia un edificio situado a poco más de veinte metros y junto a uno de sus muros y despatarrado estaba el cuerpo de Varacin Kaladiandar.&lt;br /&gt;Con los ojos rebosantes de perplejidad, y no sin falta de aliento, la princesa Yllianna no se dio cuenta de que se había puesto en pie hasta que se encontró corriendo hacia el sacerdote guerrero.&lt;br /&gt;La diosa ya había llegado, y vio como se agachaba junto al hombre yaciente. Como, con suavidad inconmensurable le apartaba los mechones plateados que se habían escapado de la cola de caballo en la que llevaba recogido los cabellos, y luego esos mismo dedos recorrían dulcemente primero una mejilla y luego la otra. La aureola de llamas que la envolvía no quemó a Varacin, sino que en escasos segundos se extendieron y engulleron bajo su fulgor su cuerpo.&lt;br /&gt;Yllianna se aproximaba cada vez más, apenas a dos metros de ellos...y tuvo que tirarse bruscamente al suelo cuando una lengua multicolor de fuego se abalanzó siseando hacia ella.&lt;br /&gt;—Será mejor que no te acerques, pequeña. Lamentaría profundamente que murieras.–fueron las palabras de la diosa, mientras se ponía en pie, con el cuerpo de Varacin en sus brazos, como si levantase una carga liviana. Su tono no era amenazador, simplemente hacía constatar un hecho.— Sólo alguien de mi raza podría tocarme, sin exponerse a que mi Poder lo redujese a cenizas. Oh! Él es distinto. –añadió la diosa, reparando en la fugaz mirada que Yllianna dirigió al inconsciente sacerdote. La elfa contempló como la diosa bajaba la mirada hacia el humano y unas lágrimas descendían por sus perfectas mejillas mientras esbozaba una sonrisa llena de amor.— Varacin es parte de mi. Su espíritu y el mío están unidos, hasta el Fin de los Tiempos.&lt;br /&gt;La suposición se transformó en certeza. Era Cyanna, la Diosa de las Artes y los Guerreros. La deidad de la Batalla. La diosa de la que se decía que había sido conquistada por un mortal, por Varacin Kaladiandar... Y que ahora podía ver que era cierto.&lt;br /&gt;—Debo partir. –anunció Cyanna.— pues cuanto más tiempo me demore, la vida de mi consorte será cada vez escasa. La herida de un ulkaran es demasiado maligna para poder ser curada con éxito en el plano mortal. –su figura, y la del sacerdote guerrero, comenzó a desvanecerse.— Que los Dioses de la Luz te amparen en tu cometido, Yllianna Fenrr de los Elfos...&lt;br /&gt;“Y recuerda. Sólo la luminosidad más pura puede desterrar las tinieblas que acechan en el mundo. –las últimas palabras, resonaron en el vacío, pues ya habían desaparecido.&lt;br /&gt;Durante un breve instante, la elfa permaneció allí, sola, rodeadas de edificios en ruinas, piedras desmenuzadas, maderos ennegrecidos, y cadáveres. Arrodillada. Se alzó un viento repentino, y sus largos y brillantes cabellos rojizos se agitaron a su espalda, como un manto carmesí mecido por el viento era. Cuando se puso de nuevo en pie, en sus ojos brillaba un sentimiento nuevo.&lt;br /&gt;El ulkaran debía encontrarse muy al norte, en la zona Alta de Vadramlar, pues sentía de manera difusa su ignominiosa presencia. Aferrando su Bastón con fuerza, la elfa echó a correr en aquella dirección. Por lo que sabía, en el norte de la ciudad no sólo se encontraba la Ciudadela, hogar de los Consejeros y el Portavoz, además de varias antiguas familias nobles, sino el Santuario de Mellanna.&lt;br /&gt;El Rey Brujo sabía que los Sacerdotes de la Diosa de la Vida eran sus enemigos más directos, y había marchado a acabar con ellos cuanto antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;CAPITULO 9&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Lo primero que vio al despertar fue el rostro maldito de Yrkan Almuran, cerniéndose sobre él. Y luego vio su desnuda y sinuosa espada larga, una serpiente de acero dispuesta a atacar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bruscamente intentó ponerse en pie, pero acabó de nuevo tirado en el suelo, transido por el dolor que sacudía todo su ser. Estupendo, fue su pensamiento amargo, tantos planes para acabar así, asesinado sin defensa posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yrkan se inclinó entonces sobre él... y tomándole con rudeza le izó. Esta vez, el dolor le sacudió con mayor fuerza. Confundido, Gharrak buscó la mirada del General de los Drahkkoran.&lt;br /&gt;—Ahórrame tus preguntas estúpidas, muchacho. –gruño Yrkan. ¡Muchacho! Él abrió los labios, dispuesto a soltarle una réplica mordaz, pero en vez de palabras lo que soltó fue un ronco gruñido dolorido cuando la mano de aquel hombre que le sujeta se cerró repentinamente con fuerza sobre su brazo, como si fueran unas tenazas de hierro. Fue algo repentino, pero Gharrak habría apostado toda su heredad a que aquello no había sido casual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acompañado por Yrkan, y mascullando maldiciones entre dientes, ambos dejaron atrás el edificio en ruinas chamuscadas y aparecieron en una calle, que por su anchura, era de menor importancia. Allí les aguardaba la segunda sorpresa; un guerrero vadramlano, varios años menor que él según podía apreciar.&lt;br /&gt;—¿Un hechicero de vuestro pueblo?&lt;br /&gt;—Si.&lt;br /&gt;—¿Nos ayudará?&lt;br /&gt;Los ojos de Yrkan Almuran se dirigieron en ese instante hacia los de Gharrak. El hechicero sintió como si intentasen horadarle el cráneo con dagas, como si pudiera ahondar en su mente y descubrir hasta el más secreto de sus pensamientos o deseos. Si al menos pudiera tomar algo de poder de los Vientos de la Vida y la Muerte...&lt;br /&gt;—Oh, si. Desde luego que lo hará, Gwyllun Novarr.&lt;br /&gt;—¿Ayudar? ¿Hacer? Yrkan, se puede saber en nombre de todos los Engendros de las Tierras Malditas, ¿de que estáis hablando? –inquirió él. Su voz sonaba algo esforzada, pero por una vez no le importó denotar debilidad.&lt;br /&gt;—No parece demasiado convencido. –adujo, con el ceño fruncido, el vadramlano mientras contemplaba a Gharrak.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yrkan se limitó a reír, cosa que resultó bastante desagradable oír a causa de su voz rasposa. Estando ahora más cerca uno de otro, Gharrak y Gwyllun se sometieron a un intenso escrutinio, analizándose como harían dos jóvenes leones que por azares del Destino habían devenido en aliados, pero que sabían que aquello no duraría, y debían aprender los puntos fuertes y débiles que pudieran favorecerles en un posible enfrentamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras observaba, había algo que acechaba los límites de la mente del joven Señor de Urvoda. Los rasgos de aquel joven guerrero resultaban claramente aristocráticos, de hecho muy similares a los suyos; aunque poseía una piel más clara, y uno color de cabellos y ojos diferentes, Gharrak se sorprendió pensado que podrían haber pasado por parientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novarr. El apellido resonó en su mente como un coro de truenos. Badnor Novarr Etamin, el Caballero Blanco de Vadramlar, Héroe de la Segunda Guerra contra los Engendros. Aquel joven debía ser su nieto, entonces. ¡Y ahora sabía por que sus rasgos le resultaban tan semejantes!... Badnor Novarr había sido de la Antigua Sangre, y evidentemente Gwyllun también lo era. Al igual que Gharrak.&lt;br /&gt;—¡Maldito muchacho! –Gharrak parpadeó. Tan sumido había estado en sus cavilaciones que no había oído hablar al General Supremo de los Drahkkoran. Éste le zarandeó por el hombro con bastante rudeza. El joven hechicero gruñó y le asestó una mirada enconada.&lt;br /&gt;—Podría mataros con sólo musitar una palabra, Yrkan. Volvedme a tocar o a bramarme como si fuera uno de vuestros malditos guerr...&lt;br /&gt;—Ya te dije que no estaba dispuesto a escuchar tus estupideces, Gharrak. –le atajó el otro, riendo con sorna pero con un deje amenazador que no pasaría desapercibido a nadie.— Siempre había pensado que el vástago altanero y estúpido de Kalemra fue tu hermana Alhenda y no tu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin añadir nada más, el maduro guerrero volvió la vista al frente y soltándole echó a andar. Los dos jóvenes se demoraron apenas un instante antes de seguirle. Gharrak permaneció en silencio aunque en sus labios bailaba un asomo de sonrisa, y por el rabillo de su ojo izquierdo advirtió que Gwyllun le dirigía una curiosa mirada.&lt;br /&gt;—Mi querida hermana es también una hechicera, Gwyllun Novarr. Pero, como el General Supremo ha señalado, tiene bastante poco sentido común y mucha ambición... Incluso para los cánones vanhurian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos del vadramlano se abrieron ligeramente, expresando reconocimiento. Podría correr la Antigua Sangre por sus venas, y ser el descendiente del afamado Caballero Blanco, pero en opinión del hechicero de Urvoda debía aprender a no translucir sus sentimientos o pensamientos con tanta facilidad. De haber sido vanhurian, Gharrak se dijo que aquel joven habría resultado tan formidable como lo era Yrkan... o como lo había sido su padre, Kalemra Tarmuin, Alto Señor de la Guerra.&lt;br /&gt;—A veces he pensado que Alhenda era hija de nuestro querido soberano, y no de su primo. –resopló el maduro Drahkkoran, que pese a caminar unos pasos por delante les había oído.— Kalemra siempre fue más templado de espíritu que su Majestad, menos altivo y más recto. Muy parecido a...&lt;br /&gt;—A como fue Uhaer, el hermano de mi abuelo, y padre de nuestro maldito Rey. –se adelantó el joven hechicero.— Si, eso ya lo he oído anteriormente&lt;br /&gt;—Dhetharon fue también un magnífico hombre, Gharrak. Participó en la Segunda Guerra. Mató a decenas de Engendros antes de perecer él mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gharrak permaneció callado, e Yrkan dejó de hablar. El joven vanhurian estaba disgustado, su expresión era sombría. ¡Maldito fuera aquel hombre! ¿Qué era lo que pretendía pronunciando el nombre de su abuelo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaron por las callejas, por las calles secundarias y las de menor importancia de la ciudad. Toparon con muchos cadáveres. Algunos eran de guardias, otros de civiles sobre los que la muerte se había abatido de manera imprevista mientras huían ciudad adentro, y también los había de soldados, hechiceros y drahkkoran vanhurian. Gharrak advirtió las miradas que Yrkan dirigía a cada uno de estos últimos. Vio como sus ojos brillaban coléricos. Sabía la razón. Muchos, sino todos, de los jóvenes Drahkkoran habían estado bajo la supervisión del General Supremo en algún punto de su entrenamiento. Para aquel hombre aquellos fieros guerreros eran como sus propios hijos, los varones que nunca había tenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente surgieron a la ancha avenida que conectaba la Ciudadela con la Puerta Meridional en algún punto situado más arriba del lugar donde la elfa, el Elegido y los vadramlanos se habían enfrentado al ulkaran. Desde luego, resultaba evidente que el Dragón de las Tinieblas había pasado por allí. Aquella bestia infernal había arrancado varios edificios de cuajo y arrojado sus restos sobre los que les rodeaban, formando verdaderas, aunque pequeñas, colinas de piedra y madera, yeso y pizarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, hallaron otro rastro del ulkaran que les resultó más esperanzador. Cada ciertos pasos, varias manchas de enorme tamaño, de un color rojo casi negro, humedecían el suelo de la avenida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia infernal estaba herida y eso significaba que se la podía matar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eminencia. Los Venerables Khathro y Bhoela han muerto.&lt;br /&gt;Ghaeron Khofal, Supremo Sacerdote de Mellanna, sacudió con tristeza su cabeza, tras oír las recientes nuevas del asedio. El Dragón de las Tinieblas atacaba ahora sin cuartel los muros del ala sur oeste del templo, sus rugidos llenaban el aire y sus negras llamas podían observarse desde lo alto de su torre, unas lenguas de oscuridad que crepitaban y siseaban cuál venenosas víboras. Habían caído otros dos. Sólo restaban cinco Preservadores de la Primera Jerarquía. El anciano sacerdote contrajo el ceño. Costase lo que costase, cinco habrían de ser suficientes para mantener el poder divino que impregnaba los muros e impedían aún que el Rey Brujo y su bestia salida de los infiernos entraran en el edificio. No por primera vez, el Supremo Sacerdote se preguntó si no sería adecuado comenzar la Iiandra. Aunque hacia muchos años de la última vez, Ghaeron todavía pensaba que podría llevarla acabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego, existía otra alternativa, pero era demasiado peligrosa, entrañaba demasiada complejidad para detenerse a realizarla en aquel momento.&lt;br /&gt;—¿Y la Venerable Jaidranè? –inquirió, y obtuvo silencio. Ghaeron se volvió lentamente. El joven sacerdote que tenía delante miraba fijamente al suelo; evitaba mirarle directamente. Un frío repentino le atenazó su viejo corazón. Su voz sonó entonces severa:— Habla.&lt;br /&gt;—Eminencia... –empezó a protestar el joven, pero continuaba mirando con fijeza el suelo. El anciano supo entonces que su temor era acertado.&lt;br /&gt;—¡Responde! –gritó, aún sabiendo que se excedía. El joven sacerdote se encogió como si le hubiese atizado un puñetazo. Vio como cerraba los ojos, temiendo un castigo. Con dificultad, respondió.&lt;br /&gt;—Ha bajado a la Cripta, Eminencia. Ha bajado a despertar al Guardián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Guardián. Aquello hizo que el anciano se quedara como petrificado, sus temores confirmados. Pero antes de que Ghaeron pudiera decir o hacer nada, el suelo tembló. Todo el Santuario de Mellanna tembló desde sus profundos cimientos hasta la más alta de sus torres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue cómo se escuchó un enorme estruendo. Un ala del templo se desmoronó de pronto, y de una lluvia de escombros y una nube de polvo surgió una ciclópea figura de ébano y plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ghaeron gimió y su corazón se estremeció.&lt;br /&gt;Tras trescientos años el Guardián había sido convocado. Comparado con el ulkaran, aquello si era algo a temer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba varios minutos corriendo, siguiendo el rastro de sangre y guiándose por las emanaciones malignas que desprendía el ulkaran, cuando por fin llegó hasta él. Vadramlar había sido construida a los pies de una alta pared de roca gris. La Ciudadela, la zona donde moraban las familias aristócratas y en la que se encontraba el Palacio, antigua sede real y en aquel entonces morada de los Consejeros y sus familias, se alzaba prácticamente al pie del farallón. Había sido un edificio de belleza y magnificencia hechizantes. Ahora, pensó la elfa, sólo era una montaña de pilares, muros, capiteles y torreones, pedazos de gallardetes que aunque desgarrados hondeaban suavemente, lo que a sus ojos fue como una burla a la perdida grandeza del lugar. Su pecho se llenó de tristeza no sólo ante la destrucción sino también ante las muertes que el Dragón de las Tinieblas había dejado allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por encima del Palacio, se alzaba el Santuario de Mellanna. Construido hacia mas de mil años, el templo era un complejo entramado de estilizadas torres de mármol, cada una de una variedad diferente, rematadas en apuntados capiteles que destellaban bajo los rayos del sol dorados y plateados, y que se conectaban unas con otras con puentes arqueados, unos con barandillas y estrechos, y otros tan anchos como dos o tres carretas puestas una junto a las otras y que carecían de resguardo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para acceder a él había que ascender por una larga escalinata de más de cincuenta metros, de piedra rojiza y terrosa, que desembocaba en un enorme arco de piedra blanca. Era ancha la escalinata, más el cuerpo inmenso del Dragón de las Tinieblas la hacía parecer pequeña e insignificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque Yllianna había rastreado al ulkaran gracias a la sangre que éste iba perdiendo, no pudo evitar sorprenderse al ver el estado en el que se encontraba aquella infernal bestia. Finos riachuelos de sangre que aunque roja casi parecía negra de lo oscura que era, descendían de uno de sus costados empapando sus negras escamas y cayendo lentamente, pues era espesa, pero sin pausa alguna sobre los peldaños. Un ala estaba ennegrecida, colgándole inservible. Y lo más sorprendente fue contemplar la horrible testa del ulkaran, cuando éste la alzó, rugió y un chorro de negras llamas azotó los muros del santuario. El lateral derecho de la mandíbula le había desaparecido, dejando a la vista la rojiza osamenta de sus poderosas quijadas. Y allí donde antes había tenido un ojo grande, cruel y ambarino, ahora solamente se veía un hueco negruzco y del cual oscilaba hacia uno u otro lado un colgajo sanguinolento que la elfa decidió no aventurar lo que era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo alto de una de las torres se produjo un súbito resplandor, entonces le siguieron varios más en distintas torres, y unos rayos de energía azulada descendieron desde las alturas para caer sobre el Dragón de las Tinieblas en diferentes partes de su cuerpo. Un sonoro chisporroteo resonó contra las altas paredes del santuario y del farallón. Con desaliento Yllianna observó como el ulkaran apenas había acusado el embate de la magia clerical. Gracias a su aguda visión pudo apreciar que allí donde los rayos habían encontrado blanco las escamas antes negras y relucientes ahora parecían algo retorcidas y deslustradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La testa de la bestia infernal se alzó bruscamente y sus mandíbulas se abrieron para a arrojar un chorro de llamas. Justo antes de que envolvieran una de las estilizadas torres del santuario se escucharon unos gritos, luego sólo el chisporroteo semejante a una avalancha de piedras y finalmente el silencio. Allí donde antes se alzaba la torre ahora no había nada... salvo un fuste ennegrecido y derretido en su extremo superior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una puerta se rompió en su interior y la furia la inundó como un torrente de agua imparable y salvaje, que arroya todo cuanto en su camino se interpone. Relajó su cuerpo y su mente, y al siguiente latido de corazón el poder de la Matriz la llenó como lo había hecho la cólera. Tomó todo lo que era capaz de almacenar. Alzó su Bastón y sus ojos esmeraldas relucieron. En su mente se formaron las palabras de uno de los dos hechizos de máxima jerarquía que conocía, mientras el extremo de superior de su Bastón comenzaba a brillar con una tonalidad azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Suelo tembló. El Santuario tembló. Y varias rocas cayeron sobre el ulkaran, desprendidas de lo más alto del talud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando la elfa vio como parte del Santuario se derrumbaba y de entre los escombros y la humareda surgía aquella figura, las palabras del hechizo habían desaparecido de su mente. Sus ojos estaban abiertos de par en par.&lt;br /&gt;—Sagrada Zaldhya... un Cleodhrin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De casi treinta metros de altura, los Cleodhrin parecían enormes guerreros recubiertos por pesadas armaduras de placas oscuras y plateadas. Pero nada tenían de humano, de elfo, o de cualquier otra raza. Eran criaturas pretéritas, que vieron sus primeros días antes de que la humanidad comenzara su camino hacia la civilización, y todavía más antiguos que el propio pueblo de Yllianna. Mucho más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los rugidos del Dragón de las Tinieblas cesaron en cuanto vio al descomunal ser. Agachó el cuerpo y su cuello se contrajo, la poderosa cabeza gacha en actitud alerta mientras sus ojos ambarinos se entrecerraban para mirar a aquel nuevo enemigo. Y el Cleodhrin se quedó allí, inmóvil. De las sombras que se entreveían a través de la rendija del yelmo que ocultaba su cabeza no se observaba rostro alguno sino dos puntos azules, rutilantes como zafiros estrellados. De repente se movió, un estallido relampagueante, y sus manos quebraron varias torres cercanas como si fueran simples y finísimos juncos de un marjal. Las estructuras emitieron un gemido casi humano, sino le fallaban los oídos a la elfa, se produjo un resplandor y una especie de detonación, y acto seguido se derrumbaron con un quejumbroso sonido. La onda expansiva del estallido sacudió el cuerpo del ulkaran, si bien no perdió el equilibrio, aunque el Cleodhrin apenas se inmutó. Bajo los pies de Yllianna, tembló el suelo cuando la onda llegó hasta ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sagrada Zaldhya... el pensamiento de la elfa fue efímero. En lo alto de la escalinata, el Cleodhrin volvió a descargar sus poderosos puños sobre una de las torres y destruirla. La segunda sacudida hizo que el Dragón de las Tinieblas resbalase varios peldaños de la ancha escalinata e Yllianna tuvo esta vez que apuntalar firmes los pies para no caer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;En medio del Santuario, la gigantesca figura de negra y plateada armadura se volvió hacia la mayor de las torres, aquella de la que habían procedido los ataques que cayeron sobre el ulkaran momentos antes de que el Cleodhrin emergiera del vientre de la tierra, de las entrañas del templo de la Diosa de la Vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le había dado la espalda al ulkaran, como si para aquel ser más viejo que los propios elfos no fuera un enemigo a temer.&lt;br /&gt;Y por tercera vez, un puño revestido de acero oscuro y brillante se elevó, dispuesto a destruir. Justo en ese instante, Yllianna se apercibió que nadie estaba sentado sobre el lomo del Dragón de las Tinieblas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tarmuin Tanagrin, el odiado y temido Rey Brujo, había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mellanna, diosa mía, acoge el alma de tus servidores, y ten misericordia de Lorelai por lo que ha acometido”. Su plegaria era absolutamente sincera, a pesar de que el acto de la mujer había resultado nefasto. El Guardián era un ser antiguo, el último –eso era lo que ellos creían— miembro de la raza Cleodhrin. Las leyendas eran oscuras sobre el motivo, pero aquel enorme ser había acabado siendo el protector del Santuario. Inanimado por medios arcanos, el Guardián sólo había de ser convocado en tiempos de terrible necesidad. Si, aquello había sido un momento de necesidad, pero su llamamiento había de ser realizado con lo que se conocía la Ceremonia de la Llamada. La última vez que un Sumo Sacerdote tuvo que Llamarlo aconteció trescientos años antes, y por supuesto se había cumplido la Ceremonia. Esta vez no. Un desastre, si, pues el Guardián precisaba de la Ceremonia para ser controlable... y ahora estaba precisamente incontrolado, sin distinguir amigos de enemigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el Guardián destruyó una de las torres, Ghaeron si percibió ésta vez una resistencia mágica seguida de una corta detonación, silenciosa para los oídos pero semejante a un trueno en el sentir del espíritu. La magia divina que protegía los muros del Santuario había sufrido otra merma de su poder. No le hacía falta al viejo hombre que viniera ningún acólito a comunicarle que otro de los K’a’hani había perdido la vida; Quirval se había encontrado en aquella torre. A parte de Lorelai, Quirval había sido el mejor de entre los Preservadores. Un duro golpe para ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con tristeza, Ghaeron se preguntó si acaso no sería aquel su fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Guardián destruyó otra torre, la torre en la que se encontraba Irinma. De nuevo, el poder protector de los muros disminuyó. Sólo restaban Cuatro, y aunque aún había varios Preservadores de la Segunda Jerarquía –los de la Tercera eran demasiado inexpertos para aquella tarea—, éstos eran demasiado pocos para mantener el poder divino que protegía el Santuario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo a un lado la tristeza. Rechazó dejarse llevar por la desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un gesto perentorio llamó al joven sacerdote que le había traído la notica de la muerte de Khathro y Bhoela, y a cuantos sacerdotes y acólitos había allí arriba, en el nivel superior de la torre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ordenó sentarse, disponiendo un amplio círculo, un cuadrado, y por último el anciano tomó asiento en el mismo centro de ambas figuras. Ghaeron apenas dedicó un instante para mirar en derredor y comprobar que el shiirma estaba perfecto, sin error alguno en su disposición, algo que resultaría terrible de pasársele por alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró los ojos y se concentró. Entre los que formaban el círculo comenzó a alzarse un suave murmullo, un cántico que fue creciendo en volumen, y al que se unió las voces de los cuatro que conformaban el cuadrado. La voz del Supremo Sacerdote fue la última. La Iiandra había dado comienzo. Desde el exterior al interior, uno a uno los integrantes del shiirma fueron rodeados por un aura de azulada luz. En su interior, el anciano sintió la magia divina que inundaba el lugar. Primero unió al círculo, luego pasó al cuadrado, y finalmente, toda aquella energía derivó en él. El shiirma era como un embudo, y él era su núcleo, donde el poder divino convergería hasta lo impensable. Así era la Iiandra. Un rito mediante el cuál un ser humano podía adquirir el poder suficiente para convertirse en un semidiós... al menos, durante un corto espacio de tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poder divino fluía por el círculo, por el cuadrado, y en el interior de Ghaeron, un torrente impetuoso y seductor que hacía vibrar todas y cada uno de sus fibras con la perpetua promesa de algo “más”. Ghaeron hizo caso omiso de aquello. Si no, sería el principio del fin. El estruendoso derrumbar de una de las torres no le perturbó, ni tampoco el siguiente, pues apenas era consciente de cuanto le rodeaba. Pero la percepción de cómo parte del poder que sustentaba un la magia del resto del Santuario se desvanecía de golpe, casi lo hizo. Le dejó sin aliento durante unos segundos, tal fue su impresión. Pero recobró la serenidad al instante. Sólo existía él. Él y todo aquel poder divino que fluía a su alrededor y por su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Expandió su alma con aquella energía; la malevolencia que emanaba del ulkaran le azotó con fuerza, rugiente, amenazando con engullirlo en sus terribles profundidades. La rechazó con firmeza. Sentir al Guardián fue tarea más difícil. En un momento estaba allí y al siguiente había desaparecido de su percepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Dragón de las Tinieblas parecía estar herido... y alerta. Recordó haber visto a aquella bestia infernal mantenerse a un lado de la escalinata mientras el Guardián se abalanzaba sobre una de las torres...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estallido de la magia espiritual llegó de improviso. Los ecos de energía liberada se expandieron por todas direcciones, ascendió por los muros de la torre principal en la que el shiirma se había formado, y pasaron por su cúspide cuál río que ha crecido y se desborda de su cauce, y arrasa cuanto en su camino se interpone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuvo necesidad de abrir los ojos para ver como varios de los sacerdotes del shiirma se desplomaban, muertos. Aquella torre había resistido el ataque del Cleodhrin, pero la magia que protegía sus muros centenarios había sido rota. Los últimos Preservadores acababan de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin poder evitarlo, una punzada de desesperación se dejó sentir dentro de él. Y a duras penas consiguió mantener el control de la Iiandra. El vínculo tembló, se agitó y serpenteó alocadamente, amenazando en cualquier instante con quebrarse. Y poco faltó en verdad para que aquello sucediese. El anciano Sumo Sacerdote poco a poco, pero sin ceder en su firme propósito, fue recuperando el control sobre el rito, y el poder que crepitaba y circulaba en el interior del shiirma fue tornándose más sereno, como un estanque de aguas tranquilas. Era ligeramente consciente del sudor que empapaba su rostro, que se deslizaba desde su arrugada frente hasta el mentón y de ahí caía a su regazo. El esfuerzo resultaba a cada momento mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Guardián debía estar a punto de volver a atacar la torre, y desbaratada la magia divina que la protegía, ésta se quebraría bajo su embestida como un fino junco. Por mucho que le pesara no tenía otra alternativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cuerpo comenzó a absorber hasta la última brizna del poder que circulaba por el shiirma. Absorbió, absorbió y absorbió hasta que no pudo más. Tal era la cantidad de energía que circulaba por el shiirma, que éste brillaba como una estrella, una luz blanca y cegadora, pero que parecía contener muchos otros colores al tiempo. Una visión tan bella como perturbadora, que sobrecogía el corazón ante el poder que allí se desplegaba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repentinamente, los ojos de Ghaeron se abrieron de golpe, más brillaban con el poder del shiirma. Durante lo que dura un latido de corazón, el anciano y venerable Sumo Sacerdote se sintió maravillado como nunca antes lo estuvo y como nunca más lo estaría. Veía pero no como una persona corriente; el cielo era un mar de remolinos de diversas tonalidades de un azul que destellaba, y cada piedra, cada cuerpo viviente o inanimado, estaba formado por un cúmulo de energía que brillaba y se contorsionaba ante sus ojos. Incluso el ulkaran y el Cleodhrin. El Dragón de las Tinieblas era una mancha tenebrosa, más oscura que la mismísima noche y de la que emanaba tal gélida sensación, tal... pura maldad que Ghaeron no pudo evitar estremecerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el ulkaran no era la amenaza más inmediata. Un latido de corazón, y la férrea voluntad del Sumo Sacerdote de Mellanna se proyectó; pensamiento y deseo fueron realidad en el acto. El poder del shiirma pareció desvanecerse durante un momento, como si perdiera brillo, y una esfera envolvió el cuerpo del anciano Ghaeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los pies de la torre la hercúlea figura del Guardián alzó su cabeza para contemplar la cúspide de la misma. Durante un instante pareció que vacilaba mientras contemplaba el prodigio que estaba llevándose a cabo. Pero entonces los puños del Cleodhrin refulgieron carmesíes, con chispas que saltaban en una u otra dirección, y el anciano Sumo Sacerdote supo que el momento había llegado, que era ahora o nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La esfera de poder que le rodeaba se desvaneció repentinamente, y una columna de energía rugiente emergió del cuerpo del anciano, precipitándose sobre al Cleodhrin y atravesándole el pecho cual lanza luminosa. Durante un eterno latido de corazón la ciclópea figura de ébano permaneció suspendida, inmóvil en medio de un silencio sepulcral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, la tierra tembló, y el Cleodhrin estalló. El poder en bruto de la Iiandra, el poder divino en su estado más primigenio y devastador, convirtió en apenas segundos el cuerpo del Guardián en una lluvia de trozos de armadura y cenizas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su interior, Ghaeron percibió la tristeza de Mellanna por la muerte de la criatura, pese a que ella misma había sido responsable de su pérdida. Y ahora sólo restaba el ulkaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por segunda vez la energía del shiirma le rodeó formando una esfera, y se preparó pensando que lo mismo que había destruido al Guardián serviría perfectamente para acabar con la bestia de Ehluras. La esfera brilló durante un instante, y luego desapareció como momentos antes lo había hecho...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces su cuerpo se tambaleó y perdió el control del poder del shiirma. La Iiandra había quedado rota y los ojos de Ghaeron contemplaron con perplejidad la punta de acero negro y rojizo que le asomaba por el centro de su pecho. A su alrededor, los cuerpos de los sacerdotes que habían formado parte del shiirma, se desplomaron con pesadez y sonoridad sobre el suelo de piedra cuando el poder liberado al quebrarse el rito divino los azotó con fuerza. Algunos cayeron mientras exhalaban un gemido agónico, pero mucho lo hicieron sin producir más ruido que el del choque de sus cuerpos y el suelo. Estaban muertos, y él no tardaría en seguir a sus hermanos de fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentía como un frío estremecedor se iba adueñando de su cuerpo. Ya no sentía las piernas y los brazos resultaban tan pesados al mover como bloques de piedra. La visión comenzó a nublársele. Sintió un ligero pinchazo y su cuerpo se convulsionó y arqueó hacia atrás cuando, quienquiera que estuviera a su espaldada retiró de un seco tirón la espada que le había ensartado a traición. Mientras la sangre manaba profusa por las terribles heridas, y el Sumo Sacerdote de Mellanna sentía como la vida se le escapaba sin remedio, sus ojos contemplaron el rostro de su asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tarmuin Tanagrin apoyó la punta de su espadón de hoja aserrada sobre el enlosado, sus ojos brillantes por el reciente triunfo y sus labios dibujando una cruel sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que escuchó Ghaeron Khofal Thaemar fue la estridente y triunfal carcajada que aquel monstruo de aspecto humano, y el repulsivo medallón de la tenebrosa deidad a la que servía. Entonces el anciano murió y su alma fue hacía los brazos abiertos de Mellanna, su diosa que le esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡NOOOOOOOOOOOO!&lt;br /&gt;El dolor y la rabia que aquel gritó transmitía sacudió su cuerpo de pies a la cabeza. Por todo lo que era bueno en aquel mundo, Yllianna no podía dar crédito a sus ojos. El anciano dirigente del Santuario de Mellanna había acabado con el enloquecido Cleodhrin –aún se sentía sobrecogida por aquel despliegue de poder, por aquella muestra de la voluntad divina— pero había sido asesinado a traición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su mente aún podía ver como el cuerpo de aquel encantador humano era arrojado cómo un muñeco de trapo desde la cúspide de la única torre no destruida. Las risotadas, medio dementes y crueles, de su verdugo reverberaban todavía mientras las escarpadas paredes que guarecían el Santuario repetían incesantemente su hiriente eco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cabía concebirse tamaña muestra de maldad en un mortal? La respuesta era tan cierta como aterradora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese instante una mano se posó en uno de sus hombros.&lt;br /&gt;—¡Tranquila! –fue el vehemente susurro del hechicero vanhurian que la había salvado de morir bajo las manos del Primer Portavoz de Vadramlar, el mismo que ella había dejado inconsciente y sanado de sus múltiples, y serias, heridas. Por algún motivo, su corazón se alegró al verlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no estaba solo. Le acompañaban otros dos humanos más, un guerrero vanhurian de aspecto amedrentador y Gwyllum, el joven guardia vadramlano que la había llevado a su posada a descansar tras su enfrentamiento con el khal’rardh. Parecía no haberla visto, pues tenía los ojos clavados en el Santuario.&lt;br /&gt;—Viene hacia aquí... –el tono de su voz tenía un deje ligeramente atemorizado que hizo que todos miraran hacia la escarpadura.— El Dragón viene a por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella criatura de pesadilla había vuelto su herida testa hacia ellos y ahora descendía lentamente por la ancha escalinata. Su único ojo sano brillaba amenazador y enloquecido&lt;br /&gt;—Está malherido. –dijo el guerrero Drahkkoran de rostro marcado, con un tono de esperanza. Incluso su voz resultaba incómoda, con aquel deje rasposo. Ciertamente el estado del ulkaran era lamentable, pese a que aún resultaba una visión temible; la mitad de la cabeza se había reducido a la osamenta, por su cuerpo fuerte y oscuro corrían riachuelos de sangre del tamaño de la pierna de un hombre, y sus dos alas, antaño poderosas, estaban ahora inservibles, una ennegrecida y la otra con la membrana hecha jirones. Por eso el Dragón descendía utilizando sus patas y no caía sobre ellos volando. Se mostraba cauteloso mientras avanzaba, mientras descendía escalón por escalón. En una par de minutos estaría sobre ellos. El sonido de su espada al ser desenvainada resultó más que explícito sobre lo que significaba para él aquella observación.&lt;br /&gt;—¿Traicionarías a tu rey, guerrero?&lt;br /&gt;Yrkan Almuran clavó sus gélidos ojos grises en los de la elfa.&lt;br /&gt;—Tarmuin Tanagrin dejó de ser mi rey en el instante que convocó a esa bestia infernal, y con ella absorbió la vida de nuestra gente para atravesar la muralla y llegar hasta aquí. Ha deshonrado el recuerdo de su linaje y ha traicionado a su pueblo. El castigo es la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un breve instante, Yllianna escrutó en la mirada del vanhurian pero sólo halló determinación. No había falsedad en sus palabras.&lt;br /&gt;—¿Y tú? –preguntó Yllianna mirando ahora a Gharrak, el joven hechicero.&lt;br /&gt;—Ambos llevamos a misma sangre, elfa. La sangre de Sahilsur el Rey Carmesí y él la ha traicionado. –Y calló, como si aquello fuera suficiente explicación. Yllianna asintió en silencio, pues había empezado a comprender que pese a la belicosidad y barbarie que los vanhurian demostraban de una manera innata, así mismo poseían un sentido del honor muy arraigado y un profundo amor por su pueblo y su tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ola maligna azotó su espíritu, y la hechicera elfa volvió con celeridad el rostro hacia el Santuario. El ulkaran estaba ya a menos de veinte metros de distancia, y su sinuoso cuello casi rozaba ahora la piedra blanquecina de la escalinata, sus terribles garras arañándola con irritantes chirridos mientras abría surcos del tamaño de un brazo de un hombre adulto. Parecía un gato agrupado y dispuesto a saltar sobre su presa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poder de la Matriz llenó a Yllianna. Alzó su Bastón hasta lo más alto y luego lo descargó sobre el suelo.&lt;br /&gt;—Nash’ehar ihlc! Deagh na tur vhess! Lithacri! –las palabras de poder abandonaron con fuerza sus labios, mientras el extremo inferior de su Bastón se clavaba con un apagado sonido metálico en la tierra. El silencio que vino a continuación resultó tan absoluto y estremecedor que parecía interminable. Entonces resonó un sordo retumbo, como el de un trueno lejano, y luego el rugiente resquebrajar de la piedra cuando los enormes bloques que constituían la escalinata se alzaron violentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transido de dolor, los rugidos del ulkaran laceraron sus oídos cuando las inmensas piedras le golpearon por sorpresa. Incluso entre aquel estrépito, el sonido de los huesos al romperse resultó audible.&lt;br /&gt;—¡Khal Vanhur! –bramó Yrkan, mientras el Drahkkoran hacía girar sobre su cabeza su espadón y echaba a correr escalinata arriba. Gywllum vaciló a penas un par segundos antes de seguirle.&lt;br /&gt;—¡Haranis! –coreó el joven con el grito de batalla que había pertenecido a su familia durante diez generaciones, y desnudando la espada familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gharrak, alto, atractivo y sombrío, se colocó a su izquierda. Sus cabellos oscuros se mecían suavemente al son del ligero viento que soplaba, y sus ojos grises miraban no a la bestia infernal, sino a la torre, y con tanta intensidad que parecía que pretendiera hacerla derrumbarse como las otras con la simple fuerza de su mirada.&lt;br /&gt;—Nosotros nos ocuparemos del ulkaran, elfa. –dijo, mientras sus manos se dirigían a su ancho cinturón y se retiraban aferrando cada una dos cortas y finas varitas, una de ébano y la otra de shirma, un material que recordaba al jade, pero de un color carmesí oscuro en lugar de verde. Luego, con un tono algo más endurecido, agregó— Tu ve al encuentro de nuestro rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yllianna buscó sus ojos y durante un instante quedaron prendidos unos de otros. Inopinadamente, Gharrak esbozó una pícara sonrisa. Un gesto tan extraño en aquel hechicero que provocó en la elfa un sentimiento nuevo.&lt;br /&gt;—Qué Laata te sonría. –le dijo, y acto seguido, con un fugaz movimiento, le tocó en el centro del pecho con la varita carmesí. La punta del objeto relució intensamente nada más tocar su cuerpo e Yllianna sintió como algo tiraba de ella, como el mundo se difuminaba ante sus ojos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que vio fue el rostro de Gharrak, entonces una impenetrable oscuridad apagó su visión durante un interminable instante; y cuando el sentido regresó a ella lo hizo acompañado de un vahído que le revolvió el estómago, amenazando con hacerle vomitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su mirada, perpleja, recorrió el lugar que la rodeaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en lo alto de la torre que había sobrevivido a la ira del Cleodhrin, justo en el mismo centro de su cúspide. Pero la sorpresa de aquello, de que el joven hechicero vanhurian poseyera tanto poder para haberla teletransportado, se esfumó con rapidez y fue sustituida por la pena y el dolor. Pues allí reinaba la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen número de hombre y mujeres, ataviados con los ropajes de aquellos consagrados al culto de Mellanna, yacían como muñecos desmadejados por el pavimento. Muchos tenían los ojos abiertos, y todos sin excepción presentaban un tono demasiado pálido en su piel, casi translúcido. Yllianna supo sin dudarlo que habían muerto en el transcurso de algún ritual mágico, sin necesidad de buscar indicios más claros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos captaron entonces la mancha oscura de sangre que ya empezaba a coagularse y que manchaba la piedra justo en el centro de aquel cementerio. Y la senda carmesí que iba desde allí hasta el extremo de la torre, donde la alta y fornida figura del Rey Brujo la contemplaba con absoluta estupefacción.&lt;br /&gt;—Por todos los dioses, como... –le oyó murmurar, mientras el temido y cruel monarca avanzaba un par de pasos vacilantes. Las placas de su oscura armadura y los eslabones de su cota de malla chocaron y crujieron entre si. No llevaba su característico casco con el dragón de alas desplegadas, y su rostro habría resultado bastante apuesto de no ser por la expresión de demencia que brillaba en su mirada y el rictus salvaje que curvaba su boca y sus ojos profundamente azules. Allí, en lo alto, el aire circulaba con mayor fuerza y jugueteaba con su melena azabache así como con las propias guedejas pelirrojas de la princesa de Jheera.&lt;br /&gt;—He venido a destruirte, Tarmuin de Vanhur. –la voz de la elfa sonó clara y alta, su característico deje musical sustituido por un timbre glacial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Tarmuin Tanagrin se echó a reír a mandíbula batiente. El humano abrió la amplitud de sus piernas, adoptando una postura más cómoda y al mismo tiempo arrogante, mientras con gesto displicente alzaba el espadón con la diestra y apoyaba la hoja negra y aserrada sobre la segunda y la tercera pieza de su hombrera articulada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un rato largo, Yllianna contempló como aquel ser despreciable se burlaba de ella con risas desquiciadas... y como éstas se evaporaban en apenas un parpadeo.&lt;br /&gt;—Eres una flor demasiado atrevida. Será un verdadero placer arrancar tus rebeldes raíces para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos del Rey Brujo se tornaron repentinamente en dos rojas gemas que relucieron con un brillo tan perverso que heló la sangre de Yllianna. Tarmuin bajó su arma, pero sin que su punta tocara el suelo. Parecía aún relajado, pero ella había visto a muchos guerreros en sus casi dos siglos de vida, y sabía que sería equivocado pensar eso; se había preparado para defenderse de un posible ataque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, un aura de llamas negras y púrpuras surgió del centro de su pecho, de un medallón que hasta aquel momento había permanecido oculto a su mirada, y le envolvió en un crepitar de poder terrible y perverso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había reconocido el emblema que colgaba del cuello del despiadado monarca vanhurian. Ahora resultaba todo evidente y comprensible... pero aquello implicaba algo tan pavoroso que no sólo le helaba la sangre a la hechicera elfa, sino que miles de finas agujas de temor reverencial atravesaron su corazón sin compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel humano era el Heraldo del Dios de la Oscuridad. ¿Cómo podía vencerle ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;Verdaderamente la Diosa de la Fortuna le había mostrado su rostro sonriente, se dijo el joven Gwyllun mientras se levantaba del suelo tras haber eludido la escamosa cola del ulkaran. Hizo un alto para recuperar el resuello. Sus dos insólitos aliados atacaban ahora a la bestia infernal, uno por cada flanco, dejándole a él libre de la atención del monstruo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Vio como la espada de Yrkan Almuran trazaba un arco descendente y hendía uno de los dedos de la garra izquierda del Dragón de las Tinieblas, y lo seccionaba como si fuera una endeble rama de árbol. Aquella hoja, cómo la que el mismo portaba, estaba imbuida con magia. En el lado contrario atacó entonces Gharrak, lanzando con su varita roja bolas flamígeras casi tan grandes como una calabaza, que se precipitaron sobre el costado del wyrm con un zumbido semejante al siseo de una serpiente. El olor a azufre y quemazón era tan punzante que Gwyllun arrugó la nariz. Incluso desde donde se encontraba, el joven vadramlano pudo sentir el intenso calor que aquellas esferas de fuego desprendían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Cuánto poder”, pensó. Y no era para menos. En sus poco más de veinte años de vida, el joven no había visto más magia que la que utilizaban los sacerdotes de la Diosa de la Vida, y en aquel día había contemplado con horror, respeto y maravilla tal despliegue de poder que de no haberlo visto con sus propios ojos no lo habría creído posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acudió a su mente la imagen de la hechicera que había arrojado sobre los muros de la ciudad una tormenta rabiosa de fuego negro... la hermana de aquel que ahora luchaba junto a él. Y a ésta le sucedió la de la hermosa elfa batiéndose a muerte con el Demonio Negro, un duelo capaz de sobrecoger incluso el alma del guerrero más valiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Dragón de las Tinieblas lanzó un rugido, pero no de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espectacular había sido el ataque del hechicero vanhurian, sin embargo, poco o nada había dañado al wyrm. La sinuosa cola de la criatura de pesadilla restalló, y barrió las piernas de Gharrak, quien cayó al suelo a su merced.&lt;br /&gt;El inmenso wyrm apenas se podía desplazar pues la magia de la elfa le había roto una de sus musculosas patas traseras; la piedra había castigado con sus choques sobretodo la articulación de la rodilla, y ésta estaba ahora descarnada y sangrando. Pero con todo se movió ligeramente en dirección al caído hechicero, la articulación bailó un momento y dejó a la vista la cabeza del fémur, de un color bilioso enfermizo y manchado de sangre, que le hizo apretar los labios en un gesto de genuino asco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mandíbula terrorífica se abrió, mostrando unos colmillos del tamaño de espadas cortas que descendieron con rapidez sobre Gharrak, quien parecía haberse quedado paralizado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquel día no era el señalado para que él muriese. Bramando, el Comandante Supremo de los Drahkkoran apareció de repente y descargó su hoja en la cabeza triangular de la bestia, desviándola lo suficiente para que los terribles dientes no tocasen al joven hechicero. Un cuerno cayó al suelo, y una lengua de fluido vital salpicó la armadura del guerrero, produciendo un quedo siseo cuando delgados zarcillos de humo se elevaron mientras la sangre abrasiva dañaba el duro metal de la coraza. Yrkan gruñó, pues una par de gotas habían rozado la carne de su cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gharrak, por su parte, no se entretuvo sino que rodó sobre su cuerpo hacia el Drahkkoran y se incorporó con premura mientras tiraba del otro hombre hacia atrás con brusquedad. Unas garras de cuchillas tan letales como las mandíbulas del ulkaran hendieron el aire allí donde antes ambos se habían encontrado. Por unos latidos de corazón habían burlado de nuevo a la fea y despiadada parca, habían escapado de acabar descuartizados. Y el joven hechicero se percató de que había perdido la varita carmesí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el turno entonces de Gwyllum. No titubeó, su mano se movió como por voluntad propia mientras avanzaba con largas zancadas, arqueaba su cuerpo hacia el lado derecho y golpeaba con su espada. La ancestral espada de su familia, Haranis, describió un arco mientras dejaba a su paso una estela azulada y rutilante, como la cola de un cometa... rajó la articulación lastimada del ulkaran sin apenas resistencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muñón cortado se convirtió en una fuente de sangre, tendones y esquirlas de hueso. Ahora si que el wyrm infernal rugió de dolor. Falto de uno de sus puntos de apoyo, la bestia se desplomó sobre el costado izquierdo, quebrándose la piedra bajo su peso descomunal y levantando una nube de polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más aún no estaba vencido el Dragón de las Tinieblas. Mientras caía atacó con sus garras y las cuchillas trazaron cuatro líneas carmesíes en el pecho del joven vadramlano. Con un grito de dolor, Gwyllum se desplomó casi al mismo tiempo que el enemigo al que acababa de sentenciar pero que se había revuelto en busca de venganza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yrkan bramó de cólera, y espadón en ristre arremetió contra el ahora vientre descubierto del ulkaran, hundiendo la larga y sinuosa hoja de acero negro hasta los gavilanes. El wyrm clamó en auténtica agonía, pero el fiero Drahkkoran no tenía bastante; haciendo caso omiso de la sangre draconiana que abrasaba sus guantes y los efluvios vitales y asquerosos que saturaban su olfato, el guerrero volteó el espadón, ensanchado la terrible herida ya de por sí inflingida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca, la mano que portaba la varita de ébano se agitó en tanto su portador musitaba un par de palabras en la antigua lengua Harnata, palabras llenas de poder y secretismo. Entorno a él el aire pareció concentrarse durante varios latidos de corazón, y después fue como si en forma de ola el aire concentrado voló hacia la testa del ulkaran y luego pasó de largo, perdiéndose su forma transparente y ondulante en las escarpadas rocas del farallón que se alzaba sobre la ciudad. Un derrumbar de rocas indicó el lugar donde el conjuro había impactado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el ulkaran yacía inmóvil, con la quietud de aquel que ya no volverá a levantarse jamás. La cuchilla de aire había seccionado su cuerpo desde la cabeza hasta el nacimiento de su ala izquierda; cortado en dos partes, aunque no iguales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sangre de wyrm, oscura, viscosa y maldita formaba con rapidez un charco bajo su enrome forma y una multitud de zarcillos de humo ascendían hacia el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos vanhurian contemplaron durante un momento la criatura infernal muerta... y se echaron a reír.&lt;br /&gt;—Malditos seáis. –dijo a su espalda una voz entrecortada, y ambos se volvieron para contemplar al joven Gwyllum, quién los miraba como si hubieran perdido la cordura. Su aspecto era ciertamente lamentable; las garras del ulkaran le habían desgarrado la cota de malla como si fueran simples trozos de cuerda y le habían marcado el pecho de por vida. Pero aunque de sus heridas manaba sangre no parecían de gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gharrak se colocó a su lado, y colocó sus manos sobre el pecho herido entonando un hechizo sanador&lt;br /&gt;—Vives, ¿no es así? –manifestó Yrkan, soltando una estridente risotada que su voz rasposa convirtió en algo hiriente para los oídos, y palmeando un hombro del joven vadramlano. Éste gimió de dolor y maldijo, lo que incrementó las risas del Drahkkoran...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Risas que murieron de golpe cuando la tierra se estremeció, las escarpadas paredes del farallón gimieron en consonancia. Cómo si fueran uno solo, los tres hombres que la necesidad había convertido en compañeros miraron con estupefacción hacia el Santuario donde la única torre del templo de Mellanna vibraba; y en su cúspide resonaban como truenos y destellaban luces tan brillantes que nada tenían que envidiar al astro de la mañana.&lt;br /&gt;—Creo, que este no es un lugar seguro. –manifestó Gharrak, contemplando atónito el poder que se desplegaba ante sus ojos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su piel de gallina era el claro testigo de lo poco había faltado para que la alcanzase el rayo púrpura convocado por su enemigo. Demasiado cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Humano y elfa giraban en círculos, sus ojos fijos unos de otros. Hacía ya rato que la elfa se había abierto a la Matriz y había absorbido toda la energía de la que podía tomar hasta el límite en el qué su vida comenzaba a correr peligro. Sus dedos aferraban con fuerza el Bastón hasta el punto en el qué la hechicera era consciente de los símbolos grabados en su superficie. La tensión la atenazaba de pies a cabeza; Su cuerpo entero era un mecanismo dispuesto a saltar ante el menor movimiento amenazador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, Yllianna estaba más que asustada. Y tenía muy buenos motivos. En los casi dos siglos que tenía de vida se había enfrentado con varios hechiceros y sacerdotes malignos, pero ninguno como el que ahora tenía frente a ella. Tarmuin Tanagrin no era un sacerdote oscuro común que servía a Ehluras, Dios de la Oscuridad; era su Heraldo, su mano directa en el mundo mortal. Y se decía que los Heraldos poseían un poder casi divino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por si todo aquello fuera poco, además estaba el espadón que forma tan impresionable el Rey Brujo manejaba con su diestra. No era un arma común si no un terrible objeto de poder, y en aquel momento un halo de apagado carmesí envolvía el negro metal de la ancha hoja. Yllianna ni siquiera se atrevía a pensar que terribles hechizos habían dado vida a tan tenebrosa arma y menos aún en aquellos que ahora la dotaban de cualquiera que fuese su oscuro poder...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su desarrollada percepción del peligro la puso en alerta. Los labios de Tarmuin se movían lentamente, ¡pronunciando en silencio la letanía de un hechizo! Actuó por instinto; los elfos son famosos por su destreza y velocidad de movimientos, e Yllianna no era una excepción. Se agachó y rodó hacia un lado justo en el momento en que el Rey Brujo daba término a su hechizo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;A salvo, la hechicera elfa se incorporó mientras contemplaba aliviada el lugar donde había estado segundos antes y donde una nube densa y negra surgía de la nada. De la nube surgió un gemido frustrado semejante al de un animal, que fue coreado por el grito del humano al haber fallado su ataque. Unos ojos grises y llenos de rabia atenazaron los suyos con una fuerza terrible. Destilaban muerte, y el Heraldo de Ehluras avanzó. La malignidad precedía al vanhurian como un perfume a los agudizados sentidos de Yllianna. Su alma se estremeció como si fuera presa de un gélido viento, la cabeza le dolía y el estómago se le contrajo; era peor incluso que el ulkaran. La negra espada se movía suavemente, su punta trazando pequeños círculos a escasos centímetros del suelo. Su aura carmesí dejando una difusa estela a su espalda...&lt;br /&gt;—Eres una adversaria digna, elfa. Será una pena acabar con tu existencia. –pese a la sonrisa que lucía, los ojos de Tarmuin Tanagrin no reflejaban el mismo sentir. Dejaba claro que no lamentaría su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yllianna se limitó a permanecer callada, haciendo caso omiso de sus pullas y sus intentos de desconcentrarla, de intentar que bajase la guardia. No lo conseguiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada del vanhurian relampagueó airada, como si la imperturbabilidad de la elfa fuera una nueva ofensa más que hubiera de resarcir... y el símbolo que pendía aborrecible de su cuello comenzó a relumbrar, un carmesí algo más oscuro que el aura del espadón. Luego, lenguas de fuego negro, que nacían del mismo corazón del medallón, comenzaron a extenderse hacia izquierda y derecha, arriba y abajo, como cintas con voluntad propia que se desplegaban para amortajar aquel fornido cuerpo que poseía el Rey Brujo. El espíritu de Yllianna no gemía, ahora gritaba ante el mal que azotaba su ser con saña, con siniestro regocijo. Los músculos comenzaron a resultarle pesados, de piedra en lugar de carne, y los huesos le dolían hasta el punto de que pensó que le iban a estallar... ¡entonces se dio cuenta de que sus piernas habían flaqueado y se había postrado de rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El espadón comenzó a describir una danza de muerte, mientras las risas llenas de crueldad de Tarmuin zaherían sus oídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue consciente de cuando el Heraldo se detuvo ante de ella, sólo vio el espadón describiendo un exagerado arco sobre la cabeza del vanhurian antes de que lo descargase sobre ella. No tenía tiempo de realizar hechizo alguno. Encomendó su alma a Zaldhya y hizo lo único que podía hacer como última defensa. Alzó el Bastón que aferraba con ambas manos y lo interpuso entre ella y la endemoniada hoja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poder de la magia élfica se enfrentó contra el negro poder del Dios de la Oscuridad. Las fuerzas liberadas, una pura y la otra corrupta, descargaron rayos de plata y púrpura, de oro y azabache, de azul y carmesí. La torre tembló, y a su alrededor se elevaron bloques del pavimento para salir despedidos hacia algún lugar mientras otros se reducían a polvo en cuanto alguno de las emanaciones malignas lo rozaban siquiera. Mientras que pequeños tornados giraban entorno a ambos combatientes, arrastrando piedra y cadáveres a su paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Tarmuin e Yllianna gritaban, de dolor pues el poder del contrario lo hería profundamente, de éxtasis pues en aquel momento experimentaban un poder como jamás lo hubieran sentido... Pero el Rey Brujo jugó sucio, y golpeó con su bota guarecida de metal un costado de la elfa. Yllianna gimió de dolor, su magia se desvaneció y el poder que Ehluras concedía a su Heraldo rugió vencedor y satisfecho, y la envolvió con su siniestro abrazo. Físico y espiritual, Yllianna se estremeció de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos, brillantes por las lágrimas, se alzaron para mirar al rostro de la muerte.&lt;br /&gt;—Muere. –dijo, con una sonrisa cruel, el Rey Brujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elevó de nuevo su espadón, sin advertir el extraño brillo que había surgido en la mirada de la elfa. Y aquel fue el error que no debería haber cometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un estallido de energías, Yllianna se incorporó gritando y embistió con su Bastón a modo de lanza. Tarmuin estaba ataviado con una armadura pesada de placas y malla, forjada por los mejores herreros, protegida por hechizos contra la magia... pero el Bastón creado por los elfos de Irhazhellan penetró en la armadura como si esta no fuera tal, y ensartó al hombre por su abdomen. Un grito agónico, y casi inhumano, brotó de la garganta del herido Rey Brujo. El espadón rebotó sordamente contra el suelo cuando sus dedos aflojaron su presa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poder de Ehluras se desvaneció de golpe, y la elfa sintió como si la liberasen de cadenas y grilletes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tambaleante, el hombre retrocedió unos pasos en tanto sus manos descendían para aferrar desesperadamente aquello que le había matado. Por primera vez, la crueldad desapareció de sus ojos, y brillaron estos con tal perplejidad que por un instante Yllianna olvidó lo impío que era aquel hombre. Pero fue sólo un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Bastón relucía ahora intensamente, como si el Sol se hubiera encarnado en él, mientras zarcillos de blanca energía se iban extendiendo como telarañas por el cuerpo de Tarmuin.&lt;br /&gt;—Ehluras... auxiliame... –balbuceó el humano, llevándose una mano al símbolo de la deidad a la que servía. La elfa observó como el Rey Brujo cerraba los párpados, y musitaba lo que imaginó debía ser una plegaria al Dios de La Oscuridad para que lo sanara. Mas la perversa divinidad no respondió... ni siquiera a su Heraldo. El símbolo de Ehluras era ahora un trozo de hierro, retorcido, frío, e inservible.&lt;br /&gt;Como Tarmuin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las puras líneas de poder eran cada vez mas numerosas... e Yllianna supo entonces lo que aquello significaba. Giró sobre sus talones y echó a correr, reuniendo todas las fuerzas de las que aún disponía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A sus pies, comenzó a sentir un temblor en crescendo. Aceleró las zancadas sintiendo como mientras a su espalda el humano comenzaba a gritar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó justo al borde de la torre cuando a su espalda se produjo un resplandor tan intenso que incluso estando de espaldas su visión se desvaneció. Tarmuin Tanargin gritó por última vez; ella saltó al vacío...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la cúspide de la torre estalló.&lt;br /&gt;Yllianna, mientras caía hacía una más que posible muerte, se sintió invadida de una paz inmensa. Había combatido a un mal muy superior y lo había vencido. Su padre estaría muy orgulloso de ella... Cuando perdió la conciencia, la elfa dejó que la Matriz la llenase con su poder... por última vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Glosario:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Almuran, Yrkan: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;General Supremo de los Drahkkoran, miembro de la Casa&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Almuran. También llamado el Asesino de Lohyzar. Por sus venas corre la Antigua Sangre de Harnai, aunque debido a la horrible alteración de su rostro (obtenida en la Segunda Guerra contra los Engendros) los rasgos distintivos de esta raza no se advierten tan claramente como en el caso de Gharrak, Gwyllun, o Varacin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Antigua Sangre: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Aquellos que descienden de los antiguos&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; habitantes de Harnai. Se decía que los habitantes de este imperio desaparecido hacia más de quinientos años no eran humanos, sino algo superior, llegados de otro mundo paralelo a Aderth.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Matriz: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Como la mayoría de las Razas que&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; pueblan Aderth, los elfos manejan la magia, y quizás con mayor dominio, debido a su naturaleza. La Matriz, como así denominan ellos a la Fuente que sustenta sus hechizos, es como un pozo en el que reside parte de la esencia de TODOS los Dioses a los que adora el pueblo élfico.&lt;br /&gt;En la Cultura élfica no existen clérigos de una sola deidad. Los magos, son al mismo tiempo clérigos, pero sin un dios o diosa fijo. Sirven a todos y todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Cleodhrin: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Antigua palabra&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; élfica para designar a una raza primigenia creada por los Dioses, en el albor de los tiempos, para proteger a las razas menores de los grandes monstruos de antaño. Eran cuatro, todos varones, e inmortales. Al parecer, el Guardián era el último miembro de esta raza primigenia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Irhazhellan: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;El Reino de los&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Elfos, situado entre los Picos Tempestuosos de los draahní y las Praderas de los karuir. Es una tierra boscosa, llena de valles, ríos y lagos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;El Crisol: También llamados los Vientos de la Vida y la Muerte, es la Fuente de la Magia que utilizan los humanos. Nadie sabe exactamente su origen, o qué es. Si tiene alguna relación con los Dioses adorados por los humanos, o es en cambio algo ajeno por completo a ellos. El término de “Crisol” lleva relativamente poco tiempo utilizándose para hacer referencia a este tipo de magia.&lt;br /&gt;Dentro de la jerarquía humana, los hechiceros se dividen en Casas. Siendo la primera la más poderosa, y decreciendo en poder cuanto mayor es el número de la Casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Iiandra: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Máxima ceremonia que sólo el Supremo&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Sacerdote de Mellanna puede llevar a cabo. Iiandra es una palabra del harnata primitivo que quiere decir: “Senda Divina”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Kaladiandar, Varacin&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;: Nacido&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; en el primer siglo tras el ocaso harnatai, fruto de una violación perpetrada por un mercenario aesaín, a una muchacha de familia mercader aunque humilde, quien por su madre llevaba la sangre de los perdidos habitantes del imperio mágico. Educado en un templo de Cyanna, se adoctrinó en sus enseñanzas y se entrenó como uno de los mejores espadachines habidos en Aderth. Entre otras cosas, ejerció de tutor de los hijos de la Casa Tanagrin durante medio siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Khal’rardh: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;ser demoníaco, creado por las Artes del Imperio Harnatai&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; hacía más de seis siglos, cruzando hombre, bestia y demonio en su creación. Criaturas de Zhaar Khuzen, uno de los más temidos y crueles hechiceros harnatai de su época. Terribles, tanto por su poder como por su agudizada inteligencia, los Demonios Negros (por el color de su piel) son solitarios y vengativos. Odian a los hechiceros, y sobretodo odian que uno les prive de su libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Ehluras: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Dios de la Oscuridad y Corrupción, Primero del Panteón&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Oscuro, Amo del Inframundo y sus criaturas. Uno de los Dos Primigenios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Cyanna: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Diosa del Panteón de la Luz, Deidad de las Artes y&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; los Guerreros. Hija de Cyon el del Martillo, Dios de la Guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Mellanna: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Deidad del Panteón de la Luz, Diosa de la&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Zaldhya: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Deidad del Panteón de la Luz, Diosa Madre de los&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Elfos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Drahkkoran: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Dentro del reino de Vanhur, la élite entre los&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; guerreros. Entrenados desde pequeños, los Drahkkoran son los más fieros combatientes que se pueda encontrar entre los reinos humanos en la actualidad... tan terribles como los draahni de los Picos Tempestuosos o los karuir de las Llanuras Altas.&lt;br /&gt;Son el cuerpo que defiende al Rey de Vanhur con su vida, leal hasta la muerte, regidos por un Código rígido.&lt;br /&gt;Fue creada por el Príncipe Hiujar, el Espadachín Fantasma, y Antigua Sangre. En vanhurian, Drahkkoran significa Garras del Dragón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Engendros: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Nadie sabe cuando surgieron ni&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; cual es su origen, pero hace muchos siglos llegaron del sur, arrasando pueblos, ciudades y reinos. El Imperio de Harnai fue uno de los que cayó, aunque tampoco aquello importó a los demás pueblos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Tanagrin, Tarmuin: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;El Rey Brujo de&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Vanhur. No pertenece a la Antigua Sangre. Hijo de Uhaer Tanagrin, El Rey Dragón, en su niñez fue educado por los mejores tutores, Lhaazo Irona (Sabio y Filósofo de Esokra, capital del Impero de Ehsen) y Varacin Kaladiandar, Sacerdote Guerrero de la Diosa Cyanna. En algún momento de su temprana madurez (entre los 19 y los 24) Tarmuin entró en contacto con el Culto a Ehluras, y en pocos años se convirtió en su marioneta favorita. En realidad, Tarmuin no era un brujo, pues jamás había podido coger una pizca de poder del Crisol, sino un clérigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Uhaer&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Tanagrin:&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Conocido como el Rey Dragón. Hijo de &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Sahilsur&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;,  uno de los muchos Reyes que poblaban Rhyësal. Sahilsur era al único de éstos que pertenecía a la Antigua Sangre de Harnai. Hermano mayor de Dhetharon, y alumno de Varacin Kaladiandar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Tanagrin, Hiujar: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Apodado el Espadachín Fantasma&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;debido a su velocidad y manejo de la espada. Alumno, amigo y rival de Varacin Kaladiandar. Hermano menor de Sahilsur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Tanagrin, Dhetharon: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Hermano menor&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; de Uhaer. Primer Señor de Urvoda. Modelo a seguir por los guerreros de Vanhur, murió durante la Segunda Guerra contra los Engendros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanagrin, &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Kalemra:&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Señor de Urvoda y primo hermano del Rey Tarmuin, Kalemra era el siguiente al&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Trono del Dragón de Vanhur, pero murió en extrañas circunstancias. Se cree que fue asesinado por Tenagarr, el mayor de los hijos bastardos de Tarmuin (de las cinco consortes que tiene, cuatro le han dado hijos e hijas, teniendo 3 de los primeros y 6 de las segundas). Era más querido que el Rey Brujo por el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Bastardos reconocidos de Tarmuin:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Tenegarr (Muerto por Anuhaer 20&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; años más tarde) 23V, Icyrra (Tenegarr la envía como prometida a Gwyllum Novarr, Lord Protector de Vadramlar. De ella nacerá Ghazhilar Mano y Espada de la Diosa, Sumo Sacerdote de Mellanna, Protector de Daia) 23H, Shevoria (Asesinada por Tenegarr nada más ser coronado rey de Vanhur) 22H, Lhoijar 22V, Hiilai 20H, Bhelana (Muerta por Anuhaer 20 años más tarde) 19H, Yarra (declarada traidora a Vanhur por su hermano Tenegarr, pero gracias a la ayuda de su esposo, el Comandante Drahkkoran Shadrin Kaadi logra huir del tajo del verdugo)18H, Kyrrezi (desaparecida)18H y Anuhaer 17V.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Dragones: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Antaño fueron muchos, grandes&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; y voraces, su fuego y su visión temidos en todos los reinos... Hasta que los Harnatai llegaron. El poder de este extraño pueblo fue abatiéndolos poco a poco, unos a uno hasta que al final los wyrm decidieron abandonar el continente y buscar otras tierras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Amnorath: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Dios de la Luz y la Virtud, Primero del&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Panteón Luminoso. Uno de los Dos Primigenios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Laata: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Diosa de la Fortuna.&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Deidad bilateral, pues tan pronto puede favorecer como castigar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novarr&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; Etamin, Badnor&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;: El Caballero Blanco, debido a que su armadura, su capa y su&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;à&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt; espada eran del color del marfil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;Shiirma: &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;El Shiirma es una coligación &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;de varios sacerdotes, formando diferente símbolos geométricos (triángulos, circulos, cuadrados, pentágonos...), con diversos fines. La Iiandra es uno de ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="contarticulo"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-6081596444878311694?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/6081596444878311694/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=6081596444878311694&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/6081596444878311694'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/6081596444878311694'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/12/vadramlar-versin-1.html' title='Vadramlar versión 1'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-7833521076339739487</id><published>2008-12-11T18:42:00.001-08:00</published><updated>2008-12-11T18:46:28.320-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Relatos Antiguos (III).. El Juramento de la Sangre</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;  Y otro relatito mas, este también tiene sus años de cuando era un tolkiendili acérrimo :D Arandil Elenmoth fue además un personaje mío de las partidas de rol de ESDLA... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;"El Juramento de la Sangre"&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;            En  el otro extremo de la llanura de Pelennor, el ejército oscuro de Mordor se puso  en movimiento.&lt;/p&gt;            Mientras contemplaba como los orcos se aproximaban, Arandil se cercioró  de que su equipo estuviera preparado, y en buenas condiciones. Deslizó un par de  veces la hoja de su espada, Aglarmir, en el interior de su funda, y quedó  satisfecho al comprobar que lo hacía con suavidad.            A su izquierda, una voz musical y suave, dijo:  &lt;br /&gt;         —Ya se acercan, Elenmoth. –Arandil asintió, mientras tanteaba las  cinchas de su escudo, pues no quería que éste se le cayera del brazo en mitad de  la lucha por no tener prietas las correas. Elenmoth, tal era el nombre que le  daban los elfos, y que significaba Estrella del Crepúsculo. Un nombre que  parecía estar hecho a su medida.  &lt;br /&gt;         —Así es, mi buen Gelmir. –manifestó el dúnadan, con tono llano,  palmeando con suavidad a Dúlin, su ruano—. Así es.&lt;br /&gt;          Gelmir era un elfo de Rivendel, cuyos cabellos dorados y su gracia y  altura lo identificaban como miembro de la Casa de Fingolfin. En el hermoso  rostro del elfo se dibujó una sonrisa de pesadumbre, pues había advertido la  preocupación en la voz de su amigo.  &lt;br /&gt;         —No debes preocuparte, dúnadan. Tus hijos ya son mayores, incluso  mayores que otros hombres corrientes, y saben cuidarse solos. Pertenecen a una  raza fuerte. –dijo el elfo, sonriente, posando su mano derecha sobre el hombro  del Edain. Gelmir era uno de los pocos Noldor que aún moraban en la Tierra  Media, y de éstos todavía eran menos los que tratarían con tanto respeto y  afabilidad a un miembro de una raza distinta.   &lt;br /&gt;        Por toda respuesta, Arandil gruñó levemente. Era consciente de que el  elfo hablaba con razón, pero aun así...   &lt;br /&gt;         Su hijo mayor, Isilnar, contaba ya con sus buenos sesenta años, una  edad madura para un hombre pero aún joven para un dunedain. E Isilnar tenía ya  dos hijos y una hija; Eldacar, el mayor y que contaba cerca de los treinta años  se había quedado en Dol Amroth junto a su hermana Lindorië, su madre y su  abuela, pues su esposa estaba a punto de dar a luz. Su otro nieto, Fiondil, si  que había acudido a la batalla, y se encontraba entre los guerreros dúnedain  junto a su padre, Isilnar, y sus tíos.    &lt;br /&gt;      Arandur y Eärnur eran sus hijos gemelos, y tenían casi cincuenta años; aún  no se habían desposado, decían que todavía eran jóvenes, y aseguraban que  Isilnar ya había perpetuado por ellos el Linaje en todo caso. Alatáriel era su  única hija, y también era la luz de sus ojos –como Narwen, su esposa, era la luz  de su alma—, una joven tan hermosa y unos cabellos dorados tan fulgurantes que  parecía el mismo sol encarnado... Había ocasiones en las que Arandil dudaba que  fuera hija suya, que algo tan maravilloso procediera de él en parte, que llevara  su sangre.    &lt;br /&gt;        Y, finalmente, el benjamín era Menelmacar, nombre elegido por su madre  y que era uno de los nombres de la constelación de Orión. Significaba “el  Espadachín del Cielo”. Menelmacar contaba con sus buenos treinta años, y  ciertamente parecía haber nacido para el arte de la espada.    &lt;br /&gt;         Al igual que Arandil, su esposa procedía de Dol Amroth, pero si bien  ella pertenecía a los dúnedain oriundos de la ciudad, el padre de Arandil había  sido un dúnadan del norte, uno de los desperdigados montaraces; Cuando tenía  cuarenta y cinco años, su padre Araphant había desposado a una mujer de Dol  Amroth, con sangre élfica corriendo por sus venas, naciendo él a los cinco años  del matrimonio. Contaba Arandil casi ciento diez años ahora, y sin embargo,  seguía poseyendo la lozanía de la juventud y si se tomaba como ejemplo la edad  de su madre –quien contaba ya con una cifra próxima a los doscientos y no  aparentaba tener más de treinta en una humana normal—, a buen seguro le restaban  aún muchos años de vida... si no la cortaba una espada orca aquel día.   &lt;br /&gt;        —Dices bien, Gelmir –repuso él con suavidad. Luego se enderezó  bruscamente sobre la silla de montar, y extendió su brazo derecho para exclamar—  ¡Prepara tu espada, amigo mío! ¡El enemigo se aproxima!.  &lt;br /&gt;         Un canto metálico se propagó por las filas de los jinetes cuando las  espadas de elfos, dúnedain y rohirrim abandonaron el abrazo de sus vainas, y  Aglarmir, la espada familiar de Arandil, destelló bajo los rayos de la mañana  mientras su mano experta aferraba con familiar tacto la empuñadura del arma.   &lt;br /&gt;        La marea negra se aproximó hacia ellos, gargantas que gritaban obscenas  palabras en la oscura lengua orca, cimitarras de aspecto cruel destellando  ominosamente bajo el sol, mientras sus portadores las agitaban salvajemente  sobre sus cabezas. Como si fuesen un solo jinete, el ejército de la Luz se lanzó  hacia delante, los caballos descendiendo veloces por la ladera de la colina.&lt;br /&gt;          —¡Por la Casa de Isildur! –el gritó de Arandil se unió a los gritos de  guerra de los rohirrim y a los de sus parientes dúnedain; Dúlin galopaba tan  rápido que sus cascos no parecía tocar suelo, y el dúnadan supo que su fiel  montura estaba ansiosa por entablar batalla.  &lt;br /&gt;         Mientras las fuerzas de las razas aliadas descendía a galope tendido  del promontorio, los arqueros entraron en acción; una andanada de millar de  flechas surcó el aire y calló cuál lluvia mortífera sobre las filas orcas.  Muchos orcos cayeron sobre la tierra de la llanura para no volverse a levantar  jamás. Empero, miles quedaban aún vivos.   &lt;br /&gt;         El choque entre ambos ejércitos fue terrible y estruendoso. Los gritos  de guerra de unos y otros se entremezclaron entre sí, y con el ensordecedor  entrechocar de los bien templados aceros.             Dúlin se abrió pasó entre los primeros orcos a base de dentelladas y  coces, en tanto su jinete descargaba a un costado y al otro tajos y tajos; y  cada vez que Aglarmir ascendía, su plateada hoja surgía más bañada en la sangre  oscura de sus enemigos. Un grito gutural hizo que Arandil hiciera cabriolar a su  montura y encarase a su nuevo oponente, un enorme uruk-hai, con una enorme  cimitarra aserrada que el ser bestial hacía girar sobre su yelmo en amplios  círculos.  &lt;br /&gt;                Las dos armas se encontraron en un poderoso golpe. Saltaron chispas.  Hasta el último de los músculos de su brazo derecho se tensó, sacando fuerza de  los rincones más escondidos de su ser para contrarrestar la descomunal fuerza de  su oponente. El colmilludo y feo rostro del orco estaba contorsionado por la  rabia, una saliva viscosa goteándole por las comisuras de los labios.            Arandil apretó las piernas e inmediatamente su montura retrocedió, para  a continuación con una leve presión de su muslo sobre el costado derecho del  animal hacer que éste se desplazara en sentido contrario. La hoja de Aglarmir se  levantó y avanzó relampagueante hacía delante, enterrándose profundamente en el  ancho y desprotegido cuello del orco. La sangre, negra y espesa, manó  profusamente mientras el uruk-hai se llevaba sus manos a la garganta, con  expresión de sorpresa, intentado contener aquel imparable fluir.  &lt;br /&gt;         Olvidando a su moribundo oponente, el dúnadan alzó su mirada. Entonces,  con gesto sombrío, hincó sus romas espuelas en las ijadas de Dúlin, espoleándola  hacía el mare mágnum que era el corazón de la batalla. Tras un relincho de  desafío, el caballo se lanzó como una flecha.            En su camino, Aglarmir se tiñó numerosas veces de sangre enemiga  nuevamente; varios orcos, un peludo y gris huargo, y una docena de los hombres  rendían vasallaje y esclava servidumbre a Mordor.     &lt;br /&gt;      En un momento de respiro, el dúnadan miró en derredor, buscando con su  mirada a lord Imrahil, Príncipe de Dol Amroth, a cuyo lado había acudido al  enfrentamiento contra el oscuro ejército del Enemigo. No tardó en hallarle,  acompañado de Huirlin de Pinnath Gelin, de Halabard de las Tierras  Septentrionales y de Eomer, sobrino del Rey Theoden de Rohan quién se encontraba  en algún lugar de esa batalla, y guerrero capaz de cuántos había conocido  Arandil; los tres poderosos señores luchaban a la cabeza de una mezcolanza de  dúnedain de Dol Amroth, eorlingas y montaraces, quienes se habrían paso a base  de sangre y acero entre las filas de Mordor.    &lt;br /&gt;       Cuando Arandil buscaba un nuevo enemigo con el que luchar, escuchó un  nuevo grito, uno que no había esperado escuchar nunca más.  &lt;br /&gt;         —¡Elendil!    &lt;br /&gt;       Sus ojos se movieron veloces, y entre la maraña caótica que era el  combate pudo a preciar a tres figuras que no había atisbado momentos antes. Un  enano armado con un hacha que cercenaba miembros de orcos cada vez que  descendía, un elfo de los bosques que parecía bailar entre los orcos mientras  éstos caían bajo su largo cuchillo, y un hombre, un dúnadan de oscuros cabellos  y claros ojos. Arandil le reconoció al instante, pese a que muchos años habían  transcurrido desde que le viera por última vez. Aquel diestro guerrero no era  otro que Aragorn, Capitán de los Montaraces, Señor de los Dúnedain del Norte, el  Heredero de Isildur..  &lt;p&gt;           —¡Padre!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           El grito sacó a Arandil de su ensimismamiento. Un cuerpo voluminoso se  arrojó sobre su espalda y lo tiró del caballo. Aunque la hombrera y la cota de  malla acolchada amortiguaron parte del impacto, el dúnadan apretó los dientes  cuando una punzante oleada de dolor sacudió su costado derecho. Lanzando un  grito, giró sobre sí al tiempo que apartaba el cuerpo tendido sobre él.  Entonces, al verlo, sus manos se detuvieron. Eärnur era quien le había  derribado. Eärnur, su hijo de rubios cabellos y su carácter siempre alegre,  yacía ahora sobre él, con el asta negra de una flecha orca asomando del centro  de su espalda.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —¡Noooooo...! –el angustiado grito brotó de lo más hondo de su ser,  llenó de un dolor que sólo otra persona que hubiese padecido una pérdida  semejante lo comprendería. Para él el tiempo dejó de fluir — &lt;i&gt;Aí..! Eärnur...  etye melda hinya! &lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Arandil tomó el rostro de su hijo entres sus manos, y con la diestra le  apartó los apelmazados mechones dorados que le caían sobre la faz, mientras las  lágrimas corrían por sus mejillas. Eärnur sonrió a su padre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —&lt;i&gt;Namàrië atarinya... &lt;/i&gt;–musitó, entonces los azules ojos se le  vidriaron y murió. Su espíritu, libre de las ataduras mortales, se marchó. Con  dolor en sus movimientos, Arandil se desprendió el broche que sujetaba su capa y  con ella cubrió el cuerpo inerte de su hijo.&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%;"&gt;          —Adiós, hijo mío. –musitó Arandil en la Lengua de los Hombres, mientras  las lágrimas le humedecían la barba. Y luego, en la lengua de los Elfos, añadió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —&lt;i&gt;Nai Eru etye varyvar tennoio.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Para el guerrero dúnadan había sido como si el resto del mundo dejase  de existir. Bruscamente, fue de nuevo consciente del estrépito infernal que le  rodeaba; del canto del acero, de los gritos de guerra. Con los ojos enrojecidos,  y repentinamente secos, Arandil se levantó mientras tomaba su espada. Agarró  fuertemente la empuñadura, tanto que los nudillos se le pusieron blancos. De  nuevo en sus manos, Aglarmir –la espada de sus Antepasados, la espada que  portara el mismísimo Arvedui, ültimo Rey de Arthedain, descendiente de Valandil  hijo de Isildur— pareció cobrar vida, pues pese a las manchas de sangre que  ocultaban partes de la hoja, el resto relució con destellos plateados como si  reflejase los rayos del sol.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Dúlin, su montura, se acercó a él y le propinó un suave golpecito en el  hombro con el morro. Pero el dúnadan no le prestó atención. Un hombre del Este  se acercó demasiado, sin embargo, tuvo la mala suerte de hacerlo por el lado del  caballo y Dúlin le golpeó con sus cuartos traseros en pleno pecho. El poderoso  golpe no sólo abolló la débil protección de su cota de malla sino que le quebró  seis costillas superiores y le reventó el corazón. Antes de que el cuerpo tocase  el suelo metros más atrás, el desafortunado hombre del Este ya estaba muerto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Arandil salió de su estado de shock entonces.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —¡Por la Casa de Isildur! –bramó y se arrojó hacia el primer enemigo  que captó su atención. Un uruk negro de las Montañas Nubladas se derrumbó sobre  la tierra, con la cabeza a medio separar del cuerpo. Poco después cayó otro  orco, y otro, y otro. Arandil luchaba poseído por un puro frenesí de sangre, y  gritaba cada vez que asestaba una estocada, un tajo. Varios hombres del Este  huyeron de él, y también un par de orcos, en busca de enemigos menos peligrosos.  Él corrió tras ellos, en absoluto saciada su sed de sangre y venganza.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Pasaron cinco minutos, y el guerrero había matado ya a más enemigos de  los que podía contar. No obstante, esto no significaba que Arandil hubiera  salido indemne de todos sus enfrentamientos; varias estocadas de acero orco  habían atravesado su pesada cota de malla en diversas zonas de los costados,  tenía un profundo corte en el muslo derecho y en ambos brazos presentaba una  docena de pequeños cortes. En realidad era ligeramente consciente de la sangre  que aún salía por dichas heridas pero poco le importaba esto. Lucharía hasta  desfallecer.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Delante, a un par de metros, un orco desjarretó los cuartos delanteros  de un caballo. Su jinete, un pelirrojo rohirrim voló por encima de la grupa de  su montura y cayó pesadamente de espaldas. Aturdido, el Jinete no vio el orco se  le aproximaba y alzaba su gran hacha de combate, dispuesto a descargarla sobre  su casco. Arandil llegó antes de que el golpe fatal fuera descargado, y la hoja  del dúnadan se clavó en el pecho del uruk.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —¡Por Eru, Jinete! ¡Ponte en pie y desenvaina tu acero pues se nos  echan encima más enemigos!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Tambaleante, el rohirrim logró incorporarse. Con pasó renqueante se  colocó hombro con hombro junto a Arandil y desenvainó su espada, de larga hoja y  curva.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —Gracias, Montaraz. –varios orientales se acercaban gritando a ellos.  El Jinete esbozó una sonrisa que nada tenía de divertida.— Recibámosles como se  merecen. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Y gritando “¡Por la Marca!”, se lanzó hacia sus oponentes. Arandil le  siguió un instante después. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           El combate se sucedió de un modo trepidante. Dos a uno superaban los  enemigos a los dos compañeros de batalla pero combatían con tal bravura que  nadie hubiera afirmado que estaban en desventaja. Pero su término fue triste,  pues el rohirrim cayó sin vida sobre la tierra no sin antes matar a su último  oponente, y el propio Arandil no salió indemne.  Un arma enemiga le había  causado un profundo corte en el muslo izquierdo, así que cuando se movió lo hizo  con paso renqueante.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Cada vez eran más los cuerpos que se amontonaban sobre el suelo del  campo de Pelennor y cada vez era más la sangre que se derramaba sobre él. La  sangre de hombres justos, valientes y orgullosos, junto a la sangre de los  sirvientes del Enemigo. Los gritos de guerra se entremezclaban de tal modo con  los gritos de muerte que no se sabía cuando empezaban unos y terminaban los  otros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           De nuevo, Arandil tuvo a la vista a su señor Aragorn y a sus dos  compañeros desiguales, el grácil elfo de rubia cabellera y el enano que  resultaba terrible con su gran hacha de batalla. A su paso, el trío no dejaba  más que un rastro de enemigos muertos; Haradrim, Aurigas y uruk negros. Arandil  se quedó quieto, observando con asombro y reverencia. ¡La Espada Quebrada,  aquella que se rompió bajo el cuerpo de Elendil en la última batalla contra  Sauron, había sido forjada de nuevo! Arandil sintió un flujo de esperanza en su  interior, pues tal visión no podía ser más que un buen presagio. Y se habría  quedado allí, como hechizado observando como Aragorn hijo de Arathorn, el más  grande de los Hijos de los Reyes de los Hombres, bailaba una danza mortal con  Anduril en su sus manos de no ser por que su destino había de cumplirse.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           De repente, como aparecidos de la nada, surgieron un grupo de Corsarios  de Umbar. Arandil apretó las mandíbulas y su gesto se ensombreció al verlos. Los  Corsarios eran descendientes de aquellos dúnedain traidores que huyeron tras la  Guerra de Parientes de Gondor, y salvó los Númenoreanos Negros, no había otros a  los que el pueblo de Arandil odiara más. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Los Corsarios se dividieron en dos grupos, uno fue hacia Aragorn, pues  le habían reconocido, mientras que el segundo atacó al elfo y al enano. En  cuestión de unos pocos latidos de corazón, se formó una brecha entre ambos.  Arandil aferró fuertemente la empuñadura de su espada y comenzó a desplazarse  casi a la carrera. El dolor de la herida del muslo se volvió lacerante y  absoluto, empero Arandil continuó sin rebajar el ritmo. La vida de su Señor  dependía de ello.  &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Aragorn había acabado con la vida de cuatro Corsarios cuando él llegó y  abatió a un quinto.  Aún quedaban otra media docena de aquellos enemigos. El  Capitán de los Montaraces le dedicó una mirada rápida y en sus ojos asomó el  reconocimiento.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —Bienhallado seas, Pariente. –dijo Aragorn, medio sonriente, mientras  Arandil se colocaba espalda contra espalda. Los Corsarios comenzaron a  rodearles.— Aunque temo que tu momentánea ayuda sólo retrase el inexorable fin  de ambos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —Entonces, cobrémosles un alto precio por nuestra sangre. ¡Qué en Umbar  se tema durante siglos el nombre de los Hijos de Elendil!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Aragorn rió alto, pues las palabras de su pariente también habían  enardecido su espíritu.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —¡Elendil! –gritó Aragorn, y su espada decapitó a uno de sus enemigos,  pillándole por sorpresa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —¡Por la Casa de Andunië! –coreó Arandil, al tiempo, y se lanzó al  ataque. Aglarmir cercenó un brazo y traspasó un corazón.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Las dos antiguas hojas, Andúril, antaño Narsil de Elendil, y Aglarmir  de Arvedui, se tiñeron con la sangre de los atávicos enemigos de los  descendientes de Númenor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Por el rabillo del ojo captó Arandil un movimiento furtivo. Acabó con  celeridad con el último Corsario y se volvió para encarar a su nuevo adversario.  El Haradrim, situado algo menos de cinco metros, alzó la lanza que portaba. La  lanza salió disparada. Pero el mortal proyectil no iba destinado a él, sino que  voló directamente hacia la espalda del Heredero de Isildur.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Arandil no fue consciente de gritar el nombre de su pariente, ni de  correr la distancia que lo separaba de él. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           La lanza encontró blanco, aunque no el objetivo pretendido por su  dueño. La larga punta de la lanza atravesó la cota de mallas, rompió costillas,  segó carne y músculos y surgió por la espalda limpiamente, empalando a Arandil  de parte a parte. El guerrero salió disparado y aterrizó de espaldas sobre el  suelo. No gritó.  Intentó incorporarse pero había dejado de tener control sobre  su cuerpo y sus movimientos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Débilmente, escuchó el ruido de unos pasos aproximándose. Alguien se  arrodilló a su lado. Se le había desenfocado la vista, así que entrecerró los  ojos y su alrededor se tornó nítido. Sobre él se inclinaba Aragorn.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —&lt;i&gt;Aranya…&lt;/i&gt;—los labios de Arandil parecían reacios a moverse. Lo  que dijo entonces fue tan solo un susurro, pero Aragorn lo escuchó.—&lt;i&gt; tirnenye  i Vanda!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;          —Así es mi Pariente. –musitó Aragorn, pero Arandil no le oyó pues ya  había muerto. Sus ojos vidriosos miraban fijamente al cielo. Gran pesadumbre  apresó el corazón del Heredero de Isildur, pues otro gran descendiente de  Isildur, aunque no por línea directa como él mismo, había muerto bajo la mano  del Enemigo. Era grande la deuda de sangre que Mordor debía pagar a la Casa de  Elendil.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Aragorn extendió una mano y con gesto afectuoso cerró los párpados de  un guerrero, de un noble dúnadan, que había cumplido con su deber hasta la  tumba.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           —&lt;i&gt;Nai isil ar i eleni etye siluvar tennoio, onóronya.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;  &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Muchos grandes hombres cayeron aquel día. Theóden de Rohan, Huirlin de  Pinneth Gelin, Halabard de las Tierras Septentrionales, pero de entre todos  ellos, la pérdida de Arandil de Dol Amroth y sus hijos fue la que más pena causó  a Aragorn Heredero de Isildur. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;  &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Después de la Guerra del Anillo, después de qué el Anillo Único fuera  destruido y Aragorn fuera coronado Rey, hizo construir en Dol Amroth un  mausoleo, y en el rezaba ésta inscripción:&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt; &lt;i&gt; Cómo príncipes desterrados vivieron,&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt; &lt;i&gt; como héroes serán recordados, pues &lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt; &lt;i&gt; gran servicio prestaron a su Pueblo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt; &lt;i&gt; Arandil Elenmoth y sus hijos&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt; &lt;i&gt; Isilnar, Arandur, Eärnur y Menelmacar, &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Príncipes de la Casa de  Elendil&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;/p&gt; &lt;p&gt;          Sólo Fiondil hijo de Isilnar hijo de Arandil retornó vivo a su casa, y  lo hizo con una mano amputada. Y su hermano Eldacar asumió la Cabeza de la Casa,  y como pariente próximo al Rey y príncipe por sangre ocupó su puesto en el  Consejo del Rey, y su más secreto protector pues aún su Casa contemplaba el  Juramento. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;           Y así fue durante el resto de los siglos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;  &lt;/p&gt; &lt;p&gt;  &lt;/p&gt; &lt;p&gt; Nota:  El Juramento al que se refiere Arandil en el relato es al que tomó el hermano de  Aranarth ante su padre, Arvedui de Arthedain, y Aranarth antes de marchar hacia  Dol Amroth con su familia, y varios de sus seguidores. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;            El Juramento compelía a él y a todos sus descendientes en línea  directa a proteger la línea heredera al trono de su hermano Aranarth. Arandil  Elenmoth era descendiente directo de ese príncipe de Arthedain, y por tanto por  sus venas también corría la sangre de los Reyes de Arthedain y de Arnor, hasta  Elendil el Alto. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;  &lt;/p&gt; &lt;p&gt; Nota2:  Traducciones del élfico.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;           &lt;i&gt;Aí…! &lt;/i&gt;&lt;i&gt; Eärnur… etye melda hinya!à&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Garamond;" lang="EN-GB"&gt;  Oh…!  Eärnur…tú  mi amado hijo!&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;           Námarië atarinyaàAdiós  padre mío.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;           Nai Eru etye varyvar tennoioàQué  Eru te proteja por siempre&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;           Aranya…tirnenye i Vanda!àMi  Rey… cumplí el Juramento!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;           Nai isil ar i eleni etye siluvar tennoio, onóronyaàQué  la Luna y las Estrellas te iluminen por siempre, Pariente mío.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-7833521076339739487?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/7833521076339739487/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=7833521076339739487&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/7833521076339739487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/7833521076339739487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/12/relatos-antiguos-iii-el-juramento-de-la.html' title='Relatos Antiguos (III).. El Juramento de la Sangre'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-330320972585422452</id><published>2008-12-08T14:59:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T16:00:15.797-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>Miles Vorkosigan..</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xSiQGMNI/AAAAAAAAAF4/6GwVdMzV2B0/s1600-h/fragmentoshonor.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 139px; height: 212px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xSiQGMNI/AAAAAAAAAF4/6GwVdMzV2B0/s320/fragmentoshonor.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277569270338171090" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no he muerto. Tampoco me había olvidado de que tenía este blog sin actualizar :D El problema es que durante todo el mes de noviembre no he tenido tiempo para él; y es que el poco tiempo libre que tenía lo he empleado en actualizar mi galería de dibujos, mi otro blog (de dibujos claro) y leyendo un poco de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi entrada anterior comentaba que iba a comenzar con &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Frontera del Norte &lt;/span&gt;del escritor &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Feliks W. Kres&lt;/span&gt; pero al final terminé leyendo otra cosa; una tarde me puse a ojear &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Fragmentos de Honor&lt;/span&gt; (FdH) de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lois McMaster Bujold&lt;/span&gt; y cuando me dí cuenta me había leído casi todo el librito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para áquel o aquella que no haya leído nada de la saga de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Miles Vorkosigan, &lt;/span&gt;FdH narra el encuentro de los que serían los padres de este (a mi gusto) gran personaje que es Miles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Cordelia Naismith, de la Fuerza Expedicionaria Betana, estaba en el lugar y el momento equivocados, incluso llevaba el uniforme que no debía. Así que su encuentro con Aral Vorkosigan sólo podía ser consecuencia de una de esas estratagemas tan sórdidas y abundantes en la militarizada sociedad de Barrayar. Un conjunto de intrigas, traiciones y engaños la conducen a establecer una paz personal con Aval Vorkosigan, su principal enemigo.&lt;/blockquote&gt;En si, FdH no es un libro imprescindible para seguir la saga pero a mi modo de ver resulta una lectura entretenida y con algunos puntos divertidos en esa relación que poco a poco se forma entre Cordelia y Aral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xS9FNNAI/AAAAAAAAAGA/edu1QmqENmw/s1600-h/aguerrero.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 145px; height: 244px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xS9FNNAI/AAAAAAAAAGA/edu1QmqENmw/s320/aguerrero.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277569277540250626" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Por supuesto no me detuve en este "preámbulo" y agarré el primero libro titulado &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Aprendiz de Guerrero&lt;/span&gt;. En este libro vemos como el "mutante" Miles suspende el examen de ingreso a la Academia militar de Barrayar, lo que supone no sólo una enorme decepción para él sino para su padre y su abuelo (cada uno por diversos motivos), ambos reputados militares de la sociedad barrayana.  Con ese panorama, Miles decide marcharse una temporada (en principio sin fecha de termino) con su abuela materna.... y lo que en principio parecen unas tranquilas vacaciones se convierten en un lío que está a punto de costarle la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De McMaster Bujold ya me gustó su estilo narrativo leyendo su vertiente fantástica &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Chalion, Paladín de Almas y La Búsqueda Sagrada&lt;/span&gt;... y en el lado ci-fi ( o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;space opera&lt;/span&gt; si tenemos que ser mas exactos) me ha zambullido sin darme tiempo a tomar aire en su "universo" de una forma increíble.Por supuesto, luego te das cuenta que no necesitabas el aire para nada. La historia es entretenida, hay situaciones cómicas, la narrativa es fluida, y el personaje de Miles no hace sino crecer con cada página.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xS7Drc4I/AAAAAAAAAGI/NjQUGM6WG1o/s1600-h/infini.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 145px; height: 233px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xS7Drc4I/AAAAAAAAAGI/NjQUGM6WG1o/s320/infini.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277569276996973442" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora mismo estoy con &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Fronteras del Infinito&lt;/span&gt;, de la que ya comentaré cuando la acabe. Al tiempo voy a compaginarla con otra novela salida al mercado hace poco: &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Los Señores de las Runas&lt;/span&gt; de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;David Farland&lt;/span&gt;, el primer tomo de una saga que lleva el mismo nombre (al menos en España porque en inglés ese primer tomo se conoce por &lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;"The Sum of All Men&lt;/span&gt;").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xTI67VII/AAAAAAAAAGQ/_s3oEwm8oWo/s1600-h/seniores_runas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 146px; height: 218px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xTI67VII/AAAAAAAAAGQ/_s3oEwm8oWo/s320/seniores_runas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277569280718361730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ya para terminar, comentar que seguiré subiendo cosas de mi primera novela. Aun sigo escribiéndola, me quedan cinco capítulos escasos para acabar el manuscrito que espero retomar una vez acabe con todo el follón del cambio de casa, la mudanza y demases cosas relacionadas XD ;). Tengo una entrada sobre Lòrenn (guardada pero sin terminar) en la que hablo un poco sobre dos de los reinos que aparecen en la historia; a ver si para el finde próximo he podido acabarla y subirla...aunque quizás habrá una antes hablando un poco de los personajes... ya veremos :D&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-330320972585422452?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/330320972585422452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=330320972585422452&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/330320972585422452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/330320972585422452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/12/miles-vorkosigan.html' title='Miles Vorkosigan..'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/ST2xSiQGMNI/AAAAAAAAAF4/6GwVdMzV2B0/s72-c/fragmentoshonor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-496835904217647662</id><published>2008-10-30T11:47:00.000-07:00</published><updated>2008-10-30T17:09:00.214-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>La Maza Sagrada de Andrés Díaz</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SQoRa6ss-4I/AAAAAAAAAEY/QPVjLkvWBbU/s1600-h/la_maza_sagrada_0.preview.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 194px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SQoRa6ss-4I/AAAAAAAAAEY/QPVjLkvWBbU/s320/la_maza_sagrada_0.preview.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263038268666870658" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;    La última novela que me he leído, terminada este martes pasado, ha sido la última incursión del escritor patrio &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Andrés Díaz&lt;/span&gt; en su universo propio de fantasía heróica: el mundo de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Skarrion Gunthar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Skarrion es un &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;shakark&lt;/span&gt;, un temido pueblo oriundo de las tierras mas norteñas, y durante su vida lo único que ha buscado es la aventura y la acción haya donde el destino le llevará ... Y. esta vez, los hados le han conducido a las tierras de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ishank&lt;/span&gt;i, lugar donde numerosas tribus de raza negra tienen su habitat... y donde el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;imperio unza&lt;/span&gt; -una raza de guerreros- gobiernan con mano firme a otros pueblos mas débiles.&lt;br /&gt;Tras un aciago encuentro con guerreros unzas, nuestro shakark será condenado a muerte, salvado por la emperatriz &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Nara&lt;/span&gt; que lo desea para sus pasatiempos placenteros, y posteriormente "salvado" por &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ntomi&lt;/span&gt;, General de los Leopardos y hermano del actual emperador de los unzas, &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Nabulama&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Por supuesto, el motivo de que haya sido salvado es totalmente interesado, sin embargo Skarrion fiel a sus ansias de aventuras, aceptará la misión de buscar la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Maza Sagrada&lt;/span&gt;, el objeto legendario que simboliza el poder de la familia imperial y de todos los unzas, y que portase en su día &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Nombi &lt;span style="font-style: italic;"&gt;el Gran Elefante&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, primer emperador unza y guerrero sin igual.&lt;br /&gt;Y asi parte Skarrion, en busca de un arma que hará temblar de pánico a los enemigos de los unzas, que devolverá -renovado- el valor a los guerreros de esta antigua estirpe....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A parte del argumento,  que si bien puede parecer nada nuevo en este tipo de historiasm lo cierto es que Andrés nos sumerge de lleno en un universo donde las luchas, la sangre, la tensión y la gloria de aquél que se alza con la victoria está totalmente conseguido. Su manera de narrar es clara y concisa, no abusa de las descripciones ni de los diálogos, lo que ayuda a una lectura ágil y amena. La historia tiene dos tramos, o partes, y culminan en dos sendas batallas; la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Batalla de Olobame&lt;/span&gt; y el encuentro final del libro entre  los pueblos invasores y las fuerzas unzas de la capital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hachas y espadas, azagayas y adargas, sudor y sangre, vida y muerte....En el mundo de Skarrion no hay muchos momentos de paz, lo que es una suerte para nosotros! Sin duda, si te gustan las historias de fieros guerreros y mundos peligrosos, está es tu novela. &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Andrés&lt;/span&gt; es un digno heredero de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Robert E. Howard&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SQoRbB4j1RI/AAAAAAAAAEg/dd0OnNZsFes/s1600-h/fronteranorte_gr.preview.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 216px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SQoRbB4j1RI/AAAAAAAAAEg/dd0OnNZsFes/s320/fronteranorte_gr.preview.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263038270595650834" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Y aqui os dejo también la portada de mi próxima lectura: &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La Frontera del Norte&lt;/span&gt; de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Feliks W. Kres&lt;/span&gt;, así cómo el breve comentario de la contraportada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;"Son los mejores guerreros del mundo, y ahora podrán demostrarlo. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;La Legión de Armekt tiene encomendada la defensa de la Frontera del Norte, la región septentrional donde la influencia de los reinos del sur choca con las fuerzas de Aler. Ravat, centurión al mando de la caballería de la plaza de Erva, sabe que es un trabajo duro pero necesario: de las tierras de Aler emergen de cuando en cuando bandas de guerreros plateados o, en el peor de los casos, jaurías de fieras doradas que asaltan las aldeas de los colonos. Las disciplinadas tropas de la Legión acaban fácilmente con estas incursiones... Pero ahora las fronteras parecen moverse súbitamente: de la comandancia les llega la orden de abandonar todas las posiciones, y Ravat, atrapado con un puñado de legionarios en terreno hostil, observa con pavor cómo un ejército gigantesco de monstruosos guerreros de Aler avanza por la estepa con un propósito desconocido. Su salvación está en manos de Tereza, la muy capaz oficial de Erva... y su peor rival"&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Hasta la próxima entrada que espero sea algo más relacionado con mi mundo :D&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-496835904217647662?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/496835904217647662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=496835904217647662&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/496835904217647662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/496835904217647662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/10/la-maza-sagra-de-andrs-daz.html' title='La Maza Sagrada de Andrés Díaz'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SQoRa6ss-4I/AAAAAAAAAEY/QPVjLkvWBbU/s72-c/la_maza_sagrada_0.preview.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-6630417267850384322</id><published>2008-10-22T11:26:00.000-07:00</published><updated>2008-10-24T04:08:19.015-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>El Imperio Final de Brandon Sanderson</title><content type='html'>Hace ya un mes largo que acabé de leerme esta novela. Se trata del primer volumen de la exitosa (en el extranjero de momento) saga de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Brandon Sanderson&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este autor decir que hace ya un tiempo se publicó por parte de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ediciones B&lt;/span&gt; una novela autoconclusiva suya llamada &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Elantris&lt;/span&gt;, que ya comentaré en una próxima entrada pero que me pareció bastante bien llevada, y un sistema de magia claramente influido por el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Futhark&lt;/span&gt; (el Lenguaje de las Runas y su poder). En cuanto a Brandon Sanderson, decir simplemente que debido a su estilo narrativo ha sido escogido por la viuda de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Robert Jordan&lt;/span&gt; (escritor de la extensa &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Rueda del Tiempo&lt;/span&gt;) para plasmar el último volumen de la saga de Rand y compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Existen opiniones encontradas sobre dicha elección... la mía es que Harriet (la viuda de Mr. Jordan) y la gente de Tor Books están muy pendientes de la labor de Sanderson, mientras que este joven escritor no sólo ha demostrados con Elantris -y mas aún con el Imperio Final- que sabe como narrar y que una historia resulte atractiva, sino que además es seguidor de la Rueda del Tiempo desde que ésta comenzó y posee mucho material del último libro en el que basarse (cintas, esbozos, anotaciones, capítulos casi acabados, etc...) Por supuesto, siempre queda la posibilidad de que la "fastidie", pero yo pienso que hará una buena labor. No será un fin de la pluma de Jordan, pero al menos será un final con el consentimiento del autor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SP92RSmy7jI/AAAAAAAAAEQ/8NJOdJS7Ml4/s1600-h/imperiofinal.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SP92RSmy7jI/AAAAAAAAAEQ/8NJOdJS7Ml4/s320/imperiofinal.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260052929216441906" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero pasemos al &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Imperio Final&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La base de la historia es un mundo donde el mundo conocido es gobernado con mano férrea por un tirano, un ser conocido como el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lord Legislador&lt;/span&gt;, inmortal y poderoso, que lleva viviendo mil años. El mundo podría describirse como medieval aunque por las descripciones de la sociedad y las ciudades yo lo he imaginado un tanto industrializado (algo en plan steampunk vamos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La sociedad es clasista, existiendo los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Nobles&lt;/span&gt; por un lado y los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Skaa&lt;/span&gt;, la raza esclava, por el otro. Los skaa son tratados poco menos que como a animales (de hecho a éstos los tratan mucho mejor...), son humillados, maltratados y vejados, y las mujeres encima deben padecer el que los Nobles varones las tomen como juguetes para luego asesinarlas... pues está prohibido que un hijo o hija nazca de la unión entre skaa y nobles.&lt;br /&gt;Asi pues, esta sociedad, la lluvia de ceniza que cubre el mundo e impide que nada crezca, la opulencia con la que viven los Nobles y la pobreza que sufren los skaa, todo forma un mixto opresivo que está presente en la novela desde sus primeras páginas. La sensación es premeditada claro está, pues automáticamente nos vamos a poner de parte de los skaa y a detestar a los Nobles y al Lord Legislador&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, y retomando el tema de esa "prohibida" descendencia entre Nobles y skaa, ese es el germen de la trama. Los nacidos de tales uniones y que sobreviven son llamados los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Nacidos de la Bruma y Brumosos&lt;/span&gt; (no comentaré el porqué de dichos términos ya que eso se comenta en el libro en su último tercio...no es plan de meter spoilers :D), y la razón de evitar su nacimiento es que son capaces de heredar la "&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;alomancia&lt;/span&gt;" que es la forma de magia en este mundo, y se basa en la quema de ciertos metales en el interior del cuerpo, y en unos efectos "mágicos" que éstos proporcionan al alomántico.&lt;br /&gt; En la novela viene un glosario explicativo de los metales y sus cualidades, así que aqui sólo mencionaré que por ejemplo quemando hierro y acero un alomántico puede atraer y tirar metales.... mientras con otros pueden aplacar y encender emociones... aumentar las capacidades psiquicas y físicas, etc... Los Nacidos de la Bruma son capaces de quemar todos los metales mientras que los Brumosos sólo uno o una pareja.&lt;br /&gt; Retomando el tema, los Nobles que no logran acabar con ellos o permiten su nacimiento (los que menos) son rápidamente castigados por el cuerpo legislativo (los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Obligadores&lt;/span&gt;) y el inquisitorial ( los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Inquisidores de Acero&lt;/span&gt;) del Lord Legislador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esos son los protagonistas, un grupo de gente con herencia alomántica...&lt;br /&gt;La verdad es que Sanderson ha sabido perfilar a cada personaje de un modo estupendo... el Lider y "héroe" &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Kelsier&lt;/span&gt; siempre tan impuslivo y pagado de si mismo,su severo hermano &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marsh&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Briza&lt;/span&gt; el manipulador y aún mas egocéntrico que Kelsier, &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Hammond&lt;/span&gt; el guerrero nato que por algún extraño motivo disfruta filosofando, la joven &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Vin&lt;/span&gt; (un personaje que evoluciona considerablemente), &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Dockson&lt;/span&gt;, el único no alomántico del grupo pero cuya inteligencia es su mejor arma y es valorado por todos, y &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sazed&lt;/span&gt; el terrisano,  (un pueblo aislado que sirve como consejeros y mayordomos a las casas Nobles, que no posee tampoco la alomancia pero si una extraña y secreta habilidad)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No entraré mucho en la historia pues prefiero que los que no se la han leído lo hagan rápidamente; sólo comentar que nuestro grupo de protagonistas, serán el núcleo de una nueva rebelión en contra del Lord Legislador. Veremos como funciona la alomancia en acción, conoceremos mas de esa sociedad, temeremos a los Inquisidores como los skaa (y los Nobles) les temen, y sentiremos el poder absoluto de ese tirano que hace mil años salvo al mundo pero se convirtió en el ser odiado que es ahora.&lt;br /&gt;Sinceramente, un libro que recomiendo al 100% y espero con interés su continuación :D&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-6630417267850384322?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/6630417267850384322/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=6630417267850384322&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/6630417267850384322'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/6630417267850384322'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/10/el-imperio-final-de-brandon-sanderson.html' title='El Imperio Final de Brandon Sanderson'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SP92RSmy7jI/AAAAAAAAAEQ/8NJOdJS7Ml4/s72-c/imperiofinal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-7803523097786045274</id><published>2008-10-08T09:22:00.000-07:00</published><updated>2008-10-08T11:46:02.696-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='(Proyectos) El Dolor de la Tierra'/><title type='text'>Mapa de Lòrenn</title><content type='html'>Otra entrada mas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí he optado por mostrar el mapa del mundo en el que se ambienta mi primera novela. Espero que os guste y, por supuesto, todas las críticas constructivas serán bienvenidas :D&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la imagen podéis ver el conjunto de tierras con mayor importancia en el mundo de Lórenn. Unas cuantas tienen bastante protagonismo dentro de la historia, mientras que otras son apenas mencionadas de pasada... El punto de inicio de la historia se desarrolla en la parte mas oriental del mundo, en los reinos-isla de&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; Ghanyn  &lt;/span&gt;y&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; Shalan&lt;/span&gt;, y a partir de allí, los protagonistas comenzarán su periplo que los llevará por las vastas tierras del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Imperio Kementari&lt;/span&gt;, adentrarse en las ignotas &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Tierras Yermas&lt;/span&gt; y buscar un conocimiento perdido en las boscosas tierras de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Malgar&lt;/span&gt;...&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SOz_vfT9AYI/AAAAAAAAABA/fNm7p3jA-kk/s1600-h/Lorenn_map_red.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SOz_vfT9AYI/AAAAAAAAABA/fNm7p3jA-kk/s320/Lorenn_map_red.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5254856056558649730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; En las próximas entradas iré comentando algo sobre cada una de las naciones&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-7803523097786045274?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/7803523097786045274/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=7803523097786045274&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/7803523097786045274'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/7803523097786045274'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/10/mapa-de-lrenn.html' title='Mapa de Lòrenn'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RtY9bahSfSo/SOz_vfT9AYI/AAAAAAAAABA/fNm7p3jA-kk/s72-c/Lorenn_map_red.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-8536548584548829708</id><published>2008-09-23T09:34:00.000-07:00</published><updated>2008-09-23T09:46:28.480-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Relatos Antiguos (II)... Historias de Khazad-dûm 2</title><content type='html'>Y aquí la continuación y final al ciclo de Khazad-dûm...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;                                              &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;       Historias de Khazad-dûm 2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                     &lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;La Batalla de Azanulbizar &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;De la Guerra entre Enanos y Orcos en el Valle de Arroyo Sombrío.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocho meses de vagabundeo errático. Ocho meses de arduo caminar... Y al final, Thrór había alcanzado su destino ansiado. Él y su inseparable compañero habían pasado un tiempo en las Tierras Brunas, pero vencido al fin por una extraña necesidad, el anciano Enano había decidido marchar hacia el Norte, cruzar el Paso del Cuerno Rojo y descender al Valle del Arroyo Sombrío, donde el Cauce de Plata corría impetuoso y sus aguas eran más frías que el mismo hielo del norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus viejos ojos contemplaron ensoñadores tan maravilloso lugar.                  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su espalda se desprendió una piedra, y se oyó el sonido de unos pasos apresurados y pesados. Thrór giró sobre sus talones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ven, Nár. –le dijo Thrór a su compañero de viajes, un Enano de Erebor más joven, aunque ya adulto.— Observa la belleza que se extiende ante nuestros ojos. Observa el Kheled-zarâm, y ¿ves esa enorme columna? Ese es el Pilar de Durin el Inmortal, el Padre y primer Rey de mi Linaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nár lo contempló todo no con poco asombro en sus ojos, pues aquel era el ancestral hogar de su raza. Pero se sentía inquieto, y el lugar poca confianza le proporcionaba. Y así se lo dijo a su señor, pero éste rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pongámonos en marcha, Nár –adujo Thrór, luego, agachándose para recoger su equipo, una corta capa de color gris oscuro con capucha, su casco, y la mochila en la que guardaba diferentes objetos y alimentos necesarios para el caminar. Dos hachas de pequeño tamaño, ideales para ser arrojadas, pendían de su ancho cinturón, mientras que un hacha de dimensiones mayores y doble hoja semilunar asomaba por encima de uno de sus anchos hombros.— Debemos alcanzar las Grandes Puertas antes de que la noche caiga. Quien sabe que criaturas vagan por estas regiones, y quizás tu inquietud no sea infundada. Más ten por seguro que entre los muros de Khazâd-dûm encontraremos seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y echó a andar. Nár le siguió, y aunque su mente le decía que las palabras del Enano más viejo eran acertadas, su corazón le gritaba que se alejasen de allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron a las Grandes Puertas las encontraron abiertas. La inquietud de Nár se convirtió en temor, e imploró a Thrór que no entrase, que tuviera cuidado, pero él no le hizo ni caso, y entró lleno de orgullo como el legítimo heredero de Moria que retornaba para reclamar lo que por derecho era suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mi señor, no entréis pues temó que algo malo pueda pasaros si lo hacéis! –pero Thrór no le hizo caso, y entró. Más no volvió a salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante tres días Nár permaneció en las afueras, escondido, manteniéndose con sus raciones de viaje. Esperaba el regreso de su señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el tercer día se oyó un sonoro grito, y a continuación el sonar de un cuerno, y vio como un cuerpo era arrojado a la escalinata. Nár temió que fuera su señor Thrór y fue arrastrándose en dirección a la entrada, pero del interior de las puertas le llegó una voz potente, profunda u amedrantadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ven, barbudo! No te escondas pues podemos verte. Más hoy no será necesario que tengas miedo. Te precisamos como mensajero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nár se aproximó sin dejar de temblar, y vio que en efecto se trataba del cuerpo de Thrór el arrojado, pero le habían seccionado la cabeza y tenía la cara vuelta hacia abajo. Se arrodilló con lágrimas corriendo por sus barbadas mejillas, y se oyó la risa  gutural y cruel de un Orco, y la voz anterior habló de nuevo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si los mendigos no aguardan a la puerta y se escurren dentro intentando robar, este es el destino que corren. Si alguno de los vuestros mete aquí otra vez sus inmundas barbas, recibirá el mismo tratamiento. ¡Márchate y dilo! Más si su familia desea saber quien es ahora el rey aquí, el nombre está escrito en su rostro. ¡Yo lo escribí! ¡Yo lo maté! ¡Yo soy el amo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Nár dio la vuelta a la cabeza de su señor Thrór y vio marcado en runas de los Enanos, de modo que él lo comprendía, el nombre AZOG. Aquel nombre quedó grabado entonces a fuego en el corazón de Nár y en el de todos los Enanos. Nár se inclinó para recoger la cabeza, sin embargo la voz de Azog le interrumpió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Déjala caer!¡Lárgate! Ahí tienes tu paga, mendigo barbado. –entonces un pequeño saco golpeó a Nár en el pecho. Al caer al suelo, la cochambrosa cuerda que lo cerraba se desasió y reveló su contenido. Unas pocas monedas de escaso valor, la mayoría afectadas por la herrumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llorando, Nár huyó por el Celebrant abajo, el Cauce de Plata; más miró una vez atrás, por encima de sus robustos hombros, y lo que vio le encogió de espanto su ya aterrado corazón. De las puertas abiertas habían surgido varios orcos que estaban despedazando el cuerpo de Thrór y arrojando sus trozos a los cuervos negros que acudían a darse un festín cruento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y huyó hacia el norte, donde moraba Thráin hijo de Thrór, y el Pueblo de Durin.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;          &lt;br /&gt;Esto fue lo que Thráin oyó de labios de un lloroso y tembloroso Nár, pero guardó silencio y se mesó las barbas. Siete días meditó y estuvo sin hablar, hasta que aquel último día se levantó de golpe y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No es posible soportarlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese mismo día se inició la Guerra de los Enanos y los Orcos, larga y mortal, y casi siempre bajo tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thráin no tardó en enviar emisarios al norte, este y oeste, pero no fue hasta pasados tres años cuando el ejército de los Enanos estuvo preparado. El Pueblo de Durin reunió a todos sus guerreros, y a ellos se unieron guerreros enviados por las Casas de los otros Padres; pues todo Enano se sentía colérico por el agravio que había sufrido el heredero del Mayor de la raza. Una vez estuvo todo listo, Thráin fue atacando y saqueando todas las moradas de los Orcos que encontraron, desde Gundabad hasta los Gladios. Ambos bandos fueron implacables, y la muerte no hallaba parada ni de noche ni de día. Pero los Enanos, gracias a sus armas y a su furia, se alzaron con la victoria una y otra vez mientras buscaban a Azog en cada escondrijo subterráneo de las Montañas Nubladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así transcurrieron otros seis años. Hasta que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gran ejército de los Enanos avanzaba incansable por los llanos orientales de las Montañas Nubladas. A su izquierda, a tres días de marcha, fluía el ancho Anduin hacia el Sur, y más allá de él, estaban las grandes frondas del Bosque Negro, y el inicio de la tierra de Rhovanion. Al sur, a poco más de treinta millas y ya visible en el horizonte para todos, el embrujado bosque de Lothlórien donde residía, según contaban las leyendas, una bruja elfa de pavoroso poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según se aproximaban al Valle del Arroyo Sombrío, los Enanos no podían evitar dirigir recelosas miradas al sur, hacia aquel bosque de misterio, deseando virar pronto hacia el Oeste y alejarse nuevamente de aquel embrujado bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thorin hijo de Thráin era quien más miradas dirigía. Pero sus motivos eran casi premeditados. Eran un medio para distraer su mente, algo de lo que poco o nada había podido disponer en el transcurso del viaje desde las Colinas de Hierro hasta allí. La noticia de la muerte atroz de su abuelo le había afectado lo indecible. Pese a que Thrór ya era un Enano entrado en la vejez, entre abuelo y nieto había existido un lazo quizás mucho más intenso que en idénticos miembros de otras razas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Poco nos falta ya. –dijo una voz profunda y con un ligero timbre tenso, a su derecha. Thorin volvió la cabeza y miró a Frerin, su hermano menor. Frerin miraba fijamente hacia las elevadas cumbres que se extendían frente a ellos, hacia el oeste, sus ojos oscuros brillando intensamente. Su hermano también había querido profundamente al viejo Thrór. De pequeños su abuelo les entretenía con cuentos y narraba las batallas gloriosas de la raza Enana, y las de la Casa de Durin concretamente. Frerin acariciaba el mango de su hacha colgada del cinto. Los orcos lo pagarían, no importaba que hubieran transcurrido nueve años desde el asesinato; los Enanos nunca olvidaban. Y vaya si lo pagarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios pasos mas adelante, advirtió Thorin, su padre conversaba con su primo Náin. Y entorno a ellos se habían congregado Dáin Pie de Hierro, hijo de Náin, y Fundin pariente de Thráin, y los dos hijos de éste, Balin y Dwalin, y los sobrinos de Fundin, Óin y Glóin, quienes eran los guerreros más jóvenes de todo el ejército. Náin y sus guerreros de las Colinas de Hierro habían sido los últimos en llegar. En total eran ocho miembros de la Casa Real de Durin, descendientes de un linaje antiguo y orgulloso, y de grandes guerreros. Mientras Thorin adelantaba sus pasos, esbozó una sonrisa que nada tenía de alegre. Dentro de poco las piedras de Azanulbizar se bañarían en sangre orca.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Baruk Khazâd! Khazâd ai-mênu!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo Azanulbizar resonaban los gritos de millares de gargantas Enanas, superponiéndose a los bramidos de los orcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thorin era uno entre los muchos de su pueblo que gritaban, aferraba un hacha de batalla en su diestra y un escudo en la otra, y el filo de su arma tajaba, amputaba y hendía en los cuerpos de cuantos orcos se encontrase. Diez, quince, veinte o más, había perdido la cuenta de cuantos había matado ya. No importaba, mataría y mataría hasta que no quedase ninguno de aquellos malditos seres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los Enanos comenzaron su ascensión del Valle, se encontraron con que los Orcos habían salido de Moria y les aguardaban formando un numeroso y oscuro ejército. Al verlos, Thráin y sus seguidores se lanzaron en loca carga, pues en ellos la muerte de Thrór causaba mayor dolor y cólera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos imágenes destellaron en la mente de Thorin. Frerin, su hermano, hecho pedazos por los orcos. Fundin, su pariente, ensartado por dos lanzas barbadas, los dos muertos cerca de una pequeña arboleda que crecía próxima al Lago Espejo. Dos Enanos más de la Casa de Durin muertos. Al menos, tanto Frerin como Fundin habían matado a muchos de sus enemigos antes de caer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Baruk Khazâd! Khazâd ai-mênu!&lt;/span&gt; –gritó con rabia Thorin, hendiendo el pecho de un orco negro. A su lado varios Enanos corearon sus palabras, mientras los orcos morían bajo sus golpes. Uno de ellos era Nár, quien acompañó a Thrór durante sus errantes viajes y que contempló aterrorizado el fatal destino de su cuerpo. El hijo de Thrían recordaba al maduro Enano como alguien débil, pero los años transcurridos parecían haberle endurecido el corazón. El Enano de Erebor era un guerrero, y parecía poseído, sus ojos brillaban como enloquecidos, mientras su martillo aplastaba los rostros de sus enemigos y su hacha los desmembraba, y sus labios se movían pronunciando una y otra vez el nombre de su señor asesinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella batalla fue una de las más cruentas jamás habidas en Tierra Media. Orcos y Enanos, mortales enemigos desde la Primera Edad, se enfrentaron con pasión, por completo entregados al éxtasis de la lucha. Una batalla donde las hachas Khazâd y las cimitarras orcas se tiñeron centenares de veces de la sangre de unos u otros, donde pocos eran los que caían heridos y si muchos los que ya estaba muertos antes de que sus cuerpos cayesen al suelo rocoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí donde cayeron Frerin y Fundin, y muchos otros también, Thorin y su padre fueron heridos. Ocurrió que una cimitarra que empuñaba un enorme y fornido orco negro cayó sobre su escudo alzado, y lo quebró, causándole un corte en el brazo izquierdo. Thorin arrojó el escudo inservible y con su hacha cortó una maciza rama de roble, y con ella detuvo los golpes que sus enemigos le asestaban, y más de una vez la empleó a modo de maza o porra, y aplastó con ella muchas cabezas Orcas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente las piedras de Azanulbizar se tiñeron de sangre, pero no sólo de orca, como pensó Thorin, sino la de muchos Enanos también. Y el Lago Espejo, el Kheled-zâram, también se tiñó de rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a todo el valor y la bravura de los Enanos, los Orcos parecían estar a punto de lazarse con la victoria. Pero sucedió que el pueblo de las Colinas de Hierro entró en escena –Thorin ni siquiera se había dado cuenta de su ausencia en el inicio de la batalla—, y Náin hijo de Grór, príncipe de las Colinas de Hierro, primo de Thráin, condujo a sus guerreros vestidos con relucientes cotas de malla hasta los umbrales de las Grandes Puertas de Khazâd-dûm, al grito de “¡Azog, Azog!”, derribando con sus piquetas y sus hachas a cuantos Orcos insensatos se interponían en su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí se detuvo el heredero de las Colinas de Hierro, y su voz potente resonó en las paredes montañosas cuando gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Azog! ¡Si estás dentro sal fuera, cobarde! ¿O quizás el juego en el valle te parece demasiado rudo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Azog, Rey Orco de Moria, salió al valle. Era un orco de inmenso tamaño, de la raza uruk-hai creada por Sauron, y su cabeza estaba protegida por un pesado casco de hierro oscuro y grotesco. Y pese a lo enorme de su tamaño se movía con inusitada agilidad. Junto a él salieron otros Orcos que se le parecían, aunque de tamaño algo menor; eran su guardia personal, que se arrojó sobre los guerreros de Náin vociferando en su oscura lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, Azog se volvió hacia Náin y habló así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo? ¿Acaso veo otro mendigo llegado a mi puerta? ¿Tendré que marcarte a ti también?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin previo aviso, se abalanzó sobre Náin, y entablaron terrible combate. Pero al Enano lo cegaba la ira y el cansancio ya se acusaba en sus movimientos, más el Rey Orco estaba descansado, y actuaba con astucia y ferocidad. Entonces Náin, reuniendo todas sus fuerzas, asestó un golpe dirigido hacia el vientre de Azog, pero el Orco eludió el embate y le dio una patada en una pierna, de modo que la piqueta que había utilizado Náin golpeó contra la piedra que había estado detrás de Azog y se astilló. Náin cayó hacia adelante. Entonces Azog le hacheó el cuello, y aunque la cota de malla detuvo el filo, el golpe fue tan poderoso que el cuello del Enano se rompió y cayó muerto al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Azog se sintió llenó de jubilo por aquella victoria. Rió alto y alzó la cabeza para lanzar un grito de triunfo... pero murió en su garganta, pues ante sus ojos su ejército huía en desbandada, y los Enanos iban de un lado a otro matándolos sin clemencia, con mortal precisión. Aquellos que lograban escapar a las hachas y piquetas, huían hacia el Sur, corriendo y chillando. Entonces miró a aquellos guerreros que le habían acompañado como guardia personal, yacían muertos por donde mirara. Por primera vez el Gran Azog sintió miedo, pues vio que los Enanos se imponían en Azanulbizar, y dándose la vuelta echó a correr hacia las Puertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el Destino quiso que no huyera. Un Enano surgió entonces a su espalda y se arrojó sobre Azog, deteniéndole justo ante las Grandes Puertas. Y era Dáin Pie de Hierro, hijo de Náin, a quién Azog había matado momentos antes. El Gran Orco intentó acabar con el recién llegado, pero sus golpes estaban guiados por el temor y no por la astucia, y el Enano no tuvo dificultades en acabar con él. Dos fuertes golpes con su hacha roja bastaron al Enano para decapitarlo. Aquella fue la primera de sus grandes hazañas en el campo de batalla, y la más importante si cabe pues por aquel entonces era apenas un muchacho en las cuentas de la raza de los Enanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de morir, Azog lanzó un grito espeluznante, lleno de dolor y sorpresa. Luego, su cuerpo descabezado se desplomó sordamente sobre las piedras, la negra sangre manchando la roca y fluyendo hacia las cristalinas aguas del Celebrant que fluía cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡VICTORIA! ¡VICTORIA! ¡EL PROFANADOR HA MUERTO! –gritó Dáin. Se había subido a una roca, y en su brazo extendido aferraba la sanguinolenta cabeza de Azog que acababa de cercenar. Mientras agitaba la testa, bramó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Baruk Khazâd! &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cientos de gargantas profundas respondieron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Khazâd ai-mênu!!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la lucha prosiguió hasta la caída de la noche, y entonces los orcos que vivían aún huyeron hacia Lórien, donde sería expulsados por los Elfos, y posteriormente vagarían hasta las Montañas Nubladas Septentrionales, pues la derrota ya era inevitable. Y el hijo de Azog, Bolgo, juró venganza por la muerte de su padre antes de marcharse junto a sus guerreros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la batalla, los Enanos recogieron a sus muertos, y les despojaron de cuantas armas y armaduras portaban, pues no querían que los orcos al regresar los saquearan vilmente. Luego los incineraron, y para ello talaron los árboles que crecían en la ribera del Lago Espejo, que en adelante quedó desnudo. Tal práctica ofendía a los Enanos, pero no estaban dispuestos a dejar a sus muertos objetivos de rapiña y comida de carroñeros. En adelante, si un Enano hablaba a cerca de uno de sus mayores, decía “Fue un Enano Incinerado”, y aquello bastaba pues todo el mundo sabía a que se refería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había terminado la larga Guerra, pero los Enanos no entraron en Moria, en Khazâd-dûm, sino que abandonaron Azanulbizar, el Valle del Arroyo Sombrío, y partieron de vuelta, cada Enano a su hogar. Y aunque al principio Thráin protestó sobre aquella decisión, pues al fin y al cabo él era el legítimo heredero de Khazâd-dûm, Dáin Pie de Hierro logró convencerle de lo contrario. Pues sabían que en Moria moraba todavía un mal mucho mayor. El Daño de Durin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya volverían a Khazad-dûm para reconquistarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues los Enanos nunca olvidaban.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-8536548584548829708?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/8536548584548829708/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=8536548584548829708&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/8536548584548829708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/8536548584548829708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/09/relatos-antiguos-ii-historias-de-khazad_23.html' title='Relatos Antiguos (II)... Historias de Khazad-dûm 2'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-302076130303120623</id><published>2008-09-23T08:53:00.000-07:00</published><updated>2008-09-23T09:32:42.324-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Relatos Antiguos (II)... Historias de Khazad-dûm 1</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;    Pues ya que estoy animado con este nuevo blog, otra nueva entradita.&lt;br /&gt;   Otro antiguo relato, también del 2002 y colgado en portales como Ociojoven y elfenomeno, y esta vez ambientando en uno de los mundos por el que siento un gran cariño: el mundo del Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien. Con Arda como inspiración escribí unos pocos relatos y en concreto este es mis preferido, ya que dividido en dos partes contaba como en mi joven y apasionada mente imaginaba yo un par de hechos acaecidos mucho mucho tiempo antes de la Guerra del Anillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Espero que os guste la primera parte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;                                                    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;                                                     &lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Historias de Khazad-dûm. 1&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                 &lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;  El Daño de Durin&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; De la caída de Khazad-dûm, y la muerte de su Rey Durin VI&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Khazad-dûm. Hadhodrond. Las Cavernas del Enano. Por estos nombres fue conocido por los Enanos, los Elfos y los Hombres hace ya muchos siglos lo que ahora nosotros, con temor y misterio, llamamos Moria.&lt;br /&gt;      &lt;br /&gt;Durante muchos años, siglos y siglos, la grandeza y magnificencia de Khazad-dûm había trascendido más allá incluso de las Montañas Nubladas, o Hithaeglir. Y no solamente era afamada entre los otros reinos Enanos cómo Gabilgathol (Belegost) y Tumunzahar (Nogrod) en las Ered Luin, sino también entre los Elfos y los Hombres, como símbolo de riqueza y poderío. Así ha quedado recogido en las Crónicas que Khazad-dûm fue la Joya de entre todas las naciones Enanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colosales eran sus cámaras, sus salones, y sus techos descansaban sobre gruesas columnas cilíndricas cuyos fustes se perdían en las oscuras alturas, y aquel que miraba hacía arriba jamás lograba ver donde éstas se encontraban con el techo. Hasta el más mínimo detalle de su construcción se había labrado con absoluta maestría, cómo solamente un Enano podría llevar a cabo en tal empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Khazad-dûm habitó desde la Primera Edad la raza de Dúrin, uno de los Siete Padres primigenios a los que Aulë dio forma y vida cuando Arda aún era joven en su existencia, pero ellos se referían a él como el Hacedor, o Mahal en la lengua enana. Y grande fue la amistad que estos Enanos mantuvieron con los Elfos, amistad como jamás hubo entre otro reino Enano y otra de las razas de Tierra Media. Aunque, incluso esto se malogró en tiempos de la Última Alianza de Gil-Galad y de Elendil de Nùmenor, cuando las Puertas de Khazad-dûm se cerraron y sus moradores se desentendieron del resto del mundo.&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así aconteció que durante los días de Durin VI, Señor de Khazad-dûm, se le comunicó que en unas de las minas del ala meridional se había encontrado lo que parecía ser el comienzo de una veta del tan codiciado mithril, el metal más preciado de toda Tierra Media. Aquello ánimo a todos los habitantes de la ancestral fortaleza, pues mithril era sinónimo de riquezas y hermosos objetos que crear en las forjas, cuyos fogones jamás descansaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, las excavaciones prosiguieron con mayor entusiasmo, los Enanos cavaban y cavaban y al cabo de aquel primer día en Khazad-dûm se celebraron pequeños festejos pues la veta apuntaba ser mayor de lo que esperaban. Y los sueños de riquezas aumentaron en los corazones intrépidos de los Enanos, pues nada sabían de la amenaza que se avecinaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pasó mucho tiempo antes de que comenzasen los primeros ataques de los orcos. Al principio no fueron más que pequeños y aislados enfrentamientos en los túneles y estancias más alejadas del cuerpo central de la ciudad. Empero pronto los orcos se tornaron más y más osados, y llegaban en grupos cada vez más numerosos y mejor armados. Y apenas un par de meses después, los acompañaban trolls venidos de las cuevas más septentrionales de las Montañas Nubladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aunque al propio Dúrin poco preocupó éste hecho, cuando días más tarde los ataques comenzaron a suceder simultáneamente, una sombra comenzó a hacerse un hueco en su valeroso corazón.&lt;br /&gt;                                                                           **&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días se sucedieron, y lo mismo hicieron las semanas, las cuáles se convirtieron en meses de lucha y vida cotidiana, vida cotidiana y lucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el cuarto mes transcurrido desde que el primer ataque orco, y el rey Dúrin se encontraba sentado en el vetusto Trono de sus Antepasados, tallado de una sola pieza de grandes dimensiones –un Hombre podía haberse sentado en él y con todo aún le sobraría espacio por llenar— de mármol con entreverados marrones, y con grabados en ithildim en las macizas patas y los pulidos y redondeados apoyabrazos. A la luz de la multitud de antorchas que había en la estancia, el ithildim lanzaba destellos plateados, aumentando la visión sobrecogedora del sitial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada de Dúrin estaba perdida, su mente navegando entre sombrías cavilaciones, hacía el inmenso Salón de los Reyes. En aquella hora, Dúrin se encontraba casi en soledad y la grandiosa estancia parecía entonces ganar proporciones de interminable amplitud. Pero aquello le pesaba sobre los hombros y le agobiaba el corazón, en vez de ser motivo de orgullo para él, como Enano y Señor de Khazad-dûm.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A parte del rey, solamente cuatro guardias permanecían junto a él; cuatro Enanos en la flor de su vida, de vigorosa planta y pétreas expresiones en sus rostros de longas y espesas barbas, quienes en ningún momento se separaban de su soberano. Vestían espléndidas cotas de malla, forjadas con el excelente mithril y que lanzaban destellos cada vez que la luz de las antorchas incidía sobre ellos, similar al ithildim del Trono, de cuellos altos, largas y holgadas mangas, y que les caían hasta las rodillas de sus cortas pero robustas piernas. De cada uno de ellos, en ambos costados, pendían dos gemelas hachas de combate, de largo mango y anchas hojas, y de sus espaldas asomaban grandes escudos redondos. Aquellos Enanos pertenecían a los mejores guerreros de Khazad-dûm y habían sido elegidos como la Guardia Personal de su Rey, cosa que los hacía henchirse de tremendo orgullo. Allá donde Dúrin iba, ellos le seguían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucedió entonces que, una de las puertas que daban al Salón se abrió con brusquedad y dos Enanos de aspecto polvoriento y visibles manchas de sangre en sus vestiduras avanzaron presurosos hacía el Trono. El ruido pesado de sus botas sobre el suelo de mármol resonó amplificado en la enorme estancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Rey Dúrin! ¡Rey Dúrin! –gritaron los recién llegados.— ¡Los Orcos han tomado los niveles inferiores, y algo terrible les acompaña, aunque sólo hemos sentido su siniestra presencia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mente retornó a la realidad, los pensamientos turbulentos y las preocupaciones dejadas para un momento posterior, y Dúrin se incorporó del antiguo y soberbio sitial. Tomó su yelmo y su hacha que habían estado a los pies del trono, y descendió por los tres escalones que lo distanciaban hasta los dos mensajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía el semblante sombrío y su voz sonó cavernosa cuando dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bànin. Thodor. Marchad inmediatamente y reunid a cuantos guerreros podáis. Luego llevadlos a los niveles inferiores lo más perentoriamente posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos Enanos asintieron como uno solo y partieron corriendo en distintas direcciones. Poco después, era Dúrin y sus silenciosos guardianes quienes abandonaban la Sala del Trono. Y en silencio, el rey Enano se preguntó que tipo de bestia o monstruo salido de las tinieblas de los Años Antiguos podía haber llegado con los Orcos. Muchas y tenebrosas eran las historias sobre seres milenarios y desconocidos que moraron libremente en los Años Oscuros de Morgoth, y que bajo su oscuro designio llevaron el terror a los pueblos libres de la Tierra Media. Sin embargo, desde el derrocamiento de Morgoth, aquellos míticos monstruos, los que sobrevivieron, se retiraron y moraron en lugares oscuros, en profundas y siniestras cavernas, en hediondos pantanos... Y allí atacaban a aquellos incautos que penetraban en sus dominios, aunque los más atrevidos aprovechaban la oscuridad de la noche para aterrorizar a los habitantes de los pueblos próximos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con el paso de los siglos se habituaron a sus nuevas vidas hasta el punto que pocos de los monstruos de antaño lucharon bajo la égida de Sauron antes de su derrota a manos de Isildur hijo de Elendil el Alto, simiente de Osternesse y Rey de Gondor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Rey de Khazad-dûm recorría presuroso las amplias galerías de cubierta de bóveda de cañón, entonces en su corazón surgió el temor de que uno de los tenebroso Nâzgul, los Espectros del Anillo Único y esbirros terribles de Sauron, fuera el incitador de los ataques de Orcos, así como su capitán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero fuera un monstruos de Antaño o un terrifible Nâzgul, Durin Señor de la Milenaria Khazad-dûm le plantaría cara.&lt;br /&gt;                                                                        **&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando Durin alcanzó el sector de los noveles inferiores, las minas donde se había encontrado la valiosa veta de mithril, se encontró con que sus guerreros habían retrocedido hasta su frontera con los niveles medios, conteniendo a duras penas a una incesante avalancha de Orcos. Sus guerreros khazad combatían con bravura, empero aunque antes de caer acababan con dos o tres orcos, otros tantos ocupaban sus lugares entre las filas invasoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Baruk Khazâd! Khazâd ai-mênu!&lt;/span&gt; –gritó Durin y se arrojó a la batalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hacha del monarca –el Hacha de Durin I, uno de los Siete Padres, según se decía proceder— acabó con la vida de tres orcos, su hoja de brillante mithril cortando malla, carne, músculos y tendones como si fueran trozos de madera o manteca, y la sangre oscura, maloliente y espesa de los orcos lo salpicó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como un bálsamo revitalizador, la aparición del Rey Durin y sus cuatro guardias personales enardeció el valor de los guerreros. Gran luchador era Durin, pero no mucho menos terribles eran sus acompañantes. Sus nombres no serían recordados en tiempos venideros más su valentía si lo fue. Solamente eran cinco guerreros más, pero cada uno mataba a cuatro de sus enemigos cuando avanzaba. Los Enanos, aún viéndose todavía superados en un número mayor de orcos, arreciaron sus golpes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue que Durin hizo retroceder a los orcos nuevamente hasta los niveles inferiores, hasta las minas más profundas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuanto duró la lucha, nadie lo sabe ni lo sabrá, pero si que ésta se extendió durante varias horas. Horas en las que la vida y la muerte tan solo se hallaban separadas por un paso, un golpe mejor o pero dirigido, o unos reflejos más o menos rápidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo las hachas de los Enanos cientos de orcos cayeron aquel día, pues grande era entonces su fiereza en esos días, y dos terribles trolls de las cavernas perecieron también. La muerte de aquellos seres fue motivo de mucha alegría, pues entre los enanos y los trolls ha reinado desde tiempos pretéritos un odio inagotable. El Hacha de Durin fue la que descabezó al segundo. Sin embargo, excelentes Enanos murieron, tres de los cuatro protectores del Rey entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que la batalla se detuvo en una amplia estancia, un distribuidor del cual partían varias galerías que conducían a las minas propiamente dichas. Al principio los Enanos creyeron que los orcos huían al verse superados gradualmente en número. En cuestión de segundos, la estancia quedó vacía de cualquier trasgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el Rey Durin no se unió a los gritos de victoria, su ánimo estaba aún ensombrecido pues aunque no había aparecido aquel que comandaba a los orcos y trolls, en lo más recóndito de su ser sentía su ominosa presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca. Aguardando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durin, quien andaba en primera línea se detuvo y estiró su brazo libre en un gesto admonitorio. Mientras, en su mano derecha sentía el tacto terriblemente frío del mango de su hacha, surgido repentinamente. Los oscuros ojos del monarca miraron en derredor, rastreando las bocas de los túneles que partía de aquella caverna. Empero, no se veían más orcos que los cadáveres de aquellos que había perecido allí antes de huir con el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el que no hubiera enemigos a la vista no tranquilizó al rey de Khazad-dûm. De las runas cinceladas en el mango de su hacha –el Hacha de Durin el Inmortal— había unas que dotaban al arma de la facultad de avisar a su dueño de la proximidad de las criaturas de la Oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los orcos acechaban, no cabía duda alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió entonces que comenzó a escucharse el sonido de tambores, primero lentos y casi inaudibles y luego más rápidos y próximos. Aquel toque de tambores parecía provenir de cada túnel, y resonaba de tal modo que ninguno de los Enanos habría podido asegurar si eran diez, cien o mil los tambores que se escuchaban. Su retumbar se extendió durante minutos que parecieron horas, su cadencia insoportable volviéndose más y más frenética hasta el punto en que resultó hiriente a los oídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, bruscamente, se hizo el silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los orcos reaparecieron entonces, gritando como los seres salvajes que eran, otros cantando en la aborrecible lengua de Mordor, surgiendo en incesante número de todos los túneles salvo por el que los Enanos los habían empujado hasta allí. Pronto, Durin y sus guerreros, poco más de un centenar, se vieron rodeados por centenares de orcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Formando un círculo, los Enanos encararon con actitud defensiva y desafiante al enemigo, sus hachas dispuestas para descargar un golpe mortal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, los orcos detuvieron en seco su enloquecida carga y sus bestiales gritos. El silencio que siguió, en comparación, resultó opresivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Mahal el Hacedor, ¿A qué aguardaban?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la silenciosa pregunta del Rey Durin obtuvo su respuesta. De uno de los túneles, el de mayor tamaño que llevaba a la veta mayor de mithril, llegó un pesado retumbar. Como unos pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No esperaban algo, sino a alguien. A aquel que los lideraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los temblores fueron poco a poco tornándose más fuertes, y los orcos cerca de la boca del túnel se iban apartando a medida que de ésta comenzaba a emanar una rojiza y anaranjada luminosidad que igualmente crecía en intensidad. ¡Por el Hacedor! ¿Acaso había un dragón de fuego con ellos? Si así era, su destino sería muy similar al de Azaghâl de Belegost, Señor Enano que murió, y aún así hirió de seriedad, a Glaurung el Primer Dragón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre las filas de los orcos comenzó a escucharse un chirriante tintineó metálico mientras estos rebullían con inquietud. Tal cosa no extrañó a Durin, pues él mismo podía sentir la aterradora sensación que flotaba en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando, de aquel inmenso túnel, surgió una figura todavía mayor, más alta que el mayor de los trolls a los que se hubiera enfrentado Durin en su vida. Era un ser terrible envuelto en llamas y en un manto de oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miedo fluyó libremente por su cuerpo, urgiéndole a huir. Sin embargo, su cuerpo parecía estar paralizado. Erguido en toda su amedrentadora altura, el Balrog, un ser de pesadilla tan antiguo como lo era Arda, se detuvo y clavó en los Enanos sus ojos, dos pozos de ascuas ardientes. Entonces lanzó un rugido y muchos orcos cayeron al suelo gimoteando y chillando, aterrados y doloridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el Balrog cayó, alzó su siniestra y descargó el látigo que en ella portaba sobre los Enanos. Sus numerosas colas restallaron, un sonido semejante al de pequeños truenos, y media docena de los guerreros de Khazad-dûm se desplomó entre horribles alaridos mientras sus bajos y robustos cuerpos se consumían bajo unas llamas imposibles de extinguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue que la ira de Durin superó su temor, ahogándolo, y su parálisis cesó. Gritando de rabia, y agitando el hacha por encima de su cabeza, se lanzó a la carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su paso la mayoría de los orcos se apartaban amedrentados por su cólera y pos su terrible hacha, que ahora destellaba tan intensamente que hería la vista. Y aquello insensatos que osaron cruzarse en su camino, fueron rápidamente abatidos por la arcana arma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se encontró frente al Balrog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poderoso y temible, el Demonio de Fuego adelantó un paso, descargó su brazo derecho y la ardiente cimitarra que aferraba en ella se precipitó sobre el Rey de Khazad-dûm, al que poco le faltó acabar hendido en dos simétricas mitades. La pesada hoja de hierro y fuego se incrustó profundamente, produciendo un sonoro crujido en el suelo, mientras Durin se lanzaba a su derecha, sintió como las lenguas de fuego que danzaban sobre la hoja le lamían dolorosamente la nuca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y él contraatacó. Durin descargó golpeó, y la mágica hoja del Hacha de Durin el Inmortal hendió el aire, atravesó las llamas oscuras y tajó la oscura y rojiza carne que éstas envolvían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Herido por primera vez desde hacia incontables siglos, desde antes de la Gran Guerra, el Balrog bramó de dolor. De la profunda herida manó una humeante sangre semejante a la lava.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la caverna los orcos gritaron y gimieron nuevamente, hasta el último contemplando el desigual enfrentamiento. Así fue como los Enanos, liberados repentinamente de la aterradora presencia del Balrog, y enardecidos por la acción de su señor, cayeron sobre los orcos. Más de dos centenares murió antes de que el resto se recobrase de la sorpresa y luchara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los valientes guerreros Enanos siguieron arreciando sus golpes, sus hachas de batalla descendiendo o cortando en tajos oblicuos o trazando arcos y descabezando. Mas cuando uno de ellos caía, una docena de orcos perecía como justa venganza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sus voces profundas, gritaban sin cesar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Por Khazad-dûm! –y a continuación.— ¡Por Durin, Rey de Khazad-dûm!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, Durin apenas prestó atención a la batalla que estalló a su espalda, puesto que ésta estaba centrada en el Balrog, y en eludir su maldito látigo. Las colas flamígeras del instrumento restallaron a escasos centímetros del brazo con el que aferraba el hacha. Ahogó un gruñido de dolor y se le arrugó la achatada nariz al aspirar el punzante y desagradable olor a carne quemada, junto al de cuero y acero fundido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la cimitarra llameante se alzó hasta una altura imposible, su rojiza y chispeante punta rozando casi el techo de la caverna. El brazo armado de Durin comenzaba a cubrirse de dolorosas ampollas, pero el Rey Enano le prestó tanta atención como lo haría con una picadura de mosquito. Flexionó las rodillas y afianzo sus fornidas pero cortas piernas, sabiendo que aquel sería el final del combate; su último combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas, Durin de Khazad-dûm estaba resuelto a vender cara su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo más de tiempo, sin embargo, pudo concederle el Destino, o tal vez Mahal el Hacedor. O una oportunidad, que por mínima que fuera, de alzarse con la victoria aun a costa de su vida. Aunque esto último lo dudaba el Rey, pues pese a que había destacado entre los Enanos de su época, guerreros más poderosos de Antaño se habían enfrentado contra un Balrog y habían perecido, y solamente Ecthelion, señor Elfo de Gondolin la Perdida, La Ciudad de la Piedra Cantora, había matado a uno antes de morir él. Y nada menos que a Gothmog, el Señor de los Balrogs.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió que antes de que el Demonio del Terror descargase su mortal golpe, un grupo de Enanos llegó hasta él, por su espalda y le golpearon con furia con sus hachas. Pero ninguno de aquellos golpes le afectaron seriamente. Y rugió mientras se volvía. La hoja de llamas describió un arco, primero descendente y luego ascendente, y cuando se hubo detenido los Enanos yacían sobre el pedregoso suelo de la caverna, la sangre manando incesante de sus mutilados cuerpos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquella leve distracción fue todo lo que precisó Durin para actuar. Corrió hacia la derecha, donde nacía una rampa corta y empinada que ascendía curvándose hacia dentro, y terminaba en sun saliente a una altura de casi dos metros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Enanos no es una raza que destaque por ser buena corredora, pero Durin ascendió de prisa, contrayendo las mandíbulas cada vez que una oleada de dolor, que nacía en su antebrazo abrasado, le hacía estremecerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durin ignoró el dolor, y apretó la presa sobre el mango de su hacha. Y el dolor se hizo prácticamente insoportable hasta el punto de bordear las náuseas y la inconsciencia. Sin embargo, el rey de Khazad-dûm no se dejó doblegar por el dolor. Ni el cansancio ni el dolor paraban a un Enano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces alcanzó el borde del saliente y saltó sobre la espalda del Balrog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Durin cayó sobre él, ya se daba la vuelta, sin embargo, y el hacha no le golpeó en la espalda como pretendía sino en el bajo costado izquierdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier otra arma habría hecho poco en la carne del demonio del terror, pero el rey portaba el Hacha de Durin el Inmortal, uno de los Siete Padres. La hoja mágica se enterró profundamente en la oscura carne del Balrog y la sangre salpicó el rostro barbudo del Enano. ¡Por el Hacedor! ¡Hasta su sangre quemaba!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su segunda vez en su existencia, el Balrog bramó de auténtico dolor. Se agitó bruscamente y arrojó al Enano al suelo. El hacha cayó también al suelo, a poco más de un metro de Durin y de su brillante hoja plateada y manchada de oscura sangre se elevaban zarcillos de humo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el Balrog se cernió sobre Durin, como un heraldo de la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asi fue como pereció Durin VI, Rey de Khazad-dûm, abatido cuando yacía sobre el suelo. La cimitarra del Balrog cayó sobre él, y aunque solamente la punta de aquella oscura arma del abismo le alcanzó, el golpe resultó mortal. Hendió su hombro izquierdo, cortando la cota de mithril como si fuera un simple pedazo de cuero, y el brazo le cayó amputado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que vio Durin antes de morir, fue al demonio del terror volverse y caer sobre los guerreros Enanos que aún quedaban con vida, matando a veces incluso a orcos en el camino.&lt;br /&gt;      &lt;br /&gt;Tan solo uno escapó con vida, y fue el quien aviso al resto del reino de la muerte de su rey y de cómo había sucedió esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año después, después de sangrientos enfrentamientos y cuantiosas pérdidas para ambos bandos, los Enanos dirigieron un masivo y definitivo ataque en las minas, pues estaban dispuestos a acabar de una vez por todas con los orcos y el Balrog que los dirigía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas fracasaron, y tres cuartas partes de los guerreros de Khazad-dûm sucumbió aquel día bajo las cimitarras, flechas y hachas orcas, y muchos cayeron también bajo el terrible poder del Balrog. Entre ellos, Náin I, hijo de Durin VI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los supervivientes huyeron, dejando Kahzad-dûm vacío y a su suerte. Y Thráin I, hijo de Náin, los condujo al lejano norte, donde fundó Erebor, el Reino de la Montaña Solitaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto al Hacha de Durin y al Yelmo, sagrados objetos de la Casa de Durin, se perdieron con Náin I, y nadie se atrevió a bajar a las minas y recuperarlos. Sin embargo, el Anillo de Poder, si que permaneció junto a los supervivientes de la Casa de Durin, y así fue durante muchos siglos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que Thráin II, Rey en el Exilio de la Casa de Durin, fue apresado por Sauron y éste se apoderó del anillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero eso, es otra historia.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-302076130303120623?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/302076130303120623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=302076130303120623&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/302076130303120623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/302076130303120623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/09/relatos-antiguos-ii-historias-de-khazad.html' title='Relatos Antiguos (II)... Historias de Khazad-dûm 1'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-1964126057713147298</id><published>2008-09-23T08:18:00.000-07:00</published><updated>2008-09-23T08:44:21.975-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Relatos Antiguos (I)....Eterno Sufrimiento</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;    &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;Pues otro dia mas y una nueva entrada. Hoy os cuelgo uno de esos relatos que escribí hace años, concretamente éste en el año 2002. Por aquella época escribía muchos relatos ambientados o basados en sagas o personajes preferidos, y en concreto éste, estaba dedicado a la obra de Mr. Moorcock (para mi uno de los grandes de la narrativa fantástica).&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;    Quizás a algun@ os suene, y es que lo colgué en la red en varios portales web tales como Ociojoven (donde aún mantengo -de milagro- mi cuenta de usuario), elfenómeno.com... como los más conocidos.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;   Espero que os guste...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;         &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;                                 &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;Eterno Sufrimiento&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién soy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un tiempo, una época ya pasada, o que aún no ha llegado, o que quizás aconteciera en otro plano de existencia, en el que me llamé Urlik Skarsol, y la fuerza de mi poderoso brazo y la Espada Rúnica que portaba eran temidos haya por donde fuera en los fríos reinos del Norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un tiempo en el que fui Elric, Emperador Albino de Melniboné, Asesino de Mujeres y Amigos, los pueblos temblaban con la sola mención de mi raza, y pedían clemencia cuando mi persona se encontraba ante ellos, y mi Espada Demonio acababa con cuantos enemigos se me enfrentaban, les bebía el alma y me proporcionaba aquella energía robada para alimentar mi cuerpo enfermizo, para sobrevivir, y yo la odiaba por ello, por mi necesidad de su macabro Don.... y al final destruí a los dioses y a mi mundo, y mi cruel arma me aniquiló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hubo un tiempo en el que fui Corum, el Príncipe del Manto Escarlata, último miembro de mi pueblo, Matador de Dioses y Demonios. Fui Arflane, fui Asquiol, fui Aubec de Malador, fui Hawkmoon Vencedor del Imperio Oscuro de Granbretan, fui Ilian de Garathorm, fui Valadek., fui Karl Glogauer, fui Jerry Cornelius, fui Oswald Bastable, fui....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tantos y tantos nombres acuden a mi memoria. En mi mente bullen los recuerdos de tantos hombres y mujeres que fui y que seré, que se entremezclan, se superponen hasta el punto en el que a veces pierdo la cordura y olvido quién soy realmente... Locura, incluso eso me está vedado. No puedo olvidar y jamás podré, pues mi destino fue escrito y sellado en el mismo comienzo del Universo y sus múltiples realidades. Y es en esos momentos de locura bendita cuando me siento feliz, me siento libre... Pero luego recobró el raciocinio, y mi sufrimiento vuelve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y envidio cuando fui Elric, o cuando fui Hawkmon, o quizás Jerry Cornelius, pues aunque Yo poseo el conocimiento de mis otras vidas, ellos no lo poseen. ¡Ah! ¡ignorantes viven de su cruel destino, de su elevada posición en el Multiverso! Cuanto envidio su ignorancia... su feliz y dulce ignorancia. Pero Yo jamás seré ignorante, jamás hallaré un momento de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os preguntaréis: “¿Qué Poderes existen en la Creación capaz de otorgar tan triste y desalmado destino?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y está es mi respuesta: El Equilibrio. El ente omnipresente y omnipotente que rige las leyes de la Creación, que vigila a las fuerzas del Caos y de la Ley en su eterna lucha por el dominio de cada Plano existencial. Yo soy su peón en esas luchas, su directo heraldo o enviado si lo preferís. Es mi cometido vigilar que ni la Ley ni el Caos se apodere absolutamente de una de tales realidades paralelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh, ya veo que os sorprendéis! ¡Puedo leer vuestros pensamientos reflejados en vuestros rostros! “Alguien Elegido para salvaguardar el Equilibrio, ¡que magnífico cometido!” Jajajajajaja.... disculpad que me ría. He vivido desde siempre, y he muerto incontables veces. He visto morir a mis amigos, y a las personas a las que amaba. Unas veces por causa de la vejez, otras por la guerra en la que me veía envuelto... y demasiadas veces para poder soportarlo, por mi propia mano. Jamás tendríais un lugar al que llamar hogar, pues vuestro hogar no existe, jamás podréis formar una familia y ver a vuestros hijos crecer, emparejarse y tener descendencia, jamás.... Oh, creedme cuando os digo que existen demasiados “jamases” para haceros comprender lo absurdo de vuetro pensamiento. Ojalá pudiera cambiaros por mí, y entonces veríamos si aún creéis que es un “magnifico cometido”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡AHHH! Siento como mi esencia se debilita, como algo invisible tira de mí hacia algún lugar que no puedo ver. Sin embargo, se lo que significa. El Equilibrio vuelve a necesitar de mis servicios en algún lugar del vasto Multiverso, algún lugar sumido en la guerra entre las fuerzas de la Balanza, o quizás aún no haya estallado la lucha y se esté preparando. Nada de eso importa, pues al final mío será el triunfo, cueste lo que cueste y a quien cueste. No sé cuál será mi forma en ésta nueva ocasión, si hombre o mujer, pero si sé que aunque en algunos momentos esta nueva vida pueda parecerme feliz luego será agria y dolorosa. Y ésta nueva vida formará parte de mi Yo Eterno una vez que muera y regrese Aquí, de nuevo a esperar la llamada de mi “Señor”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ohhhhh!...¿ves?, mi cuerpo ya se ha desvanecido por completo. Sólo resta despedirnos, pues cuando se produzca mi regreso, tú ya no estarás aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós, amigo. Adiós.... ¿Qué dices? ¿Mi nombre? ¿Cuál es mi nombre verdadero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues es... Soy el Primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John Daker. Erekosë. El Campeón Eterno.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-1964126057713147298?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/1964126057713147298/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=1964126057713147298&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/1964126057713147298'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/1964126057713147298'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/09/relatos-antiguos-ieterno-sufrimiento.html' title='Relatos Antiguos (I)....Eterno Sufrimiento'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6967662337204480313.post-4713811809142346318</id><published>2008-09-22T10:11:00.001-07:00</published><updated>2008-09-22T11:31:11.598-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Varios'/><title type='text'>Inauguración</title><content type='html'>Comenzar un blog es siempre una aventura, exige mucho tiempo y con la única gratificación de saber que alguien (quizás se pueden contar con los dedos de las manos) lea tus desvaríos y tonterías. Y eso me recuerda, amig@s que debería ponerme a actualizar mi blog de ilustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero tratemos ahora de este blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Como comento en mi perfil de forma breve, a parte de mi pasión por el mundo del cómic, la animación y dibujar, mi otra gran afición (y muchas muchas veces pasión) es leer narrativa fantástica y confeccionar mis propias ideas y mundillos :D&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Y de eso tratará este pequeño espacio, de una de mis ideas; la más antigua de hecho. La verdad es que mis pinillos en esto de escribir comenzaron allá por el año 2000 cuando comencé a elaborar un mundo propio, en el que mis gustos por los mitos escandinavos e irlandeses fueron tocando cada detalle que daba vida en su interior...&lt;br /&gt;   Leyendo esto, ciertamente el mundo y la trama no es nada original, pero soy de aquellas personas que piensan que hoy día poco se puede innovar en el mundo de la narrativa fantástica, y sin embargo si se puede contar de un modo ameno y atrayente la misma historia de la eterna lucha entre el Bien y el Mal.&lt;br /&gt;     Sobre la historia, decía, fue el primer mundo que mi mente elaboró; un mundo que había visto la paz durante algo mas de mil años, un dios oscuro y atrapado que pugna por aferrarse al mundo y extender su dominio, una tierra que enferma apuntando a un terrible destino.... Como he dicho, poco original. Sin embargo, comencé esa historia hace ocho años y por diversas causas la deje aparcada en el 2005. Fue a principios de este verano cuando mi musa literaria volvió a florecer, comencé a esbozar otros mundos...y mi novia en su absoluta sabiduría me dijo "no me seas capullín y termina esa novela que tienes desde tiempos inmemoriales...." Y la verdad es que razón tenía :D La dejé sin terminar a falta de 6 capítulos y era un poco estúpido no acabar esa historia sobre la que tantas líneas habia escrito y confeccionado un mundo.&lt;br /&gt;   Por supuesto, tras ese lapsus tan enorme me ha tocado releer las anotaciones y el manuscrito. Actualmente estoy continuándolo, y una vez acabe quiero repasar los primeros capítulos para modificarlos ya que hay detalles o sucesos que ahora (tres años después) no me han convencido demasiado. Y por supuesto, ¡la tediosa revisión ortográfica! En fin, que me queda un buen pellizco de trabajo en ella...&lt;br /&gt;  Y para colmo me entero la semana pasada que Minotauro ha sacado ya la convocatoria para el Premio de Novela Fantástica 2009.... no sé si me dará tiempo :(&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  De momento, creo que podemos dar por finiquitada la inauguración de este blog.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6967662337204480313-4713811809142346318?l=eldolordelatierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/feeds/4713811809142346318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6967662337204480313&amp;postID=4713811809142346318&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/4713811809142346318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6967662337204480313/posts/default/4713811809142346318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eldolordelatierra.blogspot.com/2008/09/inauguracin.html' title='Inauguración'/><author><name>César Esteban</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01736264092767926872</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
